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Izquierdas y derechas. Europa revolucionada jugándose su destino

Nada hacía pensar que el lento, pero seguro, progreso de la recuperación en España sería truncado
Miguel Massanet
martes, 8 de enero de 2019, 09:50 h (CET)

Existen señales preocupantes respecto a las reacciones, evidentemente dirigidas desde lobbies de poder que se mueven detrás de las bambalinas internacionales, que nos llevan a tener que pensar que se están produciendo movimientos perturbadores que ya se están comenzando a manifestar en las corrientes de sectores de la política comunitaria que, al parecer, tienen la intención de socavar el sistema democrático vigente en toda la CE, con el propósito de volver a los antiguos sistemas dictatoriales de los países del Este, conquistados y dirigidos, manu militari, por la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, de los que, tantos millones de personas tienen o tuvieron los más amargos recuerdos que se puedan guardar respecto a lo que fue un régimen dictatorial en manos de personajes sanguinarios y sin escrúpulos que, bajo el pretexto de combatir el capitalismo, favorecer a los marginados de la fortuna y preservarlos de un posible contagio involucionista, mantuvieron a millones de ciudadanos de países del Este sojuzgados durante décadas, como consecuencia de la ocupación de una parte de Europa, por el ejército, ruso al finalizar la Segunda Guerra mundial, lo que las situó bajo el régimen estalinista dirigido desde Moscú. Cambios sociales que han surgido como consecuencia de la última crisis, que comenzó a finales del 2007 y que se ha ido manteniendo durante casi una década, en la que, los respectivos gobiernos europeos que tuvieron que enfrentarse a ella, salieron gravemente desgastados a consecuencia de las drásticas medidas de control del gasto público que fue necesario aplicar para enfrentarse a ella.



El disgusto manifiesto de la ciudadanía, la llegada desde la América latina de activistas perfectamente adiestrados en técnicas de control de multitudes , dispuestos poner en cuestión el sistema democrático , las instituciones y la autoridad de aquellos gobiernos salidos de las urnas, a los que culpaban de los daños causados por la crisis y a los que acusaron de ser los causantes de las diferencias sociales, desigualdades, y la pobreza y miseria existente, según ellos, en algunas regiones de España. Se olvidan de que España estaba, cuando ellos empezaron a exponer sus críticas, en un momento en el que empezaban a florecer los resultados de una política de recuperación que apuntaba hacia horizontes más despejados, con una mejora evidente en aspectos como la recuperación industrial, los resultados empresariales y la disminución notable de la tasa de desempleo, que permitía confiar en que, en años sucesivos, se iban a consolidar en una mejora efectiva del bienestar y el nivel de vida de los ciudadanos españoles, sin necesidad de que vinieran nuevos “salva vidas” con sus teorías redentoristas y con la evidente intención de dar al trate con todo lo que España había avanzado utilizando, para ello, procedimientos y técnicas propios de aquellos países que estuvieron esclavizados por el comunismo estalinista, que tanto tuvieron que ver en el desmoronamiento de la vieja Unión Soviética y todos los países satélites que estaban controlados por ella.


Nada hacía pensar que el lento, pero seguro, progreso de la recuperación en España sería truncado y puesto en peligro de involucionar hacia la época en la que los socialistas dejaron al Estado español a punto de la quiebra y de tener que solicitar rescate de la UE. Ha sido el golpe de mano del PSOE, presentando y ganando una moción de censura que, sin lugar a dudas, ha marcado un antes y un después respecto al futuro de la nación española, puesto en cuestión por la nueva política del gobierno del PSOE que, por imperativo de sus debilidad en el Congreso, por su dependencia de los separatistas catalanes para poder aprobar leyes y por la dependencia de todo el resto de la oposición, incluido Podemos, se ha visto obligado a una carrera desbocada hacia adelante que no pronostica nada bueno, si se tiene en cuenta que sólo la inercia de la política económica del anterior gobierno del PP, sigue permitiendo que se mantenga, con evidentes dudas, eso sí, la bonanza económica que todavía no ha sufrido los efectos negativos y los despilfarros derivados de esta política desastrosa, de propuestas y retrocesos, que viene caracterizando al gobierno del señor P.Sánchez y sus ministros, todos ellos simples marionetas en las manos de su líder. Llegará, a no tardar, el momento en que los socialistas deberán enfrentarse a sus errores, derivados de la necesidad de mostrarse ante la ciudadanía como un Gobierno capaz de hacer cosas que le estaban vedadas al ejecutivo anterior, precisamente porqué se sabía que España no estaba en condiciones de forzar su presupuesto, sin poner en grave peligro sus posibilidades de desarrollo, el incremento descontrolado de su Deuda Pública ( en la actualidad por encima del billón cien mil euros ) y el insistir en un aumento de los impuestos que, como es natural, lo único que se consigue es que las mejoras que, aparentemente, se puedan notar en salarios o subvenciones, el ciudadano los perderá cuando se le reclame, por el fisco, los impuestos correspondientes.


En Europa, quizás como consecuencia del San Benito que se le puso al señor Trump desde el momento en que ganó, holgadamente por cierto, las elecciones a presidente de los EE.UU, con el disgusto de los propios republicanos de su partido y la gran sorpresa que se llevó su oponente demócrata, la señor Clinton, que no ha sabido ni sabe, después del tiempo transcurrido, como digerir su aparatosa derrota en manos de lo que, para ellos los demócratas, es un “populista” Y es que las izquierdas o, mejor dicho, para las izquierdas, todo aquel que no comulgue con sus principios tiene todos los números de la rifa para ganar el apelativo de “populista”, algo que implica el ser “una élite corrupta” que se enfrenta al “verdadero pueblo”. En Europa, sin embargo, como dice Moffitt: el populismo también “generalmente, se ubica a la derecha... pero eso no está escrito en piedra". En realidad, tenemos ejemplos de movimientos netamente populistas en el Movimiento 5 Estrellas, como también el del difunto Hugo Chávez de Venezuela o Duterte, de Filipinas o, en España, el partido Podemos y su líder Pablo Iglesias, a los que se considera ejemplo de populismos de izquierdas o, en la misma Francia, que se califica a Emmanuel Macron como un “populista de centro”; con lo que tenemos completado el círculo en el que quedan incluidos populismos de todas las tendencias políticas, al menos de las más conocidas.


En realidad, como parece ser una constante en la historia de la humanidad, nos volvemos a encontrar ante lo que a finales del siglo XIX fueron los primeros escarceos sindicalistas frente a los lobbies patronales del carbón o de la industria, que, posteriormente han tenido continuación en los partidos de derechas, calificados de conservadores y los comunistas, socialistas o ácratas que, por diversos medios o políticas siempre han tratado de imponerse sus adversarios, en ocasiones enemigos a batir, los empresarios. Lo cierto es que, actualmente, en Europa, gravemente amenazada desde el “brexit” de Gran Bretaña y sus consecuencias; influida por lo que se pudiera calificar de invasiones migratorias ( algo que ha sido fundamental en el cansancio de los ingleses) que, aparte de llegar por el Sur, desde España, una nación que puede verse afectada políticamente, socialmente y en cuestiones de seguridad y de convivencia, a causa de la imparable presencia de pateras y otras embarcaciones que, cada día, entran por las regiones sureñas del país, algo que, al parecer, no le importa demasiado al gobierno de Sánchez aunque, es evidente que carecen de estructuras y medios suficientes para poder controlar a tantos nuevos huéspedes, dando lugar a que muchos de ellos campen a sus anchas, sin control alguno, por toda la península sin que nadie sepa que hacen, cómo se ganan la vida o si sus actividades están dentro o fuera de la Ley.


El otro flanco al que ha de atender Europa, la Europa de las naciones y comunitaria, es a algo que amenaza su pervivencia como bloque político, económico y social. Las izquierdas y aquellas naciones que las apoyan o tiene gobiernos de tendencia comunistoide , intentan presentar a todos los partidos de derechas, que mantienen entre sus políticas valores, idearios o proyectos conservadores, lo que podría entenderse como la defensa de aquellas tradiciones, costumbres, morales y principios religiosos y éticos derivados de la cultura greco-romana -que han persistido durante siglos y siglos como referentes morales para generaciones y generaciones de ciudadanos que, ahora, en unas pocas décadas, se han visto sorprendidos por cambios radicales que nos han llegado a través de movimientos juveniles, adoctrinados por activistas preparados para poner en cuestión desde la autoridad del padre en las familias hasta todo lo referente a la moral y los preceptos de moral pública y preceptos religiosos que, para muchos, constituían la barrera que la sociedad oponía a conductas impropias, libertarias, desordenadas y claramente condenadas por la gran mayoría de los ciudadanos. Cualquiera de los partidos que actualmente existen en Europa que se atreva a defender, sin tapujos, las ideas que estaban vigentes hará cincuenta años, es tratado como de extrema derecha.


De pronto, la sociedad ha dado un viraje y lo que antes era motivo de repulsa y condena, en virtud del relativismo imperante sostenido desde grupos de la izquierda, se han cambiado las leyes, se han impuesto como derechos lo que anteriormente era rechazado y se han legalizado lo que no hace mucho tiempo eran crímenes, contemplados en nuestro CP, como es el caso del aborto, en la actualidad prácticamente libre y despenalizado. Esto no debería obstar a que, en virtud de los derechos que la Constitución les otorga a todos los ciudadanos españoles, los partido que siguen pensando que el aborto de fetos inocentes es uno de los crímenes más abyectos que se pueden cometer, o que se debe controlar a la juventud para que no pueda drogarse impunemente, sin que nadie se oponga a ello y esté penado hacerlo o si, como muchos piensan, la posibilidad de que se haga propaganda positiva de la homosexualidad puede inducir a quienes no sintieran esta tendencia sexual, a intentar probarlo; lo mismo que las leyes que autorizan a las parejas de lesbianas y homosexuales adoptar niños, a los que se les expone a un tipo de familias que, por sus tendencias homosexuales, tienen todas las posibilidades de que sus hijos sigan la tendencia de sus padres, algo que no les permite a los adoptados escoger, con plena libertad y sin presiones, el tipo de sexualidad que puedan desear para ellos.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos con la natural preocupación como el populismo de izquierdas que se ha instalado en España, agravado por la existencia de un gobierno dispuesto a tener acuerdos con los extremistas de Podemos y que se rinde ante las peticiones, cada vez más exigentes, de los nacionalistas catalanes; simplemente por el hecho de que éstos tienen la llave de que se puedan aprobar los PGE del año 2019 o de que no puedan hacerlo (lo que significaría que el Gobierno del país no pudiera llevar a cabo muchos de los proyectos que ha puesto en marcha por carecer de las correspondientes dotaciones presupuestarias). Con ser todo ello importante, la posibilidad de que Europa pudiera caer en manos de estos terroristas que luchan contra la sana política, ya sería suficiente para que, todas las fuerzas políticas que están en contra de los proyectos que atentan contra los derechos de los ciudadanos españoles y que puedan llegar a romper la unidad y la convivencia de la sociedad española, debieran de unir sus fuerzas, prescindiendo de sus diferencias, para evitar que algo semejante pudiera tener éxito.

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