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Opinión
Etiquetas:   Disyuntiva  

Observaciones singulares

No basta con hablar de encuentros, es necesaria una mayor discriminación de los contendios tratados
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 18 de enero de 2019, 08:05 h (CET)

Desengañados de las atosigantes informaciones de expertos ceñidos a sus propios beneficios, trasuntos del poder en sus variadas versiones o simples embaucadores; precisamos de la observación particular en busca de lo mejor. Existen demasiados interesados en traducirnos las realidades mundanas. Ante las numerosas SEÑALES cobra relevancia la activa mirada singular de cada persona. Al menos como aportación valiosa para el conjunto, pero también como contrapunto del dominio improcedente de las valoraciones ajenas, al fin y al cabo tan menesterosas como la propia. Será una tarea inacabada para la valoración dialéctica eficaz. Exige la participación plural enriquecedora.


La mediocridad rampante nos resulta frustrante, echamos de menos las aspiraciones para elevar el embrujo de la vida. Quizá por eso, muchos propugnan las maravillas de las utopías o ideales como directrices orientadoras. Aunque con excesiva frecuencia, llevados de su ímpetu superador, cayeron en los equívocos de las peores tramas. El concepto de los IDEALES no se libra de la ambigüedad que arrastramos; sobre todo cuando practicamos los excesos obsesivos. Las evoluciones históricas nos enseñaron las grandes aportaciones junto a las desmedidas crueldades realizadas en nombre de las relumbrantes proyecciones utópicas. Hemos de prestar atención de adonde conducen los ISMOS apabullantes provenientes de patrias o ideas desmesuradas.


Como si de las ferias antiguas tratáramos, intentan endosar cualquier elucubración a base de palabrería y sobresaltos publicitarios. De pronto surgieron los descubrimientos salvadores, tan pronto solucionan enfermedades como desmienten conocimientos anteriores; sin hablar de su verdadera consistencia, claro. Nos venden humo sin esconderse demasiado. Es fácil desenmascarar esas trapisondas con el simple recurso geométrico de las ESPIRALES, revelan el verdadero progreso, sin desconexiones presuntuosas, abiertas al futuro, en un ensamblaje sin renuncias. En nuestros entornos predominan las líneas quebradas o rectas con inclinaciones perversas; con el colofón penoso si despreciamos las espirales.


Los ruidos y las algarabías aturden, desorientan porque encubren los mangoneos ocultos. Hasta el punto de convertir en sospechosos a quienes más alardean; no son sus reiteraciones o tonos elevados los principales definitorios de su entidad. Son mucho más elocuentes sus SILENCIOS, asi como las personalidades de su entorno que silenciaron. Ya sé, por ejemplo, porque los nuevos patriotas catalanistas repudian y silencian a Josep Plá, escribió la juiciosa frase: “L`unic patriotisme local positiu és el critic”. ¡Ahí va eso! Sin duda sería una buena aplicación universal ante los silenciamientos de parecido jaez, proliferantes y dicharacheros. La expresividad de los silenciamientos interesados subyace en los oropeles insustanciales.


Entre las discrepancias se abren paso las discusiones, con frecuencia derivadas en feroces discriminaciones violentas, las emociones altaneras favorecen esa proyección de los comportamientos. En la obra escultórica de Eduardo Chillida detectamos la existencia de mejores vías para el debate. En directo o por Internet, podemos contemplar sus “Lugares de encuentro”, Como en sus obras, los grandes mazacotes de conceptos presentan potentes brazos orientados a posibles enlaces con otras ideas o conceptos. Como siempre, pegados a la tierra, intuyendo el exceso de elucubraciones demasiado elevadas. La fortaleza de los ENCUENTROS los reivindica frente a la agresividad destructiva de los soliloquios.


De vez en cuando es bueno lavarse la cara con agua clara, de lo contrario se suman los impedimentos para una visión nítida de los acontecimientos circundantes. Y es muy importante la MIRADA LIMPIA para reconocer el valor de las auténticas inquietudes. Sin ese lavado previo, los prejuicios en forma de mentiras, ambiciones, engaños o confusiones, nos genera imágenes fantasmagóricas impulsoras de conductas erráticas. Los problemas no faltarán, acrecentados por los múltiples puntos de vista. Si ya tenemos suficiente con los disturbios naturales y las flaquezas inevitables, es un tanto inconcebible que no evitemos las visiones turbias provocadas de manera arbitraria.


En el barullo de los diferentes ámbitos sociales, las modificaciones se suceden a velocidades asombrosas. Al socaire de dicha inestabilidad se diluye la fortaleza de cuanto consideramos arraigado. La multiplicación de las circunstancias cambiantes nos convierte en deambulantes azarosos, un tanto alejados de las responsabilidades propias. Los dueños de las mascotas, el tratamiento de la Naturaleza, la misma consideración como personas de los demás, la participación consecuente; adolecen de aquella desorientación azarosa, en la cual todo parece inevitable. El concepto de CAUSALIDAD, como orígen de las repercusiones sobrevenidas, como residuo inequívoco de responsabilidades, aparece arrinconado en la nube del azar.


Existen una serie de causas de consecuencias terribles, provocadas por practicas irreflexivas de apariencia banal. Por eso se les resta importancia y llegamos tarde a la corrección de sus efectos. Podemos englobarlas como EQUÍVOCOS de distinto calibre e implicaciones. En unas ocasiones, de manera inocente, reducen la cultura a programas de ocio, sin entrar en consideraciones de mayor calado; en esa onda no entran en el resto del fondo cultural. Las estadísticas y algoritmos introducen esquemas matemáticos distanciados del ente persona con sus particularidades, se alejan del individuo. El descuido de las cualidades humanitarias desencadena las peores violencias sobre los más débiles.

Ese “rayo que no cesa” de los escritos poéticos de Quevedo nos ayuda a mirar con perspicacia los entornos un tanto escurridizos. Nos habla de que “huyó lo que era firme”, de sobra experimentado hoy, para entablar la labor personal aventurada. Sin la RESPUESTA personal vamos a la deriva. En estos versos viene a decirnos que quienes no atienden a sus características y cualidades, serán muy amigos de la nada existencial. Son como evadidos de la sustancia humana, nos urge detectarlos. Es habitual el parafraseo conductual de las palabras poéticas “soy un fue, y un será, cansado”, mientras no recurramos a la magia creativa desde los adentros, para las réplicas oportunas y satisfactorias.


Porque si no llevamos a cabo las valoraciones propias, y no estamos para lujos, la discriminación de las opciones será imposible. Podemos acogernos a las ADVERTENCIAS desde las obras de Francisco de Goya. Muestra la placidez en “La gallina ciega” o bien “El quitasol”, pero abundan sus referencias a los peores comportamientos. “Saturno devorando a su hijo”, esa brutalidad a garrotazos, la tristeza de la vejez solitaria, la mala mujer, numerosas imágenes de locos que parecen personajes actuales; o esa “Así acaban los hombres útiles”, sobre todo si se refiere a los servidores de utilidades necias. El panorama acumula ejemplos frustrantes. Quizá desde Goya y Quevedo impulsemos una atención esclarecida para la prevención de esas actividades calamitosas; porque las reparaciones…

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