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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Crisis

Jesús Paniagua
Redacción
domingo, 19 de marzo de 2006, 04:03 h (CET)
Mientras a este lado de los Pirineos la máxima expresión de rebeldía juvenil, parece ser la celebración de macrobotellones, la juventud francesa está de nuevo en la calle; y ya no se puede decir que se trata de emigrantes excluidos que queman coches. La clave de las protestas está en la devastación de unos derechos sociales y laborales edificados durante largo tiempo por un movimiento obrero vigoroso que ahora intenta ser castrado desde imperativos neoliberales.

Francia registró en la última década en desempleo promedio superior a 10 por ciento -uno de los peores de la Unión Europea-, en tanto el paro entre los jóvenes menores de 25 años se situó en 20 puntos porcentuales durante casi una generación.Las precarias condiciones de ocupación entre la juventud francesa llevaron a que los graduados universitarios emigren a otras naciones de la UE, en especial, Irlanda, en busca de mejores opciones laborales.

El jefe del Gobierno conservador, Dominique de Villepin se ha sacado de la manga el CPE (Contrato de Primer Empleo), que algunos traducen "CPE: C como desempleado ('chomeur' en francés), P como precario y E como explotados", y que supone una vuelta de tuerca más hacia la desregulación total del mercado de trabajo y un posible aviso de lo que nos espera al resto de trabajadores europeos.

Los números de una crisis:
* El 23% de los menores de 25 años está en paro. Un 40% si no tienen ninguna titulación.
* El poder adquisitivo de los menores de 35 años ha descendido un 5% en los últimos años.
* El 12% de los trabajadores entre 15 y 29 años tiene un empleo precario.
* Un 67% de los jóvenes entre 21 y 24 años piensa que una titulación no es una garantía contra el paro.
* El 90% de los jóvenes franceses entre 19 y 24 años viviría bajo el umbral de la pobreza si contase únicamente con sus recursos.
* En 1975 los asalariados de 50 años ganaban el 15% más que los de 30. En 2004 ganan un 40% más.
* Más del 50% de los universitarios están obligados a trabajar mientras estudian, ya sea a tiempo completo o parcial.
* Con 18 años un joven de cada 5 abandona sus estudios. El 8% no acaba la secundaria.
* Un licenciado tarda entre 8 y 10 años en conseguir un contrato indefinido.

Fuente: La Razón
La emblemática Universidad de la Sorbona se ha convertido en uno de los escenarios clave de las protestas estudiantiles. A principios de marzo fue ocupada por cientos de estudiantes que fueron desalojados horas después. Desde entonces permanece cerrada, apareciendo literalmente blindada por las fuerzas antidisturbios, extendiéndose la revuelta a buena parte de las universidades y liceos del país.

En grandes líneas, este contrato tendrá una duración indefinida y se destinará a los menores de 26 años que trabajen en empresas de más de 20 empleados.

Uno de sus puntos más polémicos es el hecho de que la empresa podrá despedir durante los primeros dos años de vigencia del contrato, sin dar ninguna explicación o compensación, al trabajador que se ve encadenado al CPE.

"Generación de usar y tirar", titulaba el diario francés Liberation para ilustrar el futuro que afrontan los jóvenes franceses al terminar sus estudios e incorporarse al mercado laboral.

Que nadie vea romanticismos en estas movilizaciones, ni en las protagonizadas por los jóvenes emigrantes de origen magrebí. No estamos ante un nuevo “Mayo del 68” como algunos quieren ver. Muchos estudiantes rechazan cualquier similitud, no se trata de poner en cuestión todas las ideologías de la sociedad, a pesar de que es cierto que no están satisfechos con el giro que está tomando la política francesa y señalan la necesidad de un cambio de profundo. La reivindicación es muchos más inmediata: echar atrás el CPE, como antes lo fue denunciar la hipocresía del racismo institucional.

Porque, al fin y al cabo, aunque la playa permanece debajo de los adoquines, el divorcio entre la sociedad real y la clase política es también, en Francia, una constante en la que se ven con esperanza indicios de alegre insumisión, como pudieron constatar, con la subsiguiente sorpresa, los eurócratas de Bruselas ante el mayoritario rechazo galo a la Constitución Europea.

Movimientos de estas características, de rebeldía ciudadana, de oposición al hegemonismo mundialista, son los que a los falangistas auténticos nos hacen soñar que algún día la imaginación llegue al poder. Lo importante ahora es que nadie nos diga “Tois jeune et tais toi”.

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