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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Abuso policial

José Luis Palomera Ruiz
Redacción
domingo, 26 de marzo de 2006, 06:04 h (CET)
La madrugada de día 23 de marzo me encontraba en un bar local cuando dos policías municipales de Santander me violentaron tratándome como a un perro.

Hasta aquí todo normal. Bien sabido es su fama de “chuletas” con la que cuentan en Santander, lo que no es normal es la manera de cómo se produjo la detención, por la cual ahora estoy en trámites de juicios rápidos.

Me explico: el día 5 de marzo, publiqué en P. D. en la sección “Artículos incorruptos” un articulo cuyo titular decía “Los 'sopla sueldos' II“.

En dicho artículo vengo a denunciar la extrema falta de profesionalidad y chulería de "ciertos policías locales". Chulería bien sabida y padecida por los ciudadanos de Santander.

A partir de publicarse el artículo recibí, vía e-mail, insultos e incluso amenazas anónimas de nick, apodos, etc.

Uno de estos mensajes de correo me llegó decir que si me tuviese enfrente me molería a palos.

Lógicamente el artículo, y más en Internet, con toda seguridad es más que posible que tuvieran acceso o información de otros colegas, la policía local de Santander, o al menos determinados miembros.

El hecho de que mi detención fuera sin mediar palabra alguna, sin dejar que me identificara, con una agresividad extrema, sin mover un solo dedo por mi parte, el hecho de no esposarme, de saber si identificarme, quien era, además de que mi coche se encontraba solo frente al local, lo cual era de suponer que yo estaba dentro, me hace decir sin temor a equivocarme que se “vengaron” del articulo del que hago mención.

Saben mis apellidos y nombre, ya que en el artículo vienen, luego saben la matrícula de mi coche, además de que en Santander nos conocemos todos.

Es por eso que quiero denunciar por medio de la prensa escrita el acoso al que he sido sometido y posiblemente se repetirá por el único hecho de opinar en Periodista Digital.

El derecho a la libre libertad de expresión, en mi caso, fue rebatida con agresión física y psíquica -tengo testigos- de quienes deben de velar por la justicia y los derechos humanos. Es decir, dos policías municipales de Santander que en la madrugada de ese día prestaban servicio por la Avenida General Dávila.

Ver la matricula de mi coche frente al local, pedirme de malas maneras salir y violentarme fue el pago que me dieron por ejercer mi derecho de libertad de expresión, publicada en un periódico digital independiente.

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