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Etiquetas:   Crítica de cine  

'Los aires difíciles': huellas de futuro sobre arena mojada

Pelayo López
Pelayo López
lunes, 22 de mayo de 2006, 11:59 h (CET)
Recién presentada en el horno cinematográfico de Málaga, de donde salió con el premio a la mejor película debajo del brazo, la nueva adaptación de Gerardo Herrero, también homónima, de una novela de Almudena Grandes –la primera fue “Malena es un nombre de tango”- comienza ahora su carrera comercial en salas. Nuevamente, el productor y director ha contado para su traslación al celuloide con las tareas de guión de Ángeles González-Sinde, colaboradora habitual en algunos otros títulos de su filmografía como “Las razones de mis amigos” y “Heroína”. Con un realismo a pie de calle –exento, afortunadamente, de la moda de la cámara al hombro, ese recursos tan manido últimamente-, Herrero vuelve a sumergirnos en una historia cualquiera, cotidiana, para hacer escuela de nuestras vidas.

Si en otras ocasiones Gerardo Herrero ha bordeado fenómenos socio-políticos, como en “Frontera sur” o “El misterio Galíndez”, con “Los aires difíciles” refleja con maestría las vueltas que da la vida, la espiral que nos encierra y nos atrapa, el aire que respiramos que se va y vuelve, como el mar en la playa. Hombres y mujeres, un@s con pasados repletos de secretos, otr@s sin futuros ciertos. Un@s y otr@s unen sus caminos para redimirse junt@s, algo que en el argot informático podría resumir el sistema formado por ceros y unos. Sin pretensiones, camuflándose en gestos contenidos que terminan por explotar y exprimiendo el talento de un reparto sin estrellas -pero estelar, a años luz de algunas de ellas por sus méritos interpretativos-. José Luís García Sánchez, Cuca Escribano, Pilar Castro, Carmen Elías, Roberto Enríquez, Alberto Jiménez, Antonio Dechent, Andrés Gertrúdix… Un reparto coral y racial, en el sentido artístico, que da buena cuenta en cada momento de lo que cada cual debe aportar a una historia. Quizás haya algún momento de flojeo interpretativo, pero el nivel medio y los subidones hacen que pronto se borren de nuestra memoria.

Perdonaremos en esta ocasión, o mejor dicho, la dirección actoral compensa los déficits de dirección artística, donde, a pesar de todo, es de agradecer para el desarrollo de la historia una tonalidad andaluza no saturada, quizás no excesivamente coloreada azul-amarillenta de manera pretendida, alcanzando una textura similar a otro gran pequeño título de nuestro cine, “Pajarico”, con la que, además, incluso, encontramos una frase del personaje del gran Paco Rabal que, si bien resume muchos momentos de nuestras vidas, es asimismo acorde para esta historia: “¡Qué bien se está, cuando se está bien”. También se agradece, por cierto, una música de fondo –partitura de Lucio Godoy- que apenas se nota –ni chirría como ocurre en muchos otros casos en la actualidad-. En lo que se refiere al argumento de este hombre rescatado por la mujer más inesperada de un naufragio emocional, y también al montaje, Herrero corta dos troncos y mete la leña en el mismo cesto, algo que, sin duda, juega a favor del lenguaje cinematográfico, pero, por el contrario, el montaje final quizás no sea el más apropiado para un tipo de previsible público menos acostumbrado a seguir estos nuevos hilos narrativos.

Para no perderse, desde luego, en la marabunta de estrenos, esta pequeña película que forma un perfecto tandem con otra cinta de reciente y prometedor estreno. Ambas, esta “Los aires difíciles” y “Malas temporadas”, comparten esas pequeñas tragedias humanas de personas como nosotros, de carne y hueso, pero acaban dejando un poso de esperanza, de segundas oportunidades, que, eso sí, es necesario no desaprovechar, porque las terceras ya no suelen darse. En definitiva, como puede concluirse de la propia película tras sus casi dos horas de metraje –quizás le hiciese un favor inmenso haberlo recortado en algunos puntos-, si seguimos caminando hay “huellas de futuro sobre arena mojada”.

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