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Ucrania: Fin de la época romántica

Alexei Makarkin
Redacción
lunes, 20 de marzo de 2006, 22:59 h (CET)
En Ucrania ha terminado la época romántica. El período de la “revolución naranja” con su desborde de emociones callejeras y enfrentamiento entre el mal y el bien ha pasado a la historia, cediendo a una época de transacciones políticas pragmáticas.

A fines de 2004, los europeos no dudaban de que Víctor Yuschenko era un político honrado a quien le impedían llegar a ser presidente ciertas “fuerzas del mal” que se asociaban con el régimen de Leonid Kuchma y personalmente con el entonces primer ministro Víctor Yanukovich. Esas “fuerzas siniestras” se distinguían a su vez por un alto nivel de corrupción y procuraban falsificar a toda costa los resultados de las elecciones. Pasó algo más de un año, y esos clichés casi cayeron en el olvido. Ahora se discuten otros asuntos: por ejemplo, la composición de la futura coalición gubernamental cuyas configuraciones más distintas pueden formarse por tres principales fuerzas políticas de la nación: el Partido de las Regiones (Víctor Yanukovich), el partido “Nuestra Ucrania” (Víctor Yuschenko) y el Bloque de Julia Timoshenko.

Efectivamente, la coalición “naranja” de Yuschenko y Timoshenko se deshizo ya el año pasado, convirtiéndose los antiguos compañeros en enérgicos oponentes. Y no es de sorprender si se tiene en cuenta el hecho de que la carrera política de Timoshenko en gran medida se base en un activo empleo del populismo. Desempeñando el cargo de primera ministra, se destacó por su afán de revisar a fondo los resultados de la privatización, lo que podría ahuyentar de Ucrania a inversores extranjeros a quienes la revolución tanto esperaba atraer. Yuschenko, en cambio, estaba interesado en emprender acciones bien concretas como, por ejemplo, la de revisar los resultados del concurso para la privatización de la empresa “Krivorozhstal”, lo cual tenía que evidenciar el cumplimiento de los compromisos electorales y engrosar el arca pública.
Un examen más minucioso muestra que los partidarios de Yanukovich no parecen ser adeptos del autoritarismo odioso sino defensores de los intereses políticos y económicos de la élite de las zonas orientales del país. Por lo tanto, están dispuestos a transigir en lo que sea, sin vulnerar las prioridades esenciales de los hombres de negocios del Este de Ucrania. Es indudable que la mayoría absoluta de la élite ucraniana quiera vivir en una Europa unida, si bien sólo la minoría está dispuesta a sacrificarse económicamente para lograr este objetivo.

Desde luego que las fuerzas políticas de Ucrania difieren las unas de las otras en lo concerniente al nivel de su “occidentalismo”. Es de dudar que un Gobierno que cuente con la participación del Partido de las Regiones haya decidido imponer el bloqueo económico a Transnistria (república no reconocida cuya existencia provoca una fuerte irritación de la Europa unida), como lo ha hecho el Gobierno compuesto por los partidarios de Yuschenko ya en la fase final de la campaña electoral. Pero si los partidarios de Yanukovich pasan a formar parte del Gobierno, estas medidas no serán necesariamente canceladas, lo que se debe únicamente a razones de pragmatismo.

Pero, ¿qué será de la idea de Yanukovich de celebrar un referéndum sobre el ingreso en la OTAN? Mientras Yuschenko intenta lograr que Ucrania ingrese en al OTAN lo más pronto posible, Yanukovich se manifiesta en contra de un “ingreso precipitado” mas a favor de la cooperación.

Hablando en rigor, se trata de escoger entre las variantes acelerada y lenta de integración atlántica. Recordemos que a este respecto en España, durante la campaña electoral de 1982, los socialistas también se opusieron al ingreso en la OTAN, pero el Gobierno de centro-derecha logró integrar al país en la alianza. Después de ganar las elecciones, los socialistas cambiaron de chaqueta, moldearon a la opinión pública de manera que necesitaban y celebraron un referéndum, después del cual el país ingresó en la OTAN como miembro pleno. En 1982, el político socialista Javier Solana entonces poco conocido se mantenía en las posiciones críticas con respecto al Bloque Noratlántico.

¿Cómo podrá Occidente resignarse a la posible coalición del “honrado” Yuschenko y el “deshonesto” Yanukovich? Muy sencillo. A Occidente le era inaceptable Yanukovich como presidente que llegaría al poder, como allí se pensaba, valiéndose del fraude electoral. Pero los “occidentalistas” no se oponen a Yanukovich como ministro o primer ministro en caso de que los observadores europeos reconozcan que el Partido de las Regiones ha obtenido tantos votos cuantos figuran en las actas de la Comisión Electoral Central.

Después de las elecciones, lo más probable es que empiece un regateo largo y latoso sobre la formación de la coalición gubernamental. Resulta evidente que no es posible lograr una “coalición grande” integrada por todos los tres líderes, mientras que dos partidos pueden no obtener en total la mayoría absoluta. En tal caso puede crecer el papel de las fuerzas políticas de segunda fila dispuestas a desempeñar el papel de socios menores en cualquier coalición: los socialistas con Alexander Moroz a la cabeza y el Partido Popular presidido por el actual presidente del parlamento, Vladimir Litvín. Ni los unos ni los otros se oponen a la integración europea.

¿Significa ello que después de las elecciones el camino de Ucrania hacia la Europa unida parece casi idílica? Esta conclusión sería muy errónea. Recordemos que para la mayor parte de la élite ucraniana la economía prevalece sobre la política. Así las cosas, toda coalición gubernamental a duras penas adoptará decisiones poco populares, pero se verá fuertemente dependiente de los cabilderos de los negocios. Por ejemplo, lo más probable es que la integración europea provoque una fuerte reestructuración de la economía ucraniana que afectaría ante todo al Este del país con su industria altamente desarrollada ya desde la época soviética. De la misma forma, todo Gobierno de coalición del que formen parte los populistas – que son los partidarios de Timoshenko y los socialistas – difícilmente adopte medidas de austeridad que favorecen la estabilidad financiera tan indispensable para la opción europea, pero que afectan a las capas más pobres de la población.

Hagamos constar también que toda coalición gubernamental postelectoral será bastante precaria, lo cual disminuye aun más sus posibilidades para aplicar una política socioeconómica razonable. No se descarta que a Ucrania le esperen permanentes cambios gubernamentales en que una coalición sustituya a otra en el poder. Así las cosas, la perspectiva de entrar en Europa, independientemente de los deseos de la élite ucraniana, seguirá siendo vaga para el país.

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Alexei Makarkin, Director General adjunto del Centro de Ingeniería Política, RIA Novosti.

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