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Liberación de la esclavitud animal

Acabemos con el consumo de carne
Aurora Peregrina Varela Rodriguez
sábado, 12 de enero de 2019, 09:08 h (CET)

Sabía, cuando hice la pregunta, que heriría a mi amigo poeta Ángel Padilla. Lo sabía, pero era lo que quería para sacarle todo lo que pensaba y provocarle la ira.


El periodista, en ocasiones, debe comportarse así, para buscar la más sincera respuesta. Y todo desde mi amor, porque de lo mejor que recuerdo de mi niñez es alimentar conejos y vacas durante las vacaciones en la casa donde creció mi padre, o estar con los cerdos. Ignorante de mí en aquel entonces, no sospechaba siquiera que mi tío acabaría vendiéndolos sin importarle nada nuestro amor hacia ellos.


Le pregunté, sencillamente a Ángel Padilla, para qué servirían los animales de consumo si no se destinaban al consumo propiamente dicho.


Yo misma me diera la respuesta a esta interrogante muchas veces: para terapia, compañía, ser libres, por simplemente amarles… Pero lo cierto es que también creo que habría menos de cada especie sencillamente porque no se transformarían en €. ¿Y qué?, mejor no nacer que venir para llevar esas vidas. Aunque también puede que la madre naturaleza se encargase de darles su lugar mericido como el de cualquier ser vivo que desee vivir dignamente.

Algún día lo sabremos. Se acabará el consumismo de carne y lo sé porque la gente desea tener salud y una vida vegetariana es lo mejor para tenerla.


En respuesta a mi ofensiva pregunta, que busca con su respuesta ayudar a los animales que hoy se destinan a alimentación, están las sabias palabras de Ángel Padilla, conocido como el Poeta de los Animales:


-Los animales nacen para sí mismos, cada vida en esta tierra nace para sí misma y para encajar perfectamente en la cadena trófica. El humano es el único animal que ha roto en forma, por supuesto, antinatural, la cadena trófica. Es el único animal que realiza su vida siendo SIEMPRE parásito de otros seres y, lo peor, sin tener sentido alguno de que lo que hace lesiona gravemente el entorno que habita. Esa parte de la cadena trófica: el vivir siguiendo un instinto, en el caso de los animales salvajes, libres, y seguir ese instinto en el que para sobrevivir dañan, matan, a otros seres; en el caso de las hierbas, las estaciones, está la vida y la muerte, pero puede decirse que de forma... ordenada. El “orden” que ha instaurado el humano en el mundo con su antropocentrismo, levantándose sobre la piedra más alta de esta tierra, está rompiendo en dos el planeta, ensuciando el cielo irremediablemente, el agua de ríos y mares y devastando el pulmón verde de bosques y sabanas. La parte mórbida en las ciudades de lo que el hombre y la mujer humanos toman de lo natural, son los billones de animales que obligan a nacer esclavos en las llamadas ganaderías industriales, en las piscifactorías, en los criaderos de pájaros, en los criaderos de perros de razas. El humano se ha convertido en una especie de dios haciando el mundo a la forma de su idea de disfrute y uso, que es abuso y catástrofe.


La parte en que el humano no era enemigo de la tierra, y era cadena trófica, perteneció a la parte de su historia en este planeta en que cazaba -no siempre ha cazado, de hecho somos herbívoros-; en esas estapas de nuestro pasar del nacer y morir nosotros sobre este suelo, se cazaba a un animal que vivía en suma libertad, se lo cocinaba al fuego de una hoguera y se lo comía, nunca se comía de más, sólo lo que el hambre ordenaba, y esa etapa de carnismo, insisto, fue pobre y corta en relación a la andadura humana por este mundo vivo, en que más eras y épocas hemos sobrevivido a base de fruta, frutos secos y plantas que de animales.


La época moderna, con su capitalismo, con su oferta desmedida de productos, y entre esos productos están los animales propiedad de empresas comerciales de alta y media demanda que ofertan animales muertos y preparados en trozos denominados pechugas, jamón, panceta, alitas, chorizo y todas las denominaciones que conocemos de las amputaciones de un nacido esclavo y muerto sin conocer la libertad. Dicha oferta es alucinantemente desorbitada. La OMS alertó hace años de que, por ejemplo, en tanto a la carne, se consume 5 veces más de lo que tolera el cuerpo. Hoy avisan de lo cancerígena que es. Pero la propaganda de las firmas, los “expertos” no independientes, no veganos, que escriben artículos “científicos” sobre el tema, revisan la verdad y la transforman en otra cosa. No es que sea malo comer animales, dicen, es malo comer demasiado de cualquier cosa. Su frase principal es que hay que comer de todo. En fin.

La filosofía vegana persigue que ningún animal nazca esclavo, que ninguna madre cerda o vaca tenga que parir rodeada de hierros, rodeada de humanos que las tratan siempre con desprecio y crueldad, sin intimidad alguna, y luchamos por que sus hijos no les sean arrebatados inmediatamente de darlos a luz. Las vacas a las que les arrebatan las crías mugen llorando al ver cómo los operarios arrastran a sus hijos e hijas y ellas se quedan solas; a veces pueden verse de murito a murito y lloran hijos y lloran madres, estruendosamente.


La lógica de la liberación animal anuncia que con nuestro esfuerzo educativo, cada vez más personas dejarán de comer animales, porque lo asocien con injusticia, y por ende con salud, de ellos, del planeta y de las vidas que no se comen, que no son arrebatadas, por supuesto.


La pregunta de qué pasará cuando esos animales no se usen para ser comidos, tiene igual respuesta a la que se hicieron cuando se planteaba la liberación de los esclavos negros de sus larguísimas jornadas en los campos de algodón; sus secuestradores aseguraban que los rescataban del infierno de su estado de barbarie en África, para poder aspirar a una vida mejor. Toda época tiene sus mentiras, sus estafas, que se imprimen en libros; nunca dejaré de decirlo. Debemos ser críticos y revisar, en aquella época en que hayamos nacido, qué de todo es mentira y estafa.

La necesidad de comer animales es la mayor estafa, y la más lúgubre invención.


Como he dicho, si progresivamente la población mundial reduce su consumo de animales, éstos reducirán en número al mismo tiempo porque, sencillamente, ante una cada vez menor demanda, los propietarios, los esclavistas, embarazarán cada vez a menos hembras de cada especie. Y si el camino siguiera por allí, al final no nacería ningún cerdo, ternero, gallina, en nave alguna insalubre.


Pero en mi opinión no llegará un momento en que, por evolución natural y cultural, la demanda destruya ese terrorífico comercio. Sí se desinflará en pocos años adelante vista, la demanda. Pero la emancipación de los esclavos animales habrá de ser forzada, o mediante ilegalización, cuando se declare a los animales con igual derecho a la libertad, al disfrute de sus intereses, que los que disfruta el animal humano. O si no es mediante legislación, mediante el empuje del activismo, con acciones de aperturas a la fuerza de mataderos, ganaderías, y animales vagando por un lugar que seguro les resulta hiriente o la muerte, pero jamás como la muerte en que ni siquera andaban bajo el sol ni podían soñar a qué huele la luz natural.


La respuesta a qué hace un cerdo, una vaca, una gallina, libres, es: ser ellos. Vivir.


Hay pastos suficientes en esta tierra para que las vacas paseen libres bajo este cielo tan bello, y pajares para gallinas. Los cerdos también tienen sus lugares donde vivir. Esta tierra es amplia. Tal parece que si no es bajo nuestro manto de esclavitud, los animales no valen para nada más. Eso es un cliché. De igual forma que los negros, llegada por ley su empancipación, supieron qué hacer con sus vidas. Las mujeres no nacen para estar en las cocinas y en las casas, para ser buenas madres y cuidar a los hijos, como siempre se ha dicho. Mujer y hombre deben realizar aquello que deseen y que, con ello, no dañen a terceros. Sin más.


La simple pregunta del “para qué serviría entonces...” refiriéndose a un animal, si no se usase para tal o cual cosa, debe ofendernos siempre. Porque así como a nosotros no nos gustaría ser secuestrados y generación tras generación nacer reos de otra especie galáctica en otro planeta, a los animales hoy esclavizados les resulta denigrante y horrible nacer y morir sin disfrutar de sus vidas, sin hacer todo aquello limpio y puro a lo que todas sus celulas los trajeron, pero fueron a nacer en la trampa del humano.


Y eso debe acabar.


Para finalizar, es importante mencionar un estudio que en 2009 investigadores de los Países Bajos, de la Netherlands Environmental Assessment Agency, publicaron sobre si la humanidad llegara a comer menos carne y con ello hubiera menos proyecciones estructurales del gas invernadero. Si la humanidad llegara a comer menos carne, nada de carne o ningún “producto” animal: se reducirían las emisiones de carbono relacionadas a la agricultura en un 17%, las emisiones de metano en un 24% y las emisiones de óxido de nitrógeno en un 21% para el 2050. Concluyeron, asimismo, que el vegetarianismo universal resultaría en reducciones impresionantes de las emisiones de gas invernadero; la eliminación de carne no sólo prevendría el calentamiento global, sino que ayudaría muchísimo a mitigar el cambio climático.


Aquí voy acabando, decir que amo las vacas y las gallinas como son, no las anularía, hay gente que tiene conejos y gallinas por mascotas y es más, me arriesgo a decir, si tienes una especie de culebra, mejor ten una vaca o un caballo.

Y desde luego si la liberación animal es no nacer antes que nacer para que te coman los humanos, pues bienvenido sea no venir a este mundo.


Mundo siempre cruel y tremendamente lleno de hostilidades, incluso para los sujetos de a pie. Imagínate la vida entonces de “los sin voz”, de nuestros amados animales, que es por ello que aquí escribimos.


Dios nos creó a todos, amémonos entonces.


Gracias y si quieres deja tus comentarios. 

Comentarios
Pereg 17/ene/19    15:53 h.
Maria VR 17/ene/19    03:08 h.
Consuelo Rodríguez 16/ene/19    21:29 h.
A. Sol 16/ene/19    21:27 h.
Daniela Vidal 13/ene/19    09:12 h.
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