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Etiquetas:   Punto crítico   -   Sección:   Opinión

¿Racismo o victimismo?

Raúl Tristán

martes, 28 de marzo de 2006, 22:08 h (CET)
¿Es España, y por ende los españoles, racista?

Si nos dejamos guiar por los recientes acontecimientos vividos en el deporte, ¿podemos considerar que el deporte, los deportistas y los aficionados, son racistas?

Hace poco, hasta Europa llegaba la indignación de un futbolista “de color” (se dice así, ¿no?), que decía haber sido “insultado” en un campo de fútbol... El mismo futbolista que insulta o escupe a sus compañeros, o hace piruetas imitando a los monos cuando le viene en gana...

En este tema, como en tantos otros que se han puesto de moda últimamente por cuestiones de corrección política y de un absurdo progresismo, lo que hay es mucha demagogia.

Sí, lo que se lleva es caminar por la vida social tirando piedras sobre nuestro tejado, sobre nuestra cultura, religión o modo de vida, dándonos golpes en el pecho por lo malos que fueron los españoles en el descubrimiento y conquista de las Américas, por lo terriblemente insolidarios que son ahora aquellos que quieren levantar vallas frente a la inmigración ilegal o repatriar a los “sin papeles”, o ...

Lo progre y bien visto es ir de solidario de sonrisa de dentífrico, de amigo y compadre de todos ofreciendo casa y comida al mundo entero (pero no la propia, claro). Sí, es lo más moderno y fashion, de aquellos que se creen más solidarios que nadie, de aquellos que salen a la calle a la mínima ocasión reclamando derechos para sus protegidos y ningún deber como contrapartida. ¡Qué bonito es ser del grupo de los colegas universales!.

Punto primero y único: España no es racista. Los españoles, tampoco.

Pongamos un ejemplo. En el lejano 1492, a raíz de la firma del Decreto de Alhambra por los Reyes Católicos, se produjo “el inicio” de la expulsión de los judíos, hecho histórico que debemos lamentar, ésta no fue debida a ningún tipo de judeofobia, sino que obedeció a simples motivos político-económico-religiosos harto sabidos. No había odio a la raza, no había racismo.

En tiempos modernos, a los españoles se les ha acusado de racistas con una etnia que ha sido referente de ese supuesto racismo nuestro: la gitana.
Sin embargo, analizando honestamente los hechos, vemos que nada más lejos de la realidad. Lo que hay es mucho victimismo, mucha explotación del cuento del “payo racista” y nulos deseos de integración en una sociedad abierta y plural.
Cuando en ciertas ciudades no existía todavía el concepto de vivienda unifamiliar, a familias gitanas se les asignaban hogares de este tipo sin coste alguno, para lograr su integración y dadas su especial forma de vida (lo que debía ser un jardín, era un corral). Al poco, esos “regalos” que ningún obrero “payo” en el paro ha recibido jamás, acababan convertidos en edificios semiderruidos: basuras acumuladas por doquier, tuberías y ventanas arrancadas de cuajo para su venta como chatarra metálica, lavabos y otros enseres ofrecidos en rastros,... y no se preocupen, que nadie les ha reclamado nada por ello.

¿Y qué decir cuando una “familia” gitana tiene a bien instalarse donde le viene en gana, tomando para sí un solar o edificación, y “robando” luz y agua que no paga, mientras la policía hace la vista gorda?. Si eso lo hiciera una familia “paya”, antes del tercer día habrían molido a palos al cabeza de familia, estarían desalojados, o en la cárcel y desde luego multados. ¿Discriminación?.

En España no hay racismo contra el gitano por su raza. Lo que hay es indignación por ciertas gentes entre los de su etnia que hacen lo que quieren, viven como quieren, exigiendo derechos y ninguna obligación (quiero agua, la cojo; quiero luz, la tomo; quiero tener vehículo, lo tengo, sin seguro, ni ITV, ni “ná”.; quiero sanidad, voy al hospital, con toda la familia, y que tenga cuidado el médico o la enfermera con no hacer lo que yo quiera..... Eso sí: de pagar nada de nada).
Es más, los poderes públicos son blandos con ellos porque está mal visto exigir a ese colectivo el cumplimiento de unas normas y leyes que lo son para todos los españoles.
¿Quién conduce en este país sin carnet, sin seguro, sin ITV,...?.
Alguno, por lo que sabemos, debería estar en la cárcel por homicida, pero no lo está por su raza y fama. O que se lo digan al camionero que, sin tener culpa alguna, atropelló a una niña gitana hace algún tiempo.

La justicia y el estado, en ese sentido, es racista, pero con el payo, no con el gitano.

Hoy, en España, muchas otras razas, etnias o culturas se encuentran presentes. Eso da riqueza a un país pero, por otra parte, resulta preocupante la horda de papanatas que pecan de una multiculturalidad mal entendida.

He viajado por muchas tierras y, desde luego, nunca se me ha ocurrido entrar a una mezquita luciendo ostentosamente un crucifijo o con los zapatos puestos. Tampoco he recorrido Sudamérica al grito de ¡viva Pizarro, viva Cortés!. Allí en donde he estado, he respetado las normas externas establecidas y, por supuesto, las leyes.

Pero la moda ahora en España es que la cultura, las normas y la forma de vida del extranjero, se impongan a la nuestra. Todo lo nuestro es criticable, malo y censurable, y lo que viene de fuera es digno de respeto. Gran falacia. Bueno y malo lo hay en todos.

En primer lugar: las leyes de un país deben de ser para todos igual, y no debe permitirse una discriminación positiva en ningún sentido. Y eso es lo que no está ocurriendo con los grupos étnicos. Bajo la amenaza y el miedo que tienen los poderes públicos a ser tachados de racistas, ceden a la presión de los victimistas.
Ir de víctima de “un estado opresor con mi raza” sale muy rentable. Hay gente que por generaciones lleva viviendo de ese cuento.

Si la etnia gitana ha salido tradicionalmente beneficiada de este temor, ahora a ella se suman “moros” y “negros” (¿será políticamente correcto llamarlos así?. Yo soy “blanco”, no es peyorativo, ¿verdad?, y si me lo llaman por la calle no me voy a ofender, ¿no?. Como si me dicen mediocalvo, porque casi lo soy...).

¿No se han preguntado porqué no parece haber racismo con los chinos o los sudamericanos?.

La sociedad española no es racista, pero como todas las sociedades, tiene sus normas y leyes, que deben ser cumplidas por todos por igual. No hacerlo significa autoexcluirse, y eso es lo que hacen muchos: autoexcluirse, no integrarse, porque no desean forma parte de nuestra sociedad, porque en el fondo, los racistas son ellos, que se creen etnia o cultura o religión superior y verdadera. El individuo negro, moro, gitano, payo, chino, que verdaderamente desea formar parte de esta sociedad pluriétnica, adopta sus normas y cumple con sus leyes. No hay más secreto que ese. Todo lo demás no es sino bazofia barata de un victimismo vomitivo que está destruyendo los pilares sobre los que se edifica una sociedad.

Igualdad ante la ley, igualdad de derechos, pero también de deberes. Esta última parte, la de los deberes, es la que olvidan por el camino muchos de los que claman al cielo justicia, cuando lo que en verdad exigen es gozar de privilegios y prebendas de los que no disfruta el resto de la población.

En España, el único racismo real que existe es el de cuatro grupos extremistas trasnochados, que sí tienen en cuenta el color de la piel, la orientación sexual o la situación social para elegir a sus víctimas. No busquen más, que no hay otro tipo de racismo.

El Estado español, no es racista, sino si acaso consentidor.

La sociedad española no es racista, sino consentidora. Y el día en que, ya harta de consentir y transigir, o de ver cómo el Estado consiente o transige, se rebela, no lo hace contra alguien por su color de piel, sino porque la situación resulta del todo desigualitaria para con aquel que está integrado y cumple con sus obligaciones. Cuando se producen desigualdades en los terrenos económicos, de acceso a la vivienda, penales o de la justicia, de deberes y obligaciones que se incumplen sistemáticamente por una parte, es cuando la sociedad se rebela, y no contra una raza, etnia o cultura, sino contra unas personas concretas a las que se les discrimina positivamente respecto del resto.

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