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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Chapapote inmobiliario

Silvia Aguilar
Redacción
jueves, 23 de marzo de 2006, 04:16 h (CET)
La costa de la muerte, tan castigada a lo largo de la historia con numerosas tragedias ecológicas, sufre ahora una nueva aún más contaminante que un vertido de fuel.

Sus preciosas playas se ven amenazadas por la especulación inmobiliaria y los gobiernos ávidos de dinero fácil “pringado” de corrupción, que se evidencia en el sospechoso enriquecimiento de unos cuantos.

El caso del Ayuntamiento de Finisterre (a Coruña), es especialmente alarmante. El Gobierno actual tiene secuestrado el nuevo plan de urbanismo desde hace más de veinte meses. En el nuevo plan se limita la habitabilidad de los terrenos, por ese motivo, en estos últimos meses se están comprando parcelas a toda prisa, pagando comisiones ilegales a los responsables y urbanizando a lo loco, tanto es así, que quien quiera investigar el asunto se encontrará con una mancha más negra que el temido Chapapote.

Nadie parece preocuparse del alcantarillado inexistente, de planificar un trazado de calles y alumbrado público, por no hablar de zonas comunes, paseos o parques. Las licencias de construcción se conceden a dedo, se según se tenga o no los favores de la alcaldía.

¿Por qué no sale este naufragio en los medios de comunicación? Es posible que sus efectos sean más devastadores que los del Prestige. Los miles de voluntarios que se enamoraron de estas tierras maravillosas, cuando vinieron a ayudarnos en momentos tan difíciles, pueden desgraciadamente reencontrarse en pocos años con una costa que ha perdido su identidad.

Lejos de aprovechar el interés turístico para evolucionar hacía un turismo de servicio y calidad, se está avanzando hacia el caos de una infraestructura corrupta con pies de barro, sin las más básicas prestaciones.

El pasado año en el pueblo de Finisterre, se restringió el suministro de agua a unas pocas horas al día, debido al incremento de la población en verano. Hoy, el problema continúa y este año 2006 se espera doblar el número de turistas en la zona. Sin embargo, el precio de la vivienda ha subido en dos años un 300%, es evidente que la moraleja es: “coge el dinero y corre”.

Aquí el petróleo de las playas se ha llamado siempre “Jalipota”, lo llevábamos a casa en las suelas de las chanclas, ahora que sale en la tele se llama Chapapote; queda mejor ponerle a todo esto la etiqueta de “Boom Inmobiliario”, pero cuando algo huele mal y pringa… tiene otro nombre.

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