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La televisión se 'mueve'

Pascual Falces
Pascual Falces
lunes, 20 de marzo de 2006, 22:59 h (CET)
Hace unos pocos días, esta columna observaba que algo ha de cambiar para que la televisión permanezca ante el gran contrincante que es el meteórico ascenso de Internet como fuente de distracción para el ocio o la información (Siglo XXI.com –21 febrero, 2006-) Pero no se mencionó la deriva política que arrastra la dirección de nuestra televisión desde sus orígenes. En “aquellos tiempos” del franquismo, la única cadena existente, TVE, estuvo al servicio de los intereses del “movimiento” que gobernó España durante cuatro décadas. Tal vez, ni siquiera los mandatarios eran conscientes del poder que tenía este medio por estar en sus balbuceos. Con los tiempos democráticos, esta servidumbre se hizo más evidente al poder establecer comparaciones entre los correspondientes directores generales de UCD, socialistas, o del Partido Popular.

Las nuevas cadenas privadas tampoco resistieron a esa inclinación hacia la politización que conlleva una garantía de audiencias. Mientras estas últimas batallaban por aumentar sus cuotas de pantalla, la TVE siguió incrementando su astronómico déficit como elemento subvencionado por los intereses de quien ocupara el Gobierno. Nunca estuvo al servicio del Estado, sino del Gobierno, y de ahí la larga mano que, con generosidad, soportó las pérdidas acumuladas impávidamente. En la batalla de las privadas surgieron los vicios de contraprogramación que se comentaron en la mencionada y anterior columna sobre este tema.

En grandes rasgos, por tanto, así ha sido el panorama: “agujero” económico para la cadena gubernamental, y envilecimiento por contraprogramación para las privadas. Ahora bien, las cosas se van a modificar con la aparición de nuevas cadenas privadas al servicio descarado de intereses políticos; una en emisión abierta ya, y la otra de próxima apertura. Se da, además, el caso de que la televisión “de pago” no ha prosperado en este país, e, incluso ha tenido sonados fracasos. En esta circunstancia, la publicidad es la única fuente de recursos para engorde de la cuenta de resultados de la compañía que explota una cadena. Y, aquí surge lo que, en lenguaje moderno, se diría la “gran movida”: mientras el Ente público, manipulado, siga disfrutando de audiencia, los anunciantes se servirán de ella en detrimento de las demás. De esta manera, no resulta arriesgado aventurar que Televisión Española tiene sus días contados, al menos, en su actual estructuración. Por una parte, los televidentes saben ya, por años de experiencia, que sus noticias responden a la “voz de su amo”, y su número es rebasado por los telediarios de otras orientaciones. Por otra parte, como ya se ha señalado, se lleva buena parte de la publicidad que demandan las cadenas privadas auspiciadas por el poder.

Con estos cambios, las televisiones cuyos beneficios ideológicos y crematísticos estén al servicio de partidos, o de intereses privados no tan definidos, prosperarán; pero algo se habrá ganado. Será la publicidad, los “anuncios”, quien las financie, no como hasta ahora se ha venido haciendo con la cadena gubernamental sostenida por el presupuesto nacional. Aún así, y todo, nada podrá con Internet, mientras mantenga la libertad de que ha disfrutado hasta ahora. Otra cosa será cuando decidan los poderes públicos, y no tan públicos, “meterle mano”, y termine siendo delito opinar por libre en cualquier publicación digital, colectiva o personal. La lucha será esa; acallar el “ente” para que la publicidad huya de entre sus programas, y perseguir Internet para que la libertad llegue a ser un recuerdo del pasado, es decir, de lo que es hoy, todavía. Esto si que es la lucha entre el bien y el mal, entre la manipulación y la libertad; la eterna lucha que los creyentes en el Poder Eterno saben muy bien quien ha de ganar y, por ello, mantienen el optimismo, pese a todo.

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