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Opinión
Etiquetas:   Cartas a un ex guerrillero  

Sólo el Espíritu purifica nuestra mente

Sor Clara Tricio
Sor Clara Tricio
domingo, 2 de abril de 2006, 22:44 h (CET)
Querido Efraín: El auténtico conocimiento consiste en distinguir; sin error, el bien del mal; cuando esto se logra, entonces el camino de la justicia, que conduce al alma hacia Dios, que es el sol de Justicia, la introduce en la luz infinita del conocimiento, de modo que, en adelante, camina segura en pos de amor.

Aun en medio de nuestras luchas hemos de conservar siempre la paz del espíritu, para que la mente pueda discernir los pensamientos que la asaltan, guardando en el archivo de su memoria los que son buenos y provienen de Dios, y arrojando de este almacén de la mente los que son malos y proceden del demonio. El mar, cuando está en calma, permite a los pescadores ver hasta el fondo del mismo y descubrir dónde se hallan los peces; en cambio, cuando está agitado, se enturbia e impide aquella visibilidad, volviendo inútiles todos los recursos de que se valen quienes trabajan en la pesca.

Sólo el Espíritu Santo puede purificar nuestra mente; si no entra él, como la persona más fuerte de la parábola evangélica, para vencer al ladrón, nunca le podremos arrebatar a éste su presa. Conviene, pues, que en toda ocasión el Espíritu Santo se halle a gusto en nuestra alma pacificada, y así tendremos siempre encendida en nosotros la luz del conocimiento. Si ella brilla siempre en nuestro interior, no sólo se pondrán al descubierto las influencias nefastas y tenebrosas del maldito, sino que también se debilitarán, en gran manera, al ser sorprendidas por aquella luz santa y gloriosa.

Por esto, dice el Apóstol: “No apaguéis el Espíritu”, esto es, no entristezcáis al Espíritu Santo con malas obras y pensamientos, no sea que deje de ayudaros con su luz. No es que nosotros podamos extinguir lo que hay de eterno y vivificante en el Espíritu Santo, pero sí que al contristarlo, es decir, al ocasionar este alejamiento entre él y nosotros, queda nuestra mente privada de su luz y envuelta en tinieblas.

La sensibilidad del espíritu humano consiste en un gusto acertado que nos alcanza el verdadero discernimiento. Del mismo modo que, por el sentido corporal del gusto -cuando disfrutamos de buena salud- apetecemos lo agradable, distinguiendo sin error lo bueno de lo malo, así también nuestro espíritu, desde el momento en que comienza a gozar de plena salud y a prescindir de inútiles preocupaciones, se hace capaz de experimentar la abundancia de la consolación divina. De este modo, retiene en su mente el recuerdo de su sabor, por obra de la caridad, para distinguir y quedarse con lo mejor, según lo que dice el Apóstol: - Y ésta es mi oración: Que vuestro amor siga creciendo más y más en penetración y en sensibilidad para apreciar los valores.

Os envío los mejores deseos, y con la esperanza de que sigáis todos bien, recibir un cariñoso saludo, CTA.

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Sor Clara Tricio es religiosa y actualmente residente en Segovia (España), después de algunos años de su vida transcurridos en colegios de Latinoamérica y USA. Mantiene correspondencia con Efraín Barrios Molino, antiguo luchador por la justicia social en Centroamérica.

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