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El fondo sur

Cristóbal Villalobos
Cristóbal Villalobos
viernes, 17 de marzo de 2006, 22:08 h (CET)
El pasado miércoles, tras almorzar, tuve la feliz ocurrencia de ver la sesión de control del gobierno del congreso de los diputados mediante uno de los canales que recibo por la nueva televisión terrestre digital.

Pues bien, más que una feliz idea fue una forma como cualquier otra de perder el tiempo y sobretodo una formula más que eficaz contra el optimismo ( no confundir con el optimismo antropológico zapateresco).

El parlamento nacional, adjetivo que ya no sé como debo utilizar, emanación de la soberanía nacional, término que tampoco sé si sigue siendo válido, es la institución que representa a todos los españoles. Esta representación del pueblo es lo que más me preocupó del “magnífico” espectáculo vespertino de sus señorías, ya que no solo no me siento representado por ellos, si no que espero que el nivel intelectual, moral y cívico de sus señorías no se ha reflejo de nuestra sociedad.

En nuestra magna asamblea los tribunos de la plebe se han convertido en una simple e ignorante plebe vociferante que destruye cualquier atisbo argumentativo con gemidos y pataletas dignas de cualquier fondo meridional de los peores estadios de fútbol del mundo. En nuestro histórico congreso el argumento ha sido sustituido por el eslogan repetitivo y agotador . El tradicional ingenio político español y el noble arte de la oratoria por la ordinariez y por el menos noble pero no menos meritorio arte del discurso sin ideas.

No saben ustedes cuanto me cuesta decir que un parlamento como este, es un parlamento que solo sirve para salvar las apariencias democráticas y cubrir, como se suele decir, el expediente. Esto se observa solo con ver alguna sesión donde se muestra patente como la presidencia de la cámara da total importancia a cumplir con el reglamento y con los tiempos de intervención y de réplica de cada una de nuestras estimadas señorías sin importar lo más mínimo ni la calidad ni la cantidad del debate. Gracias a esta huelga a la japonesa del señor Marín los interpelados contestan de forma evasiva las preguntas o se limitan a decir que los otros hacían cosas peores, los encuestadores vuelven a hacer la pregunta que vuelve a no ser contestada y aquí se termina el debate sobre esa cuestión planteada en el orden del día.

Aunque todo esto tenga muy mal arreglo, como dicen en mi tierra, y lo que es peor no creo que interese. Exijo la reforma del reglamento de las cortes españolas con el fin de conseguir que en él se debatan los temas que preocupan a los españoles sin importar el tiempo ni los segundos que se ocupen en ello y ya que tenemos una televisión pública, estas deberían ,por una vez en su vida, ser un servicio público retransmitiendo en directo las sesiones del parlamento y alguna que otra comisión parlamentaria para que los ciudadanos podamos saber que se hace con nuestro país y tomar buena nota para las próximas elecciones.

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