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Opinión
Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Cataluña  

¿Juzgamos la rebelión catalana o la unidad de España?

“Seremos tan fuertes como unidos estemos y tan débiles como lo divididos que estemos” J.K. Rowling
Miguel Massanet
jueves, 17 de enero de 2019, 09:13 h (CET)

Es obvio que las defensas de los implicados políticos en el proceso que se lleva a cabo ante el TS, viendo lo que se les viene encima, intenten alargar el proceso lo más que puedan, presentando cuantos incidentes y recursos les permiten las leyes, aunque estén convencidos de que no van a sacar nada en limpio de tales actuaciones. Persuadidos de que, aún en el mejor de los casos para sus defendidos, les van a salir condenas importantes por la gravedad de los delitos que se les atribuyen, en su empecinamiento por prescindir de la Constitución, por desobedecer las sentencias de los tribunales y por crear un verdadero revuelo cuando intentaron, pese a las advertencias del Parlamento de la nación, del mismo Gobierno y del TC, de que se trataba de un acto ilegal, de llevar a cabo una consulta no autorizada a la que quisieron vestir de consulta a los catalanes, celebrada el 1 de octubre del 2017 y todo ello pese a los requerimientos en contra de dicha convocatoria del TSJC y de la actuación de una parte de la policía, la nacional y la Guardia Civil, (debido a que los mossos se abstuvieron de colaborar, por órdenes de sus propios superiores, todos ellos ante los tribunales de Justicia), que se vieron desbordados por multitudes aleccionadas y dirigidas desde la TV3 y Cataluña Radio para que acudiesen a presentar batalla en apoyo de aquellos que, desobedeciendo flagrantemente la legalidad, se empeñaron en abrir los centros de votación y de instalar las urnas en ellos para que, los que acudieran a votar pudieran depositar su voto en ellas. Todo ello sin censos oficiales, sin controles del resto de partidos, sin inspectores y sin garantía de que los votos que se recogieron, al final de la jornada, hubieran sido depositados por los electores o por los mismos miembros de las mesas que pudieron actuar sin el menor control y con toda impunidad, para intentar presentar ante el resto de naciones, aquello que fue un bodrio impresentable, como si hubiera sido celebrado con todas las bendiciones de la propia legalidad.


También es cierto que, viendo lo que ha venido sucediendo con los intentos de repatriar a todos aquellos presuntos delincuentes, que se refugiaron en el extranjero, utilizando el método abreviado de la “Orden Europea de Detención y Entrega” y sus resultados, se pudo comprobar que ni en Bélgica ni en Alemania el sistema funcionó como se esperaba, acabando en un sonado fracaso debido a la inoperancia y oposición de los jueces de los respectivos países que intervinieron en los hechos. En lugar de proceder a la entrega inmediata de las personas que se reclamaban, lo que hicieron fue fiscalizar si las acusaciones de los jueces españoles estaban justificadas o no, en lugar de limitarse a comprobar que los delitos perseguidos tenían su equivalencia en sus respectivos países; inmiscuyéndose, con sus actuaciones dilatorias, completamente improcedentes, atribuyéndose facultades que no tenían y que, por supuesto, no casaban con el objetivo de abreviar trámites según se mencionaba en la orden de entrega.


El TS no quiere que, conociendo la intención de los abogados de los imputados de acudir, una vez producida la sentencia del propio tribunal, al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, intentando pescar en aguas internacionales lo que presumen que no van a conseguir ante los tribunales españoles; los magistrados se la cogen con papel de fumar y no piensan dar un paso en falso, como pudiera ser la denegación de una prueba o cualquier otra diligencia pedida por los defensores, que pudiera dar pie a una denuncia ante el mencionado tribunal europeo. No obstante, no deja de ser deprimente que sea puesta en cuestión nuestra Justicia, cuando se nos ha reconocido como una democracia tan solvente como la que pudiera tener cualquier otro país de la UE o incluso más. En realidad, tenemos la deprimente sensación de que se les ha permitido el traslado a los presos catalanes a la cárcel de Lledoners, para que no se pudiera acusar al TS de querer ejercer presión o mal trato contra los presos, si hubieran permanecido fuera de Cataluña.


El resultado ha sido que todos ellos, los presuntos delincuentes en contra de la unidad de España, están cómodamente instalados en la cárcel catalana, desde la cual si no es que consiguen permisos para salir de la propia directora del centro penitenciario, se les permite recibir a todas horas visitas de otros políticos, escribir artículos a la prensa y comunicarse telefónicamente con quienes tengan interés en hablar. ¡Una vergüenza que, seguramente, no tiene parangón en ninguna otra prisión del resto de Europa y ya no hablemos si fuera de los EE.UU¡ Y es que, lo que está sucediendo en esta autonomía catalana, seguramente no sucedería en ninguna otra nación del resto del mundo y, lo que resulta aún más despreciable y alarmante es que, el propio presidente del Gobierno, quién debería ser el que impusiera las reglas, hiciera respetar las leyes y fuera más crítico con quienes intentan partir España, es el primero que se arrodilla ante Puigdemont y Torra, mendigando que le den sus votos para aprobar unos PGE en los que se está poniendo a toda España en peligro de que, por el intento del señor Sánchez de contentar a todos mediante dádivas, ofertas tentadoras, aumento de pensiones o promesa de infraestructuras; aunque el país no esté en condiciones de sostener tales alegrías, piensa que, al menos, le concederá el tiempo que necesite hasta las elecciones del 2020, donde piensa sacar los frutos de los placebos que ha ido repartiendo, antes de que la realidad demuestre que, todas sus promesas se convierten en agua de borrajas y, el país entero, vuelva a caer en una depresión todavía mayor de la que hemos acabado de superar, sin que, en esta ocasión tengan a una persona como Rajoy, que les pueda solucionar lo que, en el 2011, los socialistas no fueron capaces de lograr.


Ahora sí, la desfachatez de estos señores alcanza límites insospechados. El señor Puigdemont, con toda su cara dura, a salvo en Bélgica, viviendo en el palacete de Waterloo, con todas sus comodidades, rodeado de su guarda de corps y disponiendo de un sustancioso sueldo, que le pagamos entre todos los catalanes, creyéndose el presidente de una imaginaria república catalana, desde la cual imparte sus órdenes al mandado de Torra convencido, a su vez, de su importancia como garante de la futura independencia de Cataluña que, inmerso en esta creencia, se dedica a desplazarse por todo el mundo para entrevistarse con cualquiera, no por supuesto con las primeras autoridades del país, pero sí con cualquier gregario que tenga el humor de escuchar sus sandeces sobre una “próspera e independiente Cataluña” sin explicarles, por supuesto que dicha autonomía, no nación, tiene una deuda “nacional” por encima de los 75.000 millones de euros y que, si no fuera por el respaldo del Gobierno español, no obtendría un euro en inversiones ni dispondría del dinero preciso para pagar los intereses de los bonos que emitió y que no puede cancelar por falda de la liquidez precisa.


Pues, como decíamos, este Quim Torra parece que le ha cogido gusto a viajar de gratis (a cargo de los presupuestos de la Generalitat) a países extranjeros, como si fuera un personaje de la alta política, por supuesto sin país al que representar, pero intentando dar la apariencia de que pinta algo y que está capacitado para negociar futuras inversiones, pedir créditos u ofrecerse como representante ante, en ese caso los EE.UU, de esta parte de España que ellos ya se han adjudicado antes de que hayan conseguido desagregar un solo metro cuadrado del territorio nacional. En realidad, si no se tratara de una falta de respeto hacia el resto de los españoles y, de paso, no fuera una traición, como funcionarios del Estado que son, resultaría un personajillo tan cómico como Mr. Been o un Sancho Panza, en su ínsula de Barataria, con la gran diferencia de que Sancho era una persona de pocos estudios pero, sin duda alguna, con una inteligencia natural muy superior a la de este personaje, de comedia bufa, al que conocemos como Quim Torra.


Entre tanto, seguimos sin que el señor P.Sánchez del PSOE nos aclare cuáles fueron los puntos que suscribió con Torra y los posibles acuerdos secretos que convinieron, a cambio de que el irreductible separatista se apeara del burro y aceptara el importante soborno que le está ofreciendo y que ya tiene preparado para entregarle, a cambio de las treinta monedas en forma de votos, que le pide en el Congreso de Diputados. Estaría bueno que, después de haberse bajado los calzones ante Torra, para suplicarle los votos que necesita, sucediera que, como ya adelantó la esposa del señor Pablo Iglesias, ahora en función de amo de casa y niñera, la señora Montero, dejara de recibir el apoyo de Podemos a causa de que, los acuerdos que pudiera tener con otros partidos en busca del voto perdido, pudieran significar el dejar de cumplir alguno de los acuerdos que firmaron ambos partidos; en cuyo caso, el apoyo de Podemos se esfumaría y se quedaría sin sus PGE del 2019. Y esto, no perdamos de vista que, al señor Sánchez le pudiera suceder en cualquier momento de esta legislatura y, seguramente, con bastante certeza, le va a ocurrir cuando, unos meses antes de las futura elecciones, quienes le hayan venido apoyando durante la misma decidan que ya basta y que, cada cual mire por sus propios intereses.


O así es como, desde el punto de vista de un ciudadano de a pie, no pasa día sin que tengamos la impresión de que España está jugándose su destino a cara o cruz, viendo como estamos en manos de quienes anteponen a las necesidades del país, al entendimiento entre las distintas autonomías, al mantenimiento de la unidad del país o a consolidar la salida de esta crisis que todavía no tenemos del todo superada; sin que seamos capaces de vislumbrar ningún rayo de luz si seguimos en manos de quienes han decidido que, si el sol les molesta, ¡bendita sea la oscuridad, vamos a vivir a oscuras¡ 

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