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Etiquetas:   Columna   -   Sección:   Opinión

La condena de ser libres

Óscar Arce Ruiz
Óscar Arce
domingo, 26 de marzo de 2006, 06:04 h (CET)
Hay un aspecto en la vida de los seres humanos que les permite actuar conforme a las reglas morales, o no hacerlo. En pocas palabras: para poder portarse bien, es necesario tener la posibilidad de portarse mal. Algunos han llamado “libertad” a la posibilidad de elegir un camino u otro.

Cuando las opciones se reducen a un par de puertas, la libertad se reduce a abrir la puerta de la izquierda, o abrir la de la derecha. Cada opción puede definirse como la negación de la otra. No es posible actuar de manera ética, y no actuar de manera ética, como no es posible, por ejemplo, saltar y no saltar.

Aun así, aun teniendo en cuenta la doble vía que nos obliga a cruzar el umbral A o el B, la gran indefinición que engloban ambos conjuntos hace difícil la elección en el momento preciso. El caso es que creo que, si bien no todo es blanco o negro, existen diversas tonalidades de gris. La puerta A es el Bien y la puerta B, el Mal. Con mayúsculas. El bien y el mal en su máxima expresión. Su color es el blanco y el negro, no hay término medio, simplemente extremos. Pero los extremos no existen más que como referencia.

Pensemos situaciones hipotéticas o reales, e intentemos especificar qué debería hacer el protagonista, los sentimientos que provocaría la situación si fuésemos nosotros quienes la sufrimos, o qué opción creemos la más adecuada y por qué. Es aquí donde se comprueba lo difícil que puede llegar a ser el definir una actuación ética, sobre todo si tenemos en cuenta que la era de los “-ismos” no se ha preocupado en exceso por la educación moral.

La actuación puede tomar direcciones muy diferentes, pero siempre pueden englobarse en el Bien o en el Mal. ¿Quién no ha juzgado una acción sin conocer más que el resultado (contribuyendo al enfado de Jesús Lizano cuando escribe “¡ya vale de juzgar los efectos y no las causas!”)? ¿Y qué fallo ha correspondido a tal juicio, sino bueno o malo? Actuaciones mejores que otras, aunque ambas buenas; actuaciones peores que otras, aunque ambas malas.

En cualquier caso, siempre pudimos obrar de otra manera. No olvidemos que en el juicio siempre nos recordarán que, al fin y al cabo, lo hicimos porque quisimos. La pena será firme, aunque la verdadera condena es tener siempre que elegir entre la diestra o la siniestra.

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