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Etiquetas:   Los leones y los días   -   Sección:   Opinión

El descontento en la Rusia Blanca

Sergio González

viernes, 24 de marzo de 2006, 04:43 h (CET)
El proceso electoral culminado el pasado domingo en Bielorrusia no hizo más que empezar ya que ni los opositores al régimen de Alexander Lukashenko ni las organizaciones internacionales desplegadas en la zona para velar por el buen cumplimiento que todo proceso democrático tiene que demostrar, entre ellas la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) reconocieron los resultados conocidos en los días posteriores. Una vez que la televisión estatal ofreció el reparto de los votos se conoció que el propio Lukashenko había alcanzado una estimada cifra del 82 por ciento de los sufragios, porcentaje muy superior al 6 por ciento de su rival directo en la pugna por el poder, Alexander Milinkevich, quien apeló a la responsabilidad internacional para anular unas elecciones que habían carecido de toda transparencia. Los otros dos candidatos potenciales de alcanzar una cifra significativa fueron Serguei Gaidukievich y Alexander Kozulin, quienes no alcanzaron la barrera psicológica del 5% de las papeletas, quedándose en unos exiguos 3 por ciento del total depositado en las urnas electorales.

Así pues se culmina la permanencia en el poder del último dictador de Europa, un hombre que se forjó en la agraria región natal de Mogilev, zona en la que se mantuvo durante ocho años hasta que en 1994 decidió dar el salto a la política estatal presentándose a unas elecciones que contaban como favorito al por entonces presidente ´de facto´ de la república, Stanislav Shushkevich, quien fue acusado constantemente de malversación de fondos públicos, hecho que provocó su derrota y la subida al poder de un hombre que entró con pies de plomo y que se transformó en un autoritario representante de la antigua URSS. Al llegar al poder impuso una política proteccionista en la que la mayor parte de la población vive bajo los rescoldos de una agricultura mal pagada y con un sistema energético dependiente de la vecina Rusia. Sus desavenencias con Estados Unidos se antojaron habituales desde que en 1995 derribara un globo aerostático que aterrizó por error en territorio eslavo. Su política defensora de dictadores como Sadam Husseín o del régimen iraní de los ayatolás le valió la inclusión por parte de la administración norteamericana en el llamado “Eje del Mal”.

Pese a que la constitución bielorrusa limitaba el mandato electoral a cuatro años como máximo sin posibilidad de extenderse en el poder más de una legislatura, su reforma electoral modificaba hasta los siete años su permanencia en el poder y eliminaba el número de veces que podía ostentar la presidencia. La obstrucción de toda libertad, con asesinatos selectivos de opositores al régimen pro-ruso, y la eliminación de la prensa contraria a las medidas adoptadas por el economista fueron parte de la bandera que lleva enarbolando desde hace muchos años. La fuerte alianza que mantiene el Rusia con Bielorrusia data de 1998 cuando el máximo dirigente ruso por ese entonces, Boris Yeltsin, y el mandamás bielorruso, Alexander Lukashenko, firmaron un acuerdo por el que ambos países pasarían a ser sólo uno, si bien en 2002 fuera el propio presidente de la Federación rusa, Vladimir Putin, quien dejara en papel mojado lo plasmado anteriormente.

La marea de opositores sigue alcanzando el palacio presidencial situado en la capital del país, Minsk, hecho apoyado no sólo por las organizaciones supranacionales sino por los propios países de la zona, además de Estados Unidos, que intenta por todos los medios que las revueltas que acabaron con los pro-moscuvitas Leonid Kutchma y Eduard Shevernadze se extiendan hacia este país. Sólo queda un aliado en la zona al dirigente bielorruso, el propio Putin. Ante la situación de movida generalizada, el jefe de Estado puede “sacar a la calle” al ejército, en un intento desesperado de calmar unos ánimos que están más que exaltados desde hace varios años.

Los cambios en los principales diarios españoles no hacen más que sucederse y si hace poco fue José Antonio Zarzalejos quien ocupara el cargo de Ignacio Camacho al frente de una de las históricas cabeceras, ABC, ahora le toca el turno al principal periódico español, El País. El anunciado relevo en la dirección del diario más vendido a nivel estatal se anunció hace varias semanas, pero no fue hasta esta semana cuando se confirmó con total certeza. Tras trece años en el cargo, Jesús Ceberio va a ser remplazado en el cargo de director por el hasta hace poco tiempo director de la cabecera económica Cinco Días, Javier Moreno. Su nombramiento va a producirse toda vez que el presidente del Grupo Prisa, empresa editora de El País, Jesús de Polanco, haya propuesto a este licenciado en Ciencias Químicas como futuro máximo responsable del diario progresista.

El hasta este momento jefe del periódico, Jesús Ceberio, va a seguir con su camino de periodista tras haber pasado antes por algunos diarios como El Diario Vasco e Informaciones, y haber sido corresponsal de Televisión Española. En su andadura por la cabecera de referencia ha tenido muchas responsabilidades como las de redactor jefe, subdirector y director adjunto, antes de hacerse con el puesto que hasta entonces desempeñaba el actual responsable formación estudiantil de El País y columnista económico, Joaquín Estefanía. A partir de ahora va a realizar una labor de control de las empresas aglutinadas bajo el dominio de Prisa.

El nuevo director es un hombre de la casa, ya que desde 1992 desarrolla una labor imprescindible en la sección de Economía del rotativo. Posteriormente pasó a dirigir la edición mexicana del diario, lugar en el que se mantuvo varios años en los que cubrió importantes acontecimientos como las cumbres del Fondo Monetario Internacional (FMI) o la sucesión al frente del monolítico Partido de la Revolución Institucional (PRI). En 2002 fue nombrado corresponsal en Berlín, aunque estuvo poco tiempo en este puesto que un año después fue situado al frente de la cabecera económica del grupo, Cinco Días. En 2005 fue relevado en el cargo y pasaría a formar parte de El País como director adjunto, situándose en la lanzadera para pasar a ser el jefe del medio escrito de información general que más ha crecido en ventas y publicidad de los últimos tiempos.

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