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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La eliminación de la Rosa

Mariano Estrada (Alicante)
Redacción
martes, 21 de marzo de 2006, 22:32 h (CET)
El empecinamiento de Zapatero en conseguir una tregua de ETA, está llevando a los miembros del Gobierno, del PSOE y afines a ensartar una serie de barbaridades que los ciudadanos debiéramos enmendar, llegado el momento. Por ejemplo, al Fiscal General del Estado, el señor Conde-Pumpido, le ha llevado a decir que es “grave” y “preocupante” que el Juez de la Audiencia Nacional, Fernando Grande-Marlaska, en el ejercicio de sus funciones y en cumplimiento estricto de la ley, encarcele a determinados miembros de Batasuna-ETA que han sido pillados in fraganti en la comisión de un delito. Lo curioso es que a mí, como ciudadano que no debe favores ni prebendas al Gobierno ni a la Oposición, me da mucha más confianza la actuación del citado juez que la obediencia ciega del Fiscal General del Estado a la muy cuestionable acción política del Gobierno, consistente, digan lo que digan, en obtener una tregua urgente de la banda terrorista, ya que de lo contrario se les viene encima todo el castillo de naipes que ha concebido Zapatero en esa habitación de la Moncloa a la que tienen acceso los correveidiles, las pitonisas, los oráculos y las estrellas. Por eso Conde-Pumpido ve una especie a proteger donde Marlaska ve simplemente a un delincuente. Menos mal que los jueces y fiscales son bastante sensatos y le han dicho al Fiscal General que si no está de acuerdo, recurra. Recurra usted, oiga, y que cada palo aguante su vela.

Mientras tanto, al ministro de Justicia, Juan Fernando López, cuya boca es un disco rayado de papa gaya que no transmite mayor credibilidad, se le ha ocurrido decir que el único ruido que ha habido en estos dos años de Gobierno es el que ha hecho el PP. Pues hombre, hasta los dirigentes del PSOE saben que el ruido del PP se ha limitado a los pataleos en los escaños del Parlamento, a las proclamas políticas y mediáticas o a las pancartas callejeras, en las que el PSOE ha ejercido siempre un consumado magisterio. Por lo que se ve, el ministro de Justicia, tan sensible a los ruidos de sus adversarios políticos, no ha tenido el gusto de oír las explosiones de un número importante de bombas que los etarras han puesto en las oficinas de determinados empresarios con el objeto de que cedan a la extorsión. Eso, el Ministro no lo ha oído. Lo curioso es que a mí, que soy tan afín al PP como pueda serlo Rosa Díez, no me perturba el mencionado ruido de la Oposición, sino el de las bombas. Es más, el ruido de la oposición lo veo constitucional y necesario, entre otras razones, para que no salgan los presos de sus oscuras mazmorras antes de tiempo y para que no sean humilladas las víctimas, que son las que han aguantado el dolor y las que han mantenido viva la esperanza de que un día todos podamos ver a ETA desarmada y rendida . Incluso es necesario ese ruido para que el niño endeble de Batasuna, que va de bronca en bronquitis y acaba por neumonías, no salga a hombros por las puertas de la Audiencia Nacional, hablando pomposamente del “conflicto” de Euskal Herría, en el que incluye los Sanfermines de Pamplona, la Fiesta Nacional Francesa y una buena parte del Far West y del Peloponeso. Es fácil imaginarse a este individuo saliendo por la puerta de la victoria y, con el puño en alto, arengar estrepitosamente a sus fieles: “Vamos ganando”.

¿Y qué decir finalmente del fratricidio cometido en la persona de Rosa Díez, mujer honesta y valiente donde las haya (y no precisamente de cuota, sino de las que se lo han ganado a pulso), acusándola vergonzosamente de trabajar “en sintonía” con el PP en la comisión LIBE del Parlamento Europeo, cosa que ella misma se ha encargado de desmentir, reservándose el derecho, si fuera necesario, de demostrarlo citando algunos nombres de su entrañable partido? El preconizado talante de Zapatero no admite otra discrepancia que el sello de correos en los labios y punto en boca y chitón. Ya no es aquello de que quien se mueva no sale en la foto, que hizo famoso Alfonso Guerra, sino que se ha pasado a la destitución pura y dura y al confinamiento en el silencio y en la sombra. Si entre los dirigentes del PSOE hubiera un poco de dignidad, no faltaría quien le espetara a Zapatero: “querido José Luís, somos un partido de compañeros que llevamos mucho tiempo apiñados en torno a una manera de proceder, a unos ideales y a unos símbolos. Pero tú, no sólo has perdido el talante, sino que te has apropiado sañudamente del puño, del que acabas de eliminar a la Rosa”.

La Rosa es Rosa Díez, un símbolo de resistencia, de integridad y de honestidad, tanto en el País Vasco como en España. Sea éste mi pequeño homenaje.

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