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Opinión
Etiquetas:   Navidad   Religión  

Navidad antigua

La Navidad actual no tiene nada que ver con la original
Octavi Pereña
martes, 15 de enero de 2019, 08:24 h (CET)

En la vigilia de Reyes del pasado 5 de enero de 2019 su majestad el rey Baltasar, en la localidad de Andoáin, Guipúzcoa, cometió el imperdonable error de decir desde el balcón del ayuntamiento, de manera inesperada: “¡Que sepáis que los padres son los reyes! ¿Vale niños? ¡Bien, hasta otro día!” Debido al revuelo que causaron las palabras de Baltasar, el rey festivo tuvo que disculparse, diciendo: “Mi intención no era hacer mal. Quería decir que los padres son los reyes de la casa, que son los que mandan en casa”. En la localidad granadina de Santa Fe, el rey Gaspar sorprendió a los presentes cuando al finalizar su intervención dijo: “Todos sabemos quiénes son los reyes de oriente. Los reyes de oriente eren tres, pero los que nos daban los regalos eran dos, una madre y un padre”.


Si nos dejásemos guiar por el evangelio de Mateo, tal como debería ser para poner en orden el disloque creado por no hacer caso a lo que dice y dejásemos de ser guiados por las tradiciones, nos daríamos cuenta que la visita que los magos hicieron a Belén para adorar a Jesús no tienen ningún parecido con lo que se hace hoy.

Una profecía pronunciada por Balaam, vidente alquilado por Balac, rey de Moab, para que maldijese al pueblo de Israel dice: “Una estrella saldrá de Jacob, un cetro se levantará en Israel” (Números 24: 17). El texto de Mateo que relata el nacimiento de Jesús dice: “He aquí llegaron a Jerusalén unos magos de oriente” (2:1). Los personajes que vinieron de oriente para adorar al Mesías nacido, el texto bíblico no los llama reyes, sino magos. A estos personajes misteriosos no se los debe confundir con los que tenía como asesores el faraón del tiempo de Moisés ni con los consejeros que adulaban a Nabucodonosor rey de Babilonia. No, los magos a los que se refiere Mateo no eran personajes de esta calaña. Se supone que poseían un amplio bagaje cultural que además de estar versados en astronomía eran conocedores del saber filosófico y religioso. La vasta cultura que poseían nos hace pensar que estaban informados de la profecía anunciada por Balaam. Indiscutiblemente por inspiración del Espíritu Santo y sus conocimientos astronómicos interpretaron que el Rey de los judíos había nacido porque hemos visto su estrella en el oriente y hemos venido a adorarlo (v.2).

Los pastores fueron a Belén a adorar al Hijo primogénito de María envuelto en pañales y acostado en un pesebre (Lucas 2: 7). La adoración de los pastores y de los magos no ocurrió al mismo tiempo. Un espacio de dos años separa ambos eventos. Este intervalo de tiempo lo esclarece el rey Herodes que se informó de los magos exactamente del tiempo de la aparición de la estrella. (v.7). Cundo Herodes se vio burlado por los magos que regresaron a su país por otro camino “se enojó mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme el tiempo que había inquirido de los magos” (v.16). No es pues correcto recordar la adoración de los magos viendo a Jesús envuelto en pañales y recostado en un pesebre. Según el texto bíblico tenía dos años y como tal consciente de lo que ocurría a su alrededor.

El texto de Mateo dice algo que no se tiene en cuenta en las celebraciones navideñas de nuestros días. “Y al entrar en la casa vieron al Niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron, y abriendo sus tesoros le ofrecieron: oro, incienso y mirra” (v.11). Los magos no tuvieron en cuenta a María ni a José, se dirigieron al Niño reconociéndolo como el Rey de Israel, el Mesías anunciado en los albores del tiempo: lo adoraron. El texto nos dice: “le ofrecieron”. Como si no hubiese nadie más en la casa ofrecieron al Niño Dios sus presentes.

En las celebraciones navideñas paganizadas de hoy Jesús se ha convertido en un “Jesusito”, una pieza decorativa del espectáculo. Se da relevancia a los niños, girando la fiesta alrededor de ellos. Cuando se hace grande al hombre se empequeñece a Dios. Teniendo en cuenta la supuesta inocencia de los niños y empezando con el mito de los “Reyes Magos”, se los agasaja más de la cuenta. Se los trata como si fuesen los reyes de la casa. Es de sobras conocido cual es el resultado de convertir a los hijos en los reyes del hogar. Se los transforma en pequeños dictadores que a medida que crecen hacen desgraciados a los padres y se convierten en un peligro social al convertirse en reyezuelos que exigen que todo el mundo les complazca todos sus caprichos, voluntariamente o por la fuerza.

La educación hedonista que se les da a los hijos desde la tierna infancia y en concreto la que reciben durante las celebraciones navideñas debe sustituirse por la que enseñan los magos de oriente que prescindiendo de María y de José adoraron a Jesús, el Rey de Israel y que como su Nombre indica salvará al pueblo de Dios de sus pecados. Si de pequeñitos se enseña a los niños que Jesús es su Salvador y lo creen, a medida que vayan creciendo se convertirán en personas que harán más agradable la convivencia con sus padres y en el entorno social en el que se muevan, sea la escuela, la universidad, el lugar de trabajo. Unos niños que crecen en el temor del Señor no serán incívicos, a su lado el mobiliario urbano estará seguro de que no será maltratado lo que será un alivio para las arcas municipales.
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