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Bush: Su vieja doctrina es más peligrosa en el presente

Vladímir Símonov
Redacción
domingo, 2 de abril de 2006, 22:44 h (CET)
Esto es harto conocido. La versión renovada de la “Estrategia de la seguridad nacional de EE UU” presentada estos días en Washington por Steven Hadley, consejero del presidente para la seguridad nacional, deja viva sensación de algo ya conocido.

Su principal componente es la misma doctrina del golpe preventivo hecha pública por primera vez en 2002, habiendo suscitado entonces acerbas críticas también en Estados Unidos. La esencia de la doctrina consiste en que Washington se reserva el derecho de ser el primero en descargar el golpe contra los grupos terroristas que tienen acceso al arma nuclear, química y biológica o contra los Estados adversarios de EE UU.

En el citado documento de 49 páginas firmado por el presidente George Bush figuran siete posibles candidatos a ser blanco de tales golpes. Entre los países que representan peligro para la seguridad nacional de EE UU, se catalogan Irán, Siria, Corea del Norte, Cuba, Bielorrusia, Birmania y Zimbabwe. Pero la lista sigue abierta, puesto que la Administración norteamericana promete completarla sistemáticamente, lo que no podrá dejar de obligar a los regimenes más sospechosos a tener siempre presente la amenaza de la espada de Damocles.

El carácter invariable de la “Estrategia de la seguridad nacional de
EE UU” en modo alguno significa que esta no haya adquirido hoy un sentido nuevo, más peligroso para la comunidad internacional. Es que los tiempos son otros, es decir: hace ya tres años que no cesa la guerra en Iraq; resultado práctico de la táctica norteamericana de golpe preventivo, el primero en la historia contemporánea.

Es sorprendente que en el texto de la “Estrategia” renovada falte alegación alguna a la campaña militar iraquí, ni siquiera se hace la insinuación de que la Administración de EE UU haya sacado experiencias del fiasco sufrido allí. Los autores del documento pasan por alto tan importantísimo problema: ¿qué ocurre en el país tras haber sido descargado el golpe preventivo, bien pensado, argumentado y expuesto en la doctrina oficial?

La suerte de Iraq da respuesta exhaustiva a esta interrogante. Estallido de la violencia sin precedentes antes de la guerra. Centenares de miles de muertos entre la población civil. Aglomeración en Iraq de agrupaciones terroristas procedentes de todos los confines del mundo utilizándolo como base que permita radicalizar Oriente Próximo. Caos en lugar del proceso político. Deslizamiento constante del país hacia la guerra civil y la desintegración. La mayor potencia del mundo no pudo frenar tal desarrollo del acontecer, cuando la guerra, lejos de mejorar la situación, la empeoró a fondo. El uso preventivo de la fuerza contra el Estado sospechoso –erróneamente, según se puso en claro más tarde- de poseer el arma de exterminio masivo y estar en colusión con Bin Laden, condujo al surgimiento de un foco de tensión mucho más peligroso tanto para
EE UU, como para el área.
El carácter amenazante de la renovada “Estrategia de la seguridad nacional de EE UU” se pondrá más de relieve si logramos superar ciertas dificultades de traducción. En el oficial texto inglés en la doctrina del primer golpe no se emplea el término “preventive”, sino el otro: “pre-emptive” que podrá ser traducido como “ de prioridad”. Entre estos dos conceptos hay una substancial diferencia que, al parecer, la Administración de EE UU quisiera velar.

Como ataque “pre-emptive”, cuyo carácter legal es reconocido por el Derecho Internacional, se considera la situación, cuando alguien apunta la pistola a usted listo a apretar el gatillo, pero usted se adelanta al adversario disparando primero. El ataque preventivo presupone situación distinta : en aquel momento no existe peligro inmediato para usted, pero usted asesta el golpe para prevenir la mera aparición del peligro.

Pero precisamente esta segunda versión mucho más arriesgada e ilegal, desde el punto de vista del Derecho Internacional, preside el párrafo clave de la “Estrategia de la seguridad nacional de EE UU”.

“En caso necesario, partiendo del viejo principio de autodefensa, no descartamos el uso de la fuerza aún antes de haber sido emprendido el ataque (a EE UU) manteniéndose incluso la incertidumbre con respecto al momento y el lugar por parte del enemigo”, se dice en el documento.
Dicho en otros términos, no se conocen el momento ni el lugar, no fue descubierta el arma de exterminio masivo; podrá faltar incluso el pérfido designio por parte del imaginario enemigo, pero EE UU se atribuye el derecho de desatar la guerra.

Así sucedió en el caso de Iraq. De vez en cuando el presidente George Bush y su vice Dick Cheney prorrumpen en amenazas de emprender análogas operaciones contra Irán. Los demás 6 países-parias que figuran en la lista negra norteamericana, sólo podrán hacer conjeturas respecto a cuando les toque el turno. Un nuevo elemento de la “Estrategia de la seguridad nacional de EE UU” editada en 2006 es la postura más rígida con respecto a Rusia. El documento enlaza las perspectivas del desarrollo de las relaciones norteamericano-rusas con la evaluación por Washington de la política interior y exterior de Moscú basada en los criterios propios de la democracia y las exigencias de lucha contra los regímenes indeseables para Norteamérica.

Estos días el Ministerio de Exteriores de Rusia rechazó en su declaración lo que calificó de franca “ideologización de la política exterior de
EE UU”. El departamento diplomático ruso no llega a entender en qué lugar del texto de la “Estrategia” se hable siquiera someramente de la cooperación entre ambos países, al establecimiento de la cual Moscú y, al parecer, Washington dedicaron tantos esfuerzos. Según se desprende del documento, Estados Unidos pretende de nuevo monopolizar la interpretación de la democracia y desempeñar el papel de exportador único del modelo democrático occidental indistintamente de si es admisible o no para otros Estados.

Rusia estima que la nueva “Estrategia” washingtoniana lleva implícito un grave peligro de desacreditar la mera idea de la democracia.

Moscú tampoco llega a comprender, si algunos pasajes del documento tendrán que ser interpretados como advertencia de que las relaciones ruso-norteamericanas podrían entrar en cierta fase negativa. Incluso en este caso no lo consideran como tragedia. El péndulo que después del 11 de septiembre se inclinó hacia las aspiraciones sublimes, sólo retornaría al equilibrio.

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Vladímir Símonov, para RIA Novosti.
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