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Etiquetas:   Algo más que palabras   -   Sección:   Opinión

El diálogo como necesidad de vida

Víctor Corcoba
Víctor Corcoba
domingo, 26 de marzo de 2006, 06:04 h (CET)
El diálogo siempre es algo saludable. Lo es la lectura de un buen libro que nos habla a la par que el corazón contesta. También lo es un abrazo que cobija y un beso que acaricia. Tiene un aire de espiritualidad. Es como un soplo de necesidad, un retorno al corazón de Dios. No siempre es fácil, ni está exento de sufrimiento. Incomprensiones y prejuicios pueden surgir en el camino hacia cualquier acuerdo de bien común. La plática cuando germina de una verdadera sensibilidad suele tener en cuenta estas situaciones y proporcionar motivaciones esperanzadoras. Una mano tendida, pienso, que nunca debe rechazarse.

Considero, pues, estimable poner todo el esfuerzo posible en comprenderse. Siempre será una buena noticia hacer pública la voluntad de no matar, por ejemplo. El alto el fuego permanente de la banda terrorista ETA, en este sentido, tiene esa luz de esperanza que a todos nos congratula. Luego habrá que tomar todos los tiempos debidos para calmar heridas y todas las cautelas necesarias. Lo de borrón y cuenta nueva resulta complicado cuando tras de sí hay una negra estela de dolor. Los olvidos y desmemorias tampoco son convenientes. A mi juicio, hace bien el presidente del Gobierno español, José Luís Rodríguez Zapatero, de tomar el aliento necesario y de anunciar que si se dan las condiciones, comparecerá en el Parlamento antes del verano. Lo favorable, en cualquier caso, siempre será poner los derechos del ser humano en el centro del parlamento de la vida.

Trabajar para aliviar las congojas y construir juntos un pueblo justo y armonioso, aparte de ser una responsabilidad de todo ciudadano, exige además de un diálogo sincero. La defensa de los valores humanos hay que ponerlos a salvo para toda persona, aunque piense distinto a nosotros, practique otra religión o provenga de otras culturas. Aunque es imperativo para la comunidad internacional fomentar buenas relaciones entre los pueblos y poner orden en que se cumpla la ley, que no es otra que la del amor, todos hemos de contribuir a favorecer relaciones caracterizadas por la apertura y la confianza, e impulsar la paz y el interés común por el bienestar de toda la nación.

En cualquier caso, soy de los que piensan que la seguridad ciudadana, a veces, proviene más que de tener una legión de leyes penales para todo, de estar abierto a todas las preguntas con la sensatez como respuesta de diálogo. Será necesario esforzarse por buscar con paciencia, el espíritu que nos fraternice. Eso sólo se consigue con el amor a la verdad. Lo demás es accesorio. Y la mentira, por ser una violación de la virtud de la veracidad, es una verdadera violencia hecha a los demás. Estar abiertos al diálogo, en consecuencia, significa ser plenamente coherentes con la autenticidad. Para ello, hay que tener la valentía y la fuerza precisa, para unir justicia, amor y libertad como verdaderos pilares de armonía. Lo que también necesita tiempo al tiempo.

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