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En el punto de mira

Joaquín Castillo
Redacción
miércoles, 22 de marzo de 2006, 22:23 h (CET)
Hay una camada nueva de árbitros (más algunos de los viejos) que movilizan con sus actuaciones, adentro y afuera de la cancha, los comentarios futboleros de la semana. Existe una moderna cultura televisiva que se suma a la antigua costumbre de juzgar a los arbitrajes (profesión comprometida, si las hay) livianamente, con un puñado de conceptos sueltos y convenientes, sin idoneidades comprobadas en el tema, desde lejos, y sin atender a las presiones lo rodean y condicionan. Cualquier referí es un bombero o un ladrón, en el desprejuiciado idioma del aficionado, o un inepto o un incapaz (la forma elegante de disimular la acusación de corrupto), según la cómoda interpretación de dirigentes, entrenadores, jugadores o periodistas que nunca se acercaron, ni por asomo, al ejercicio de la función, ni al alma de los ejecutantes.

Seguramente hay mejores y peores arbitros. Y habrá corruptos (a los que hay que identificar con pruebas y denunciar) que salpiquen la dignidad de los honestos. Pero es injusta la crítica intencionada, reforzada con la visión reiterada de imágenes televisivas, cuando se sabe que el árbitro debió resolver sin esa ayuda.

Y es ésa, la nueva cultura televisiva la que ha cambiado las reglas de juego. La que eliminó ese cierto misterio que le ponía interrogantes a la intimidad y abría el atractivo abanico de las suposiciones. Las cámaras y los micrófonos atacan desde todos los ángulos y en todo momento. Eso es muy bueno para analizar o disfrutar un partido, pero se transforma en nocivo cuando se buscan declaraciones impactantes de jugadores agotados, desbordados o se busca el sensacionalismo con las reacciones de técnicos alterados, presionados, en su sector privado. Y al cabo, la tentación de las cámaras invita a simulacros de funciones circenses. Todos son actores. Los técnicos que gesticulan y gritan porque saben que las cámaras vigilan. Los jugadores que fingen. Los árbitros que hasta se maquillan para salir más saludables.

Por el bien del futbol, por el bien de este juego nuestro, hay que dejar de juzgar cada jugada arbitral, porque lo unico que consigue es incrementar la crispación de una sociedad que solo necesita una chispa para estallar, hay otro deportes como el Rugby en el que solo uno (el capitan) puede hablar con el colegiado, y si una palabra es mas alta que otra se le sanciona duramente, quizas debamos aprender de deportes mas modestos pero mas señoriales..

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