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Elecciones parlamentarias en Ucrania

Anatoli Oriol
Redacción
domingo, 26 de marzo de 2006, 22:11 h (CET)
Las elecciones parlamentarias en Ucrania fijadas para hoy, el 26 de marzo, se efectúan en el contexto de una profundísima crisis política y económica que vino a sustituir las halagüeñas esperanzas y el romanticismo de la revolución anaranjada. A mi modo de ver, esto se debe ante todo a que los representantes del nuevo poder no sabían literalmente qué hacer con el país.

Kíev decidió que el éxito de la revolución había sido suficiente para que en seguida Europa abriera de par en par sus puertas ante Ucrania, y Rusia se prestara a cubrir de inmediato todos los gastos de su vecina relacionados con el acercamiento a Occidente.
Las autoridades ucranianas se equivocaron al pensar que el éxito de Ucrania en Occidente fuera directamente proporcional al grado de su distanciamiento con respecto a Moscú. La confrontación con Rusia motivó la crisis política interior en Ucrania que se mantiene hasta hoy.
Para sacar al país de la crisis y restablecer la confianza de parte de los principales participantes extranjeros del juego político, Kíev necesita renunciar sin demora a los intentos de resucitar los cánones de la “guerra fría” en su política exterior. Ucrania necesita una política previsible y pragmática no presidida por las ilusiones, sino por las posibilidades objetivas y sus reales intereses nacionales.
Es preciso mirar de cara a la realidad y dejar de basar la política europea en las ilusiones sobre el ingreso acelerado de Ucrania en la UE considerándolo como medio de separación geopolítica de Rusia.
Esto no significa, ni mucho menos, renunciar a la opción europea como tal. Para conseguirlo no es necesario preconizar la plataforma antirrusa. Es más, las tensiones y el clima de desconfianza en las relaciones ucraniano-rusas dificultarán en grado sumo el acercamiento de Ucrania a Europa.
De hecho, existen varios modelos de tal acercamiento: creación paulatina del mercado conjunto Ucrania-UE conforme a los acuerdos firmados entre la Unión Europea y la Asociación Europea de Libre Comercio; realización de los espacios conjuntos en diversos ámbitos como lo sucede ahora entre la UE y Rusia.
Conviene examinar la posibilidad de Kíev de participar en los formatos conjuntos de cooperación entre la Unión Europea y Rusia. Y no sólo participar, sino reconsiderarlos activamente con espíritu creador y cambiarlos en interés común. Pues, pese a la permanente retórica euro-integracionista de Kíev, en la mayoría de los principales derroteros de la cooperación con la UE, Rusia ha avanzado, no obstante, mucho más que Ucrania. Además, Ucrania no puede, por separado de Rusia, construir los formatos eficaces de diálogo con la UE relativos a la seguridad energética, los procesos migratorios y espacio de readmisión. Y es posible que sea mejor crear un mercado conjunto con Europa de mancomún con Rusia.
Sean cual fueren en el futuro las formas de realizar la opción europea de Ucrania, de ninguna manera se deberá preterir el principio básico: Kíev habrá de ser consocio seguro tanto para Washington como para Moscú, Roma, Berlín, Bruselas y Pekín.

Kíev deberá empeñarse al máximo por reanudar el diálogo y la cooperación normales con Rusia sin que sean sacrificados los intereses nacionales de Ucrania. Y esto, sin temor a pecar de exagerados, es cuestión de vida o muerte del Estado ucraniano.

Una de las principales tareas del nuevo gobierno ucraniano tendrá que ser la realización de cuanto sea necesario para que Ucrania deje de convertirse, por iniciativa propia, en avanzada de una nueva “guerra fría” utilizando a plenitud sus posibilidades de fortalecer realmente la seguridad y crear el clima de confianza en el Este europeo.
Occidente y Rusia – pese a todas las diferencias, verdaderamente profundas, que las separan - son dos partes integrantes de la misma civilización basada ante todo en los valores cristianos. Ucrania no podrá asociarse sólo a una parte de la civilización dando la espalda a la otra. Tal postura podrá dividir al país.
La situación geopolítica le permite a Ucrania ser eslabón de enlace entre las dos partes de la civilización, la posibilidad de mediar en el diálogo, en el acercamiento y en la minimización de las contradicciones.

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Anatoli Oriol, politólogo( Kíev), para RIA Novosti.

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