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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Mandarines prepotentes

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 20 de marzo de 2006, 05:00 h (CET)
Qué lejos estamos de aquella autenticidad que nombraban los poetas y filósofos; también de aquellas proclamas de los dirigentes ilustres, bien fueran empresarios o políticos. Es más moderno el desarrollo de una tragicómica esquizofrenia, se ocupan los discursos en una defensa encendida de la autonomía personal en todas las actividades de las gentes, sean íntimas o grupales: mientras, sus montajes manipulan u obturan cualquier aproximación al ideal defendido. No son discursos consecuentes para la promoción de una acción libre, mangonean a la luz y a la sombra. Con tan pocos escrúpulos, llegan a alcanzarse cotas cercanas al sadismo -Irak, Chechenia, industrias químicas, masacres ideológicas. Del dicho al hecho... menudo trecho.

El "vuelva usted mañana" o el caciquismo pueblerino resultan ahora desfasados. ¿Ya se eliminaron esos comportamientos? ¡Quiá! Han sido desplazados por desbordamiento, las cosas ahora se realizan a gran escala, auténticos gigantes comparados con aquel ridículo funcionario o el mandamás del pueblo. Vean sino como le atienden rápidamente en alguna ocasión, otras tendrá que esperar, pero eso es una minucia porque se han multiplicado los mostradores, aumentaron los requisitos, los certificados, homologaciones y finuras documentales. Queda la esperanza de rellenar un día todos los huecos del impreso inicial.

No digo que no existan caciques, pero un pueblo que se precie -miren, lean sus comunicados- tiene su propio juego de siglas (PAI, MAI, CUI, TAS, o cuantas a ustedes se les ocurran). Eso permite una fachada para la distracción del personal. Detrás ya no está D. Fulano, se trata de sociedades, acciones, consejeros y vividores; D. Fulano ya se encargará de estar en todo eso, pero no aparece directamente. Una vez conseguida la posición, se apropiarán de lo que haga falta, pueden venderle lo inexistente, mientras ellos se benefician de maneras variables. Cuando menos, es curioso como se van montando el ensamblaje, los sujetos de base -uno por uno- no cuentan; adquiere relevancia cualquier encargado de esas congregaciones dinerarias, de cada sector. Así brotan los prepotentes MANDARINES, el encargado de relaciones y adulaciones, los tapados intoxicadores de las masas, propietarios de las sociedades dependientes y hasta infiltrados en ambientes ecologistas. Estos y similares, adquieren inmunidad delegada, se convierten en puntos fuertes de la trama.

Echemos un vistazo a eso tan manido, si bien aún más sufrido, como es el campo de los primeros empleos, esa jungla de paso obligado para los que piensan en trabajar. No vayamos a pensar de forma simplona en el mérito, la sencillez y la laboriosidad; tampoco en formas de selección neutras y concienzudas; ni mucho menos en la claridad meridiana de los comportamientos. Son dignos de mención esos aparcamientos para aspirantes al empleo, en forma de listas, bolsas, perfiles teledirigidos; y no se pierdan en detalles nimios, la clave está en el MANDARÍN de cada uno de esos sectores, sus cuitas y preferencias más o menos justificadas. ¿Qué pasa con los interinos casi eternos? No escasean los que se ven obligados a permanecer en esa condición 15 o más años, ¡Menudo porcentaje de su vida laboral! Tampoco finaliza ahi el vistazo, empresas de selección, gestores de trabajos temporales, arregladores de contrato, subempleo. La precariedad e intrincado del mecanismo promueve un sometimiento servil donde las ínfulas del mandarín ejercen su despotismo. Estamos ante unas maquinaciones perversas.

Cada ocupación, diferentes servicios al ciudadano, areas deportivas o negocios, van generando esas figuras con cierto poder. Con el menor encumbramiento, por modesto que sea, ya miran, y sobre todo, tratan con menosprecio a los más llanos, para ellos meros números. Como solía decirse, jefes de negociado, por pequeño que fuera el negocio a desarrollar. Constituyen ese eslabón que está un pie por encima de la gente. En sí no debieran de constituir una malicia tan generalizada, pero les pierde el servilismo hacia arriba y el desdén hacia los de abajo. Mequetrefes de cuño moderno y sello antiguo. La adulación servil es una actitud muy preferida por estos sujetos, le sigue el engreimiento, y de ahí ya existen pocos pasos para impedirles el contacto adecuado con las bases. ¿Cuestión de actitudes? ¿Porqué las seguimos tolerando? Da que pensar.

La figura caricaturesca del MANDARÍN, a medio camino entre el cacique y la mediocridad absoluta, asienta entre dos conceptos muy orteguianos y quevedescos. No son otros que el resentimiento y la envidia. Tanto se habla de igualdad que ellos la confunden con todo da lo mismo. Por eso, si subió un escalón, tiene el mismo valor de los grandes personajes. Y ahí sufre el primer encontronazo, cuando se ha de enfrentar a la labor propia de su puesto de medio mando, su mediocre condición no le permite objetivos lucidos, no pasan de una actividad roma, y esa es su FRUSTRACIÓN, a descargar sobre los situados en escalones inferiores. Ortega lo expresa así en El Espectador: "El triunfo social envenena más su interior, revelándoles el desequilibrio inestable, a toda hora amenazado por un justiciero derrumbamiento". Si en esa tesitura frustrante se suma la ENVIDIA quevedesca, el figurón de media punta, aquel frustrado mandarín, rezumará rencor, desdenes o lo que sea menester, y contra los débiles.

Podremos admitir que como condición humana se repita esta figura del MANDARÍN, lo que ya no es tan aceptable es su promoción amortiguadora, para colocarlo entre el mandamás y los individuos que intentan vivir su vida. Tampoco se comprenden las actitudes acomodaticias de sindicatos, asociaciones o ciudadanos. Y me da la impresión de que se incide poco en la distorsión originada en estos figurones. No todos los detentadores de puestos a diversa altura actuarán así, pero la historia, la condición humana y los ambientes, favorecen esas tendencias. Se trata de resaltar esos malos comportamientos cuando se produzcan.

Si no se reacciona, las elucubraciones irán engordando las trabas, llegando a no distinguir el interés general, dividido en una serie interminable de recovecos, ¿Inalcanzables? No deberán sorprendernos reacciones intempestivas o revueltas, mal estar y resentimientos, pero ahora desde abajo y justificados. No más observemos las protestas y algaradas francesas ante el nuevo plan para primeros empleos de su gobierno, con el despido libre incluído.

No es la prepotencia, ni las trabas en cada escalón, el camino a seguir.

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