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Resultados de las elecciones en Ucrania

Alexei Makarkin
Redacción
miércoles, 29 de marzo de 2006, 20:04 h (CET)
Las elecciones parlamentarias en Ucrania han revelado la existencia de tres fuerzas políticas que lideran en el país, quedando algo erosionada la tradicional división geográfica de simpatías electorales.

Antes se trataba del enfrentamiento político entre Este y Oeste del país. Ahora, en cambio, el Oeste vota a favor de “Nuestra Ucrania” de Víctor Yuschenko, el Centro, por el Bloque de Yulia Timoshenko y el Este, a favor del Partido de las Regiones presidido por Víctor Yanukovich.

El éxito de éste último se debe a que es el único de los miembros del equipo del ex presidente Leonid Kuchma quien ha sabido encontrar apoyo en una región concreta: la provincia de Donetsk, la más densamente poblada. Además, ya figuró como candidato a la presidencia en 2004 y fue un rival digno de Víctor Yuschenko. Muchas otras fuerzas políticas de la época de Kuchma no supieron aguantar la lucha política sin apoyarse en recursos administrativos, por ejemplo los social-demócratas unidos bajo la presidencia del antaño influyente Víctor Medvedchuk. El bloque del presidente del parlamento, Vladimir Litvín también actuó débilmente. Es más, ya en 2004 Yanukovich atrajo a su lado parte considerable del electorado del Partido Comunista. La misma tendencia se ha mostrado también ahora. Si hace cuatro años los comunistas ganaron con facilidad el segundo lugar, ahora apenas logran superar la baja barrera electoral del 3%.

Timoshenko y Yuschenko han repartido el electorado “naranja” que en 2004 votó tres veces seguidas a favor del actual jefe de Estado. Timoshenko le lleva mucha ventaja a “Nuestra Ucrania”, lo que se debe a una serie de razones: concretamente, a que los allegados del presidente se acusan de corrupción de modo que el propio Yuschenko comienza a perder la imagen de político irreprochablemente honesto (aunque con relación al presidente en persona nadie se queja a este respecto). Es de recordar que algunos miembros importantes de su equipo se vieron obligados a abandonar sus cargos. Ya sea por causa del acuerdo sobre el gas con Rusia, que provocó numerosas reclamaciones en Ucrania debido a su carácter equívoco y sospechas de corrupción. Ya debido también a la debilidad de la figura de Yuri Ekhanurov como líder de la lista electoral, pues sirve sólo como “premier técnico” pero no como fuerte figura política y electoral. El propio Yuschenko se negó a promover su candidatura al parlamento, pero no hay quien lo pueda sustituir en este cargo.

Timoshenko se aprovechó mucho de las ventajas de haber permanecido en la oposición: la posibilidad de criticar al Gobierno que, además, daba motivos para ello. Abandonó el cargo de primer ministro cuando aún no se desprestigió bastante a los ojos de los electores pero actuó como “ofendida”. Además, la ex premier supo movilizar para la campaña electoral considerables recursos financieros, incluidos los otorgados por el influyente oligarca ucraniano, Igor Kolomiski, titular del grupo “Privat” de Dniepropetrovsk, que tiene muchos intereses en las esferas petrolera, minero-metalúrgica, bancaria y agroindustrial.

Ahora Timoshenko ambiciona el cargo de primer ministro pero la última palabra en la formación del Gobierno la tiene Yuschenko. Es cierto que sus partidarios han tenido poco éxito en estas elecciones pero Yanukovich y Timoshenko como dos rivales principales son demasiado antagónicos para formar juntos el Gobierno. Se trata de las ambiciones de primer ministro y (lo que es lo principal) de los intereses opuestos. Por eso ahora el que pueda ponerse de acuerdo con Yuschenko y el Partido Socialista de Alexander Moroz, otra fuerza política que forma parte del Gobierno, podrá participar en las labores del futuro Gobierno. Además, no es casual que Yuschenko se haya negado a encabezar la lista de “Nuestra Ucrania”: se reservó el derecho de actuar como árbitro político a quien deben dirigirse los líderes de todos los partidos y bloques.

Ahora Yuschenko tiene entre qué elegir: la “coalición naranja” con Timoshenko y Moroz o la “gran coalición” con Yanukovich y también Moroz. Es lógico que Timoshenko no representa un aliado político ideal para el presidente de Ucrania, y no sólo porque ésta ya la despidió el año pasado. No es menos importante el hecho de que, a diferencia de Yanukovich, resulta menos aceptable para el sistema político de la nación: encierra en sí la amenaza de reprivatización de empresas, incluidas las pertenecientes a inversores rusos. Al propio tiempo, los electores de Yuschenko exigirán justamente la “coalición naranja”. Al aceptar un compromiso intraelitario con Yanukovich, el presidente corre el riesgo de verse desacreditado a los ojos de sus partidarios más fieles para los que Yanukovich sigue siendo una figura “demoníaca” y engendro de todos los vicios políticos.

Por lo tanto, la variante “naranja” parece ahora más preferible para el presidente ucraniano. Pero la aceptará, quizás, después de largos regateos del negocio a fin de crear un sistema de tira y afloja. Si el primer ministro, cuyas posiciones se ven fortalecidas a raíz de la reforma política, sirve de contrapeso al presidente, los ministros principales de entre los partidarios de Yuschenko deben equilibrar la influencia del premier. De esta forma el nuevo Gobierno representará una estructura harto complicada y no muy estable porque se basará en fórmulas de compromiso.

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Alexei Makarkin es vicedirector general del Centro de Tecnologías Políticas, para RIA Novosti.

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