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Italia se prepara a las elecciones más duras de los últimos años

Redacción
miércoles, 5 de abril de 2006, 13:48 h (CET)
El próximo domingo 9 y el lunes 10 de abril Italia decidirá si le dará un voto de confianza y continuidad a la coalición del centro-derecha presidida por «il cavaliere» Silvio Berlusconi o, por el contrario, se renueva bajo la guía del ex presidente de la comisión europea Romano Prodi, jefe de la coalición del centro-izquierda.

Rafael Villegas / Roma
Italia no va bien. La economía italiana está estancada y la clase media cada vez más empobrecida. La calle parece dar signos de cansancio y si se analizan los resultados electorales de las elecciones regionales del año pasado se puede llegar a la conclusión de que a partir del 10 de abril «Il Cavaliere» pasará a la historia de la joven república itálica. En dichas elecciones, la coalición del centro-derecha se quedó con tan solo dos de las veinte regiones que forman el Estado italiano, Veneto y Lombardia, ambas en el norte.

Italia, a diferencia de muchos países como España o los Estados Unidos, no está formada por dos grandes partidos y tantos minúsculos. Italia está formada por varios partidos medianos o pequeños que antes de las elecciones, con pocas excepciones, se unen a una de las dos coaliciones. Actualmente la coalición del centro-derecha, «La Casa de las Libertades» presidida por Silvio Berlusconi está formada por cuatro partidos (Alianza nacional, hijo del desaparecido partido fascista; Fuerza Italia creado por Berlusconi; la Liga Norte, que anhela la independencia del norte de la península y ha conseguido poner en marcha un sistema de federalismo regional ligeramente inferior al de las autonomías españolas; y, por último el UDC «Unión de Democráticos Cristianos»). La coalición del centro-izquierda, presidida por «il professore» Romano Prodi, cuenta con el apoyo de los Democráticos de Izquierda, la Margarita, Refundación Comunista, la Rosa en el Puño y el Partido de los Comunistas Italianos de Diliberto. Permanecen independientes el UDEUR de Mastella y el Partido Radical que apoya, entre otras cosas, la liberación de las drogas.

Los dos líderes políticos, Prodi y Berlusconi, no concordan en ningún punto de sus respectivos programas electorales y el lenguaje se está subiendo de tono con la proximidad de la cita electoral.

El pasado 14 de marzo ambos contendientes tuvieron un cara a cara televisivo que registró un record de audiencia para la Rai, televisión pública italiana. Prodi habló de lo que interesa en estos momentos a los italianos, el futuro, mientras que Berlusconi se limitó a avalar su gobierno y criticar al gobierno de izquierdas que le precedió. El próximo lunes 3 de abril tendrá lugar el segundo y último «faccia a faccia» entre los dos líderes, mientras tanto, una serie de cara a cara televisivos entre miembros de una y otra coalición (muy a la americana) se suceden en televisión.

Las divergencias entre ambos grupos son varias. Prodi es un europeísta convencido que quiere fomentar la cohesión de la UE para darle más protagonismo a Italia mientras que de Berlusconi es bien sabido su antieuropeísmo. Berlusconi ha fomentado la guerra contra Irak mientras que Prodi promete el retiro de las tropas italianas. Berlusconi ha reformado la escuela y la universidad con la «Ley Moratti» que ha visto el descontento de estudiantes y profesores, especialmente de los investigadores. Ha reformado también con la «Ley Biagi» el trabajo provocando según el centro-izquierda que al tener que pagar las empresas los mismos impuestos por contratar a un trabajador precariamente que a uno fijo opten por la primera opción. Por el contrario el gobierno de «il Cavaliere» ha iniciado una serie de grandes infraestructuras, como líneas de alta velocidad – que aún no existen en Italia – y en futuro la remodelación de las estaciones de trenes de las grandes ciudades y la construcción, no poco criticada, de un puente en el estrecho de Messina que comunica el sur de Italia con Sicilia, lo que lo convertiría con sus tres kilómetros en el puente más largo del mundo.

Prodi promete en su programa electoral reducciones fiscales a las familias, más posibilidades laborativas para los jóvenes, menos impuestos a las empresas para facilitarles la innovación etc. El problema es conseguir como quiere solucionar el escollo de la evasión fiscal para poder efectuar sus promesas electorales, cubrir el gran agujero de déficit fiscal y público italiano y, lo más importante, hacer de Italia lo que era, un país capital de la cultura e imagen a seguir por su milagro industrial. Si gana tendrá que preocuparse también del problema del sur del país, aún lleno de criminalidad organizada, mafias y una economía muy inferior a la del resto del país.

El 9 y el 10 de abril los italianos tienen en la mano no sólo su futuro, sino también, el futuro de un nuevo mapa de alianzas en Europa. La suerte está echada. Que gane el mejor.

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