Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Un año de cambios en Kirguizistán

Piotr Goncharov
Redacción
viernes, 31 de marzo de 2006, 20:49 h (CET)
Es un año de cambios que ha pasado desde el día en que las numerosas fuerzas policiales que protegían la sede del Gobierno en la capital kirguiz cometieron el descuido de dejar abierta la puerta del Norte de la cancela, y las fuerzas opositoras se aprovecharon de esta circunstancia. Aquellos días el poder cayó como fruta madura a las manos de la oposición. Mas, ahora los aliados de antes celebran el primer aniversario de su “hijo” enarbolando consignas distintas. Por ejemplo, según la versión de las autoridades, fue la “revolución popular” pero la oposición la califica de “revolución de los tulipanes”. El sentido de esta diferencia radica en que los unos llaman a desarrollar lo logrado, mientras que los otros, a proseguir la revolución, convencidos de que sus ideales han sido traicionados. De manera que igual que en vísperas de los sucesos del año pasado, en Bishkek se habla de la crisis del poder.

Hace un año, todo el mundo en el espacio postsoviético, especialmente en el Asia Central, esperaba, casi sin respirar, el advenimiento de la variante “de terciopelo” de cambio del poder. A la revolución “de terciopelo” kirguiz se le otorgó el estatuto de “experimento democrático”. De ser afortunado, ese experimento, según opina Valentín Bogatirev, director del Instituto de estudios estratégicos adjunto a la presidencia de esa república, habría podido aplicarse a otras repúblicas centroasiáticas, vecinas de Kirguizistán, ante todo a Kazajstán. Según cálculos realizados por expertos norteamericanos, EE.UU. gastó en hacer de Kirguizistán un baluarte “de terciopelo” en el Asia Central más de $700 millones, al crear con este dinero la más ramificada red de ONGs en la CEI.

El cambio del poder sí tuvo lugar pero el nuevo presidente Kurmanbek Bakíev, “director rojo”, resultó ser aun más prorruso que su predecesor, de manera que el experimento kirguiz ha perdido su atractivo para Washington.

El nuevo poder ha heredado una deuda externa equivalente al 70% del PIB, una economía gravemente enferma en estancamiento, una altísima tasa de desempleo y la mayor parte de la población por debajo del nivel mínimo de subsistencia. Y todo ello teniendo por fondo una corrupción general y alto nivel de criminalidad.

Según opinan mis interlocutores kirguices, aún es prematuro decir que la república ha salido de la crisis social, política y económica. Kirguizistán sigue presentando una situación bastante grave como consecuencia de la erosión del poder y de intentos de establecer nuevas formas de gobierno autoritario.

En opinión del politólogo kirguiz Nur Omarov, a pesar de todo, se ha logrado evitar una amplia desestabilización de la república pero el hecho de que Bakíev demore demasiado la reforma constitucional (se pensaba convertir la república presidencial en la parlamentaria) provoca la desconfianza de la sociedad hacia el poder y genera inestabilidad política. Según él, el “año de los cambios” ha mostrado que “el pueblo ya no quiere seguir siendo rehén de los juegos de políticos incultos y caudillos desventurados”. Pero lo principal es que el poder actual no ha logrado cumplir sus promesas en cuanto a la solución de los problemas sociales. La vida de la población no acaba de mejorar, y la tensión social persiste.

El doctor en Politología, Muratbek Emanalíev, ex ministro de Asuntos Exteriores de Kirguizistán, piensa, a su vez, que el poder actual, sin poder presentarle a la sociedad un programa preciso y claro de su desarrollo político, económico y social, en muchos aspectos se ha estropeado su propia imagen y complicado la tarea de sacar al país de la crisis.

Los dirigentes del país siguen reaccionando de forma espontánea a los problemas que surgen y se ven obligados a prestar mayor atención al reparto de poderes y al trasiego de cargos, a menudo en interés de diversos grupos elitarios, lo cual provoca inminentemente la lucha de los clanes en la cúspide del poder. El peligro de que el país llegue a un punto en que comience el desmoronamiento del Estado aún persiste, agravándose cada vez más la crisis entre los poderosos y gobernantes.

Los dirigentes del país, según opinan mis entrevistados, tampoco han diseñado un programa claro y preciso en materia de política exterior, “dando con ello muestras de escasez de profesionalismo y conocimientos indispensables”, especialmente en establecer la cooperación política, ante todo con Rusia, la Comunidad Económica de Eurasia y la Organización de Cooperación de Shanghai. Y eso sin decir que en el área centroasiática se avecina inevitablemente un “gran juego” entre gigantes como China, Rusia, EE.UU. y Kazajstán que gana en importancia y prestigio.

Según la opinión general de mis interlocutores, Rusia, en la que Kirguizistán cifra grandes esperanzas de poner a flote la economía nacional, aún “duerme”. La visita del director de la empresa “Gasprom” y la organización de la cooperación regional con la provincia de Penza son pasos indispensables pero obviamente insuficientes para la república, piensa Valentín Bogatirev.

A juicio de Muratbek Emanalíev, Rusia sigue manteniendo una posición liderante en la república gracias a los arraigados factores históricos. Pero eso es todavía. El tiempo impone realidades nuevas, y en la zona han aparecido jugadores nuevos, cosa que Moscú no debe descartar si es que Rusia quiere conservar su presencia en Kirguizistán.

____________________

Piotr Goncharov, para RIA Novosti.
Noticias relacionadas

Borrell en retirada o táctica del PSOE

Pátina de sensatez capaz de equilibrar unos nombramientos en su momento tomados como extravagancias

Plagscan desmiente a la Moncloa y R.Mª.Mateo censura la TV1

Un gobierno enfocado únicamente a conseguir mantenerse en el poder

Inexorable Fin de la Farsa del “Sahara Occidental”

En 1975 un pueblo desarmado derrotó al último aliado de Hitler y Mussolini que seguía delirando tres décadas después de la disolución del Eje

Respeto a la Presidencia del Gobierno

'Avanzamos' como eslogan de bienvenida

Y vuelta a las andadas

Golpean el hierro en frío
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris