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Etiquetas:   Carta al director  

El Estado y el Pupas

José Francisco Sánchez (Valencia)
Redacción
viernes, 17 de marzo de 2006, 22:08 h (CET)
La puntual insistencia de todos los medios de comunicación para suscitar el escándalo ha surtido, como siempre, su principal efecto: No para otra cosa que para intentar eludir responsabilidades, servicios sociales, educativos, psicopedagógicos y sanitarios, jueces, policía, y el resto de autoridades incompetentes, nos ofrecen una vez más el triste espectáculo de acusarse mutuamente de la falta de protección de Alba C. C., la niña que ha estado siendo maltratada por su propia familia durante meses hasta llegar a ser finalmente ingresada en coma en Barcelona. Igual que algunos ascensores, teléfonos públicos o máquinas de refrescos, la maquinaria del Estado que nos gobierna parece que no funciona. Por desgracia para nosotros, no sólo es literalmente vital que lo haga sino que, encima, no tiene arreglo. Si entre todos no fueron antes capaces de ponerse de acuerdo para proteger a la niña, difícilmente esperemos que puedan encontrar en lo sucesivo una solución ejemplar que impida que se vuelva a repetir el despropósito administrativo...

Pero, no nos engañemos, aunque la flor principal sea el escándalo lo que se cultiva mayormente a carretadas es la hipocresía. Lo malo del Estado, pero esto no se puede decir en los telediarios, no es que no funcione como se esperaba, lo peor es lo haga precisa y sistemáticamente en nuestra contra. La complicidad criminal expresa de la Administración al legalizar entre nosotros el asesinato de menores no nacidos o aborto no terapéutico, pone suficientemente de manifiesto un sádico desprecio hacia toda la infancia y adolescencia como conjunto y deja completamente vacíos de contenido cualquier discurso sobre violencia doméstica y malos tratos que lo ignore. Hubieran liquidado a la criatura en el segundo mes de embarazo, en el mismo Hospital que ha denunciado los hechos, y no hubiera sido ni siquiera tema de conversación. Hubiéranle discretamente mutilado en sus genitales para celebrar algún sanguinario ritual familiar y poco menos que lo mismo. ¿Otra sensibilidad es posible?
Otra sociedad es posible? ¿Otro Estado es posible?

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