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Etiquetas:   Cartas a un ex guerrillero   -   Sección:   Opinión

Una paz que supera toda inteligencia

Sor Clara Tricio
Sor Clara Tricio
lunes, 20 de marzo de 2006, 05:00 h (CET)
Querido Efraín: Donde está el corazón del hombre allí está también su tesoro; pues el Señor no suele negar la dádiva buena a los que se la han pedido. Y ya que el Señor es bueno, y mucho más bueno todavía para con los que le son fieles, abracémonos a él, estemos de su parte con toda nuestra alma, con todo el corazón, y con todo el empuje de que seamos capaces, para que permanezcamos en su luz, contemplemos su gloria y disfrutemos de la gracia del deleite sobrenatural. Elevemos, por lo tanto, nuestro espíritu hasta el Sumo bien, estemos en él y vivamos en él, unámonos a él; ya, que, su ser supera toda inteligencia y todo conocimiento, y goza de paz y tranquilidad perpetuas, una paz que supera también toda inteligencia y toda percepción.

Éste es el bien que lo penetra todo, que hace que todos vivamos en él y dependamos de él, mientras que él no tiene nada superior a él, porque es divino; pues no hay nadie bueno, sino sólo Dios, y, por lo tanto, todo lo bueno es divino, y todo lo divino es bueno; por ello se dice: “Abres tú la mano, y sacias de favores a todo viviente”; pues por la bondad de Dios se nos otorgan todos los bienes, sin mezcla alguna de mal. Bienes que la Escritura promete a los fieles, al decir: “Lo sabroso de la tierra comeréis”.

Hemos muerto con Jesucristo y llevamos en nuestro cuerpo la muerte de Cristo, para que la vida de Cristo se manifieste en nosotros. No vivimos ya aquella vida nuestra, sino la de Cristo, una vida de inocencia, de castidad, de simplicidad y de toda clase de virtudes; y ya que hemos resucitado con Cristo, vivamos en él, ascendamos con él, para que la serpiente maligna no pueda dar en la tierra con nuestro talón para herirlo.

Huyamos de aquí. Puedes huir en espíritu, aunque sigas retenido en tu cuerpo; puedes seguir estando aquí, y estar, al mismo tiempo, junto al Señor, si tu alma se adhiere a él, si andas tras sus huellas con tus pensamientos, si sigues sus caminos con la fe y no basado en apariencias, si te refugias en él, ya que él es refugio y fortaleza, como dice David: “A ti, Señor, me acojo: no quede yo derrotado para siempre”.

Así que si Dios es nuestro refugio y se halla en el Cielo y sobre los cielos, es hacia allí hacia donde hay que huir, donde está la paz, donde nos aguarda el descanso de nuestros afanes y la saciedad de un gran Sábado, como dijo Moisés: “El descanso de la tierra os servirá de supervivencia. Pues la saciedad, el placer y el sosiego están en descansar en Dios y, por su misericordia, contemplar su felicidad”. Huyamos, pues, como los ciervos, hacia las fuentes de las aguas; que sienta sed nuestra alma como la sentía David. ¿Cuál es aquella fuente? Óyele decir: “En ti está la fuente viva”. Y que el alma diga a esta fuente: ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios? Pues Dios es esa fuente.

Deseando os encontréis todos bien, recibir con mis mejores recuerdos, un entrañable saludo, CTA.

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Sor Clara Tricio es religiosa, actualmente residente en Segovia (España), después de algunos años de su vida transcurridos en colegios de Latinoamérica y sur de EEUU. Mantiene correspondencia con Efraín Barrios Molino, antiguo luchador por la justicia social en Centroamérica.

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