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Las elecciones de Israel traen otras noticias

Marianna Belenkaia y Artur Gabdrahmanov
Redacción
viernes, 31 de marzo de 2006, 04:24 h (CET)
Las elecciones a la Knesset (parlamento), que se celebraron el 28 de marzo, han traído noticias sensacionales de importancia local, lo cual, sin embargo, no va a influir sobre el destino del área.

A pesar de las sorpresas, tal como predecían los sondeos de opinión, el resultado principal de las votaciones radica en la victoria obtenida por el partido “Kadima” con Ehud Olmert a la cabeza. Este resultado era de esperar por todos los participantes en el proceso de arreglo mesoriental.

Es, quizás, por primera vez en toda la historia de Israel, cuando sus ciudadanos no se han hallado en la alternativa de por quién votar: la derecha o izquierda; “halcones” o “palomas”. El escenario político israelí lo tiene confundido todo hasta tal punto que es difícil trazar la diferencia entre los unos y los otros y, por lo tanto, muchos no podían determinar su elección. Todo Israel se ha cansado de política de lo que sirve una clara prueba el nivel de asistencia electoral más bajo desde la fundación del país: 63,2%, y la votación a favor de “terceras fuerzas”.

Lo sensacional es la derrota sufrida por el partido “Likud” que hasta ahora encabezaba o la coalición gobernante o la oposición. Esta vez se situó sólo en el quinto lugar, cediendo al ultra ortodoxo partido SHAS, el mayor partido religioso del país, y a “Nuestra Casa Israel” presidido por Avigdor Liberman. El que este político rusohablante iba a llegar a ser líder de la campaña electoral habían predicho todos los sondeos de opinión recientes. A favor de él emitió sus votos la mayor parte de la “calle rusa”. Otra sorpresa de las elecciones israelíes es la aparición del partido “Guil” (“Edad”) que agrupa a los jubilados. Las encuestas públicas no les otorgaban más de dos escaños en la Knesset en el mejor de los casos. No obstante, el partido “Guil” ha logrado obtener 7 escaños que pueden influir notablemente tanto en el proceso de formación de la coalición gubernamental como en la toma de futuras decisiones sobre asuntos de principio. La historia de Israel conoce casos en que la suerte de las votaciones en la Knesset fue decidida por un número de escaños mucho menor, porque ninguna de las mayores fuerzas políticas hace ya tiempo que no obtiene un número de votos suficiente para hacer aprobar a través del parlamento las resoluciones necesarias.

Lo mismo ocurre esta vez: el partido “Kadima” con Ehud Olmert a la cabeza obtuvo 28 de los 120 mandatos, mientras que el partido “Avoda” de Amir Peretz, 20. Una vez unidos, estos dos partidos, sin embargo, no podrán prescindir de otros pues para la coalición gobernante se necesitan por lo menos 61 mandatos.

Por lo demás, el resultado de las elecciones es tal que “Kadima” y “Avoda” podrán ganarse un número indispensable de partidarios para formar la coalición y hasta tienen posibilidad de maniobrar entre diversos partidos. Existen unas variantes de coalición, y sólo resta esperar en qué acaban las negociaciones entre los partidos. Por otra parte, según opinan sociólogos israelíes, el reparto de carteras puede prolongarse, lo cual para un Gobierno multipartidista supone una amenaza de desbarajuste por contradicciones más nimias. Por algo estos últimos años Israel ha sido literalmente conmovido por crisis de Gobierno. En los últimos siete años las recientes elecciones ya son el cuarto comicios anticipados.

No cabe duda que la inestabilidad de la situación política interna en Israel no puede dejar de reflejarse en general en el proceso de arreglo mesoriental. Todo intento de mover el proceso desde el punto muerto puede provocar una crisis del Gobierno. La insignificante ventaja que Olmert ha obtenido sobre sus rivales limita el espacio para maniobrar, lo obliga a escuchar la opinión de la oposición y de los futuros socios en la coalición. No obstante, está determinado a llevar a vías de hecho su plan de definir las fronteras de Israel hacia 2010 lo cual hace inevitables los debates sobre el arreglo de la crisis mesoriental, dentro y fuera de Israel.

El futuro primer ministro de Israel ya ha propuesto a Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) reentablar las negociaciones. El líder palestino, por su parte, ya se mostró dispuesto a entablar un diálogo ya antes de haberse sabido los resultados de las elecciones israelíes. No obstante, las perspectivas de estas negociaciones son bastante vagas porque las propuestas de definición de las fronteras de Israel y, respectivamente, del Estado palestino, que Olmert hizo ya antes de las elecciones, no pueden convenirles a los palestinos. Abbas no puede aceptarlas y menos aún las podrán ratificar el Gobierno y el parlamento palestinos en que la voz cantante la lleva el Movimiento de Liberación Islámica (HAMAS). Al propio tiempo, el futuro primer ministro israelí da a entender que si no encuentra aceptación entre los palestinos, la decisión sobre las fronteras se tomará en forma unilateral lo cual, por otra parte, es imposible sin apoyo de la comunidad internacional.

Por algo Avigdor Liberman, uno de los ganadores de las elecciones, manifestó en entrevista a RIA Novosti que el “factor principal con que se debe dialogar sobre la definición de las fronteras permanentes es el “cuarteto” y luego, nuestros vecinos más influyentes, o sea, Egipto y Jordania”. A su juicio, sólo después de que se encuentre solución al problema con los mediadores y vecinos se podrá hablar de algo más concreto, Olmert también es consciente de ello, y está dispuesto a hacer del problema de las fronteras permanentes el objeto de un amplio diálogo dentro de Israel y de las consultas con los socios extranjeros. De modo que por delante está aún un largo proceso de negociaciones que puede tropezar con numerosos obstáculos que pongan ambas partes implicados en el conflicto: comenzando por actos de terrorismo y operaciones militares y terminando con crisis gubernamentales. Todo como siempre. Las elecciones israelíes no cambian nada a este respecto, sirviendo únicamente de punto de referencia para emprender un nuevo intento de arreglar el conflicto en el área.

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Marianna Belenkaia y Artur Gabdrahmanov, para RIA Novosti.

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