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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Polémica ante la violencia juvenil

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 2 de abril de 2006, 22:44 h (CET)
No será nueva, tampoco la única, sin embargo adquiere unas proporciones alarmantes; la violencia juvenil se extiende de manera peligrosa. Abruma a nivel escolar, tanto a los compañeros, como al profesorado. Se desenvuelve a unos niveles de precocidad increíbles. Luego sigue con un vandalismo progresivo -mobiliario urbano, coches, vestíbulos, escaparates o jardines-. Y no se detiene ahí, continua con actuaciones criminales sobre mendigos, etc. La incidencia o variedad de las agresiones se renuevan a diario, demasiado evidentes.

En Francia se desató una cierta polémica, como pone de manifiesto Martine Pérez en Le Fígaro. En su principio, se desenvuelve un colectivo de expertos, se dedica a la reunión de un millar de trabajos científicos referidos a los comportamientos violentos de los adolescentes, dirimiendo los trastornos principales implicados en ellos. Nadie les hizo mucho caso, quedaban como meras aportaciones discretas y en elaboración. Ahora bien, el ínclito ministro Sarkozy promueve un plan para implantar un "carnet de comportamiento" del niño, para tener un control evolutivo. Ya la tenemos liada, la política se inmiscuyó en aquella labor seria y callada. ¿Cómo se puede estigmatizar a unos niños con esas anotaciones en un carnet? Será muy probable que la tremolina organizada no permita un esclarecimiento eficaz de la situación.

¿A quién van a abrirle un carnet? ¿Quién lo rellena o dónde se guardará? ¿Equivale a una Historia Clínica en el Ministerio del Interior? ¿Quienes accederán a esos datos? Se acumulan las consideraciones porque un episodio aislado es por sí mismo un trastorno, pero la etiqueta de patológico es más grave, exige unas repeticiones, más seguridad diagnóstica, etc. Como deduciremos facilmente se trata de detalles enormemente delicados. Resulta muy arriesgado mezclar aspectos policiales con seguimientos clínicos; sobre todo cuando los ficheros recojan datos de personas tan jóvenes. No deben banalizarse los datos de unos estudios, ni tampoco el control o represiones de esos comportamientos violentos.

La realidad no da tregua, cada vez conocemos más casos de padres sobrepasados por estos díscolos comportamientos, niños agredidos por compañeros, el clamor del profesorado ante esta plaga; sin liarnos demasiado, la proliferación de esta violencia se manifiesta por sus consecuencias. ¡Prender fuego a un mendigo! ¡Abusos sexuales, burlas y vejaciones! Con el añadido de una presunción, alarde y prepotencia despreciables; pudiendo observar la usual cobardía de ampararse en grupos mafiosos. Se emponzoña la cuestión por todas las esquinas que se mire.

Si bien desde la confrontación y el debate se clarifican los conocimientos, tal como insinúa Martine Pérez, pienso en la conveniencia de no limitar la discusión, ampliarla a todas las facetas implicadas en el hecho social desgraciado que comentamos. Siendo muchos los violentos, no conforman un grupo uniforme, presentan aspectos psiquiátricos diferentes y hasta opuestos, sus ambientes difieren, parten de economias familiares de todo tipo, algunos de ellos son emigrantes y la mayoría autóctonos. ¿Cómo responder en común a todos ellos? Sin duda el ofrecimiento de una respuesta uniforme va a convertirse en un peligro añadido.

Nadie duda de la importancia de efectuar un seguimiento profesional adecuado en torno a estos jóvenes y sus familiares. Psiquiatras, psicólogos, educadores, policías...es crucial que consigan asesorar y apoyar. No obstante, existe el peligro de la excesiva psiquiatrización, judicialización, y si faltaba algo, politización. Insisto en la importancia de todas esas labores, pero se va plasmando una CARENCIA, cada día más evidente, la de otros conceptos sociales o familiares, otras ideas de lo que es y representa la sociedad. No sólo no se sacan a relucir, sino que se desdeñan abiertamente a través de intervenciones mediáticas, la política, la economía, la rentabilidad, etc.

Por lo tanto, el debate será nefasto o cuando menos nulo, si no entra en la reparación de esa carencia de IMPLICACIONES CONCEPTUALES tan necesarias. Si se prescinde de ellas y se menosprecian, iremos abocados a los despropósitos que comentábamos. ¿Qué implicaciones o conceptos interesa reactivar? ¿Qué consideraciones? A título de una aproximación somera, citaría los siguientes:

1. Desenmascarar el igualitarismo radical, falso y perturbador. Se proclama una igualdad que no existe; el talento, la inteligencia, la belleza, entrañan una gran desigualdad, son diversos de muchas maneras. Con la pretendida igualdad general se favorece la envidia niveladora, la mediocridad, el miedo a diferenciarse. Se anula el sentido de esas vidas jóvenes, ese que les impulsaría positivamente, el de las aperturas a múltiples enfoques vitales.

2. Ya por entonces, Robert Musil planteaba aquello de "especular con el espíritu a la alta o a la baja". Es decir, vamos a tomar en cuenta los mejores pensamientos, reflexionar sobre lo más conveniente; o de forma ambigua, nos dejaremos arrastrar por los acontecimientos usando la palabrería que sea menester.

3. Se confunde el mayor grado de libertad con la indiferencia vital. Al estar todo permitido, todo lo que me venga a la mente podré llevarlo a cabo. Sin trabas ni filtros, se alcanza cualquier objetivo sin limitaciones. Esta trivialización hedonista destroza lo más noble, el pensamiento y el discernimiento activo de cada individuo.

4. ¿Ya lo sabemos todo? ¿Que hacemos con la parte dramática que cada uno lleva dentro? No invento nada, sería interesante recuperar a K. Jung y otros pensadores, lo inexpresable, lo incomprensible, tiene unas dimensiones simbólicas. No basta con ignorar estas oscuridades. Debido a eso, entre otras cosas, como conjunto de personas debiéramos aplicar lo diverso de cada uno para superar ese desconocimiento.

5. El carácter humano requiere el paso por ese NÚCLEO SOCIAL TRASCENDENTE, las relaciones humanas surgen de esa red interpersonal; si esta se destruye, se desparramó lo humano por un desierto sin nombre. Georges Bataille lo dijo así: "la unión entre los hombres no es una unión inmediata, se lleva a cabo en torno a una realidad muy extraña y a una fuerza obsesiva incomparable", y además inevitable; o dejamos de ser Humanidad. Esa es su trascendencia.

6. Se hace imprescindible ampliar el debate a fondo. Lo conocido, lo ignoto, los deseos, las relaciones humanas; pero en todos sus aspectos. De no hacerlo así, las vivencias nunca encontrarán la armonía requerida. Ni se conocerán a fondo unos a otros, ni les interesa, ni tienen conciencia de tal defecto. Me gusta al respecto la frase de Moliére: "Es imposible distinguir a un necio que no dice palabra de un sabio que calla".
¿Queremos? ¿Podemos? ¿Manifestamos? ¿Actuamos?. Si no, observaremos, sufriremos, lamentaremos y daremos pena ... o, ni eso siquiera.

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