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El Frente Popular estalinista regresa de la mano de Podemos

Es evidente que el comunismo bolivariano no se resigna a la voz de las urnas
Miguel Massanet
jueves, 6 de diciembre de 2018, 00:06 h (CET)

Lo que está sucediendo estos días en algunas partes de España y lo que algunos líderes políticos declaran, evidentemente sin medir suficientemente el efecto de sus palabras o, lo que aún sería más grave, con la maliciosa intención de intentar encender las calles con manifestaciones en las que, lo que se intente promover sea la revolución, la descalificación del adversario político, los escraches ante los domicilios de políticos que lograron su escaño legítimamente en las urnas y la siembra del odio, la descalificación del adversario y el totalitarismo, que no es capaz de entender que la voz de las mayorías es la que demuestra que, la democracia, existe en una nación aunque, en ocasiones, puede resultar que no sea del agrado de los que resultaron perdedores.


Cuidado con el señor Pablo Iglesias que es un experto en levantar a las masas de seguidores que, aunque están en minoría, como se deduce de los resultados de los comicios en Andalucía intenta disimular su desengaño, su rabia, su impotencia y su fanatismo comunistoide, levantando a quienes sabe que siempre le apoyarán por formar parte de esta minoría, seudointelectual y antisistema, haragana y progre, que viven precisamente de crear problemas en las calles de las ciudades y de acudir a donde se les llame para provocar a las fuerzas del orden, destruir material urbano y quemar contenedores y coches, algo en lo que, por su cualidad de marginados sociales, son unos verdaderos expertos. Lo que ocurre es que, el señor Iglesias y sus compinches de Podemos, aparte de ser unos grandes hipócritas que no dudan en vivir en grandes mansiones, en cobrar minutas por trabajos que no han hecho o en ayudar a un tetrarca y dictador como es el señor Maduro de Venezuela, que los subvenciona, pretenden aparentar ser los servidores del pueblo, criticando a los empresarios, descalificando a los que no piensan como ellos y obstaculizando que consigan sus propósitos de destruir el país con sus propuestas irrealizables, sus doctrinas promotoras de odio y sus intentos de desequilibrar a la sociedad española para que, con ello, les sea más fácil crear el caos que es, en definitiva, lo que intentan hacer.


Stalín, el siglo pasado, ya intentó en su programa de expansión del comunismo, esparcir las doctrinas de Marx y Engels en toda Europa, crear en cada nación las semillas del tipo de sociedad marxista-leninista que él quería que se propagara en todas las monarquías y repúblicas europeas, creando aquellos famosos grupos de activistas, conocidos como “frente popular” para que fueran esparciendo el descontento, la revolución, los paros en las fábricas y los motines en las calles en la mayoría de naciones europeas de modo que, sus esfuerzos, consiguieron éxito en países como Alemania, Francia e Italia y que, sin duda alguna ( tomen nota los que ahora se dedican a convertir a VOX en el centro de sus críticas y descalificaciones), fueron uno de los causantes de la reacción de otros partidos extremistas y nacionalistas que decidieron luchar con el comunismo de inspiración soviética con sus mismas armas. El ejemplo más conocido y, sin duda, el que más éxito consiguió en su lucha contra el frente popular fue el partido nacional socialista de Adolf Hitler y su Tercer Reich (con la SS incluida) verdadero azote para el comunismo al que consiguió erradicar de Alemania y contribuir, juntamente con Benito Musolini, el creador del fascismo en Italia, a que los frentes populares no consiguieran sus objetivos de convertir a toda Europa en una colonia de la Unión Soviética.


Aunque, en ocasiones nos hemos retenido, hemos reservado nuestras opiniones o, incluso, hemos preferido no referirnos a los años 30 del siglo pasado, precisamente para no sacar a relucir viejos enfrentamientos, odios pasados, crímenes ominosos, torturas y recuerdos de escenas bélicas que pudieran despertar resentimientos, rencores y mala sangre entre posibles descendientes de las personas que, en aquellos tiempos en los que España, como empieza a ocurrir ahora, sufrió los efectos de los enfrentamientos personalales, a las luchas callejeras, las revoluciones ( no olvidemos la de 1934, con la Revolución de los mineros de Asturias en la que tuvo un papel importante el señor Santiago Carrillo líder, por entonces, de las JJ.SS, una pandilla de asesinos sin escrúpulo ninguno que no tuvieron inconveniente en levantarse contra la II República que, por aquellos tiempos, estaba gobernada por las derechas) ¿Acaso tenían más legitimidad aquellos revolucionarios para levantarse contra el gobierno legal que los españoles que se levantaron contra los gobernantes del Frente Popular que eran los que, realmente, tenían el poder y permitían que las calles de las ciudades españolas estuvieran regadas de la sangre de aquellas personas que habían sido identificadas como enemigas de aquellos asesinos que recorrían en coches robados las calles de Barcelona, Madrid, Valencia o Sevilla, para acudir a los domicilios de quienes se habían identificado como católicos, poseyeran bienes o fueran directores de empresas en las que algunos de sus trabajadores se la tuviera jurada.


Cuando el señor Iglesias ha estado arengando a los andaluces para que salgan a las calles con sus símbolos, sus banderas rojas con la hoz y el martillo, la bandera republicana, los carteles insultantes y amenazantes esgrimidos por verdaderos energúmenos, llenos de odio y de deseos de destruir todo lo que se les pone al alcance; los que ya tenemos los años suficientes para haber vivido aquellos años de enfrentamiento bélico entre españoles, no hemos podido evitar recordar aquellas escenas que, de niños, se produjeron entre españoles enfrentados, de modo que padres y hermanos, se enfrentaban entre ellos por pertenecer a bandos contrarios, rojos y nacionales, sin tener en cuenta el ser de una misma sangre, nacidos de los mismos padres; seguramente no se ha parado a reflexionar la responsabilidad que estaba asumiendo incitando a unos españoles para que actuaran contra otros. ¡Luchar contra los fachas! ¿Pero quién hay en nuestros tiempos que sea facha, que milite en algún partido fascista (salvo unos pocos nostálgicos que si se analizan sus ideas están más cerca del comunismo que del “faccio” italiano de Benito Musdolini) o que se preocupe o piense como aquellos seguidores de Hitler y del líder italiano?


Sin embargo, una y otra vez quienes quieren identificar a todos los que no comulgan con sus propias ideas bajo una misma denominación que, evidentemente, les ayuda a identificar dentro de un mismo talego a todos los ciudadanos de distintas posiciones políticas, de percepciones sociales distintas o incluso de creencias religiosas dispares, que tengan un común denominador que los agrupe en un grupo que no esté de acuerdo con los postulados comunistas, obsoletos y fuera de cualquier concepción moderna de la sociedad, que siguen insistiendo en implantar un sistema de gobierno, por supuesto totalitario y dictatorial, consistente en establecer un control del Estado sobre todos los ciudadanos, tanto en sus vidas particulares como en la economía nacional, absorbiendo todos los elementos productivos de la nación bajo la tutela del Estado reduciendo al mínimo la actividad privada, algo en lo que fueron maestros los hermanos Castro y que sigue siendo lo que existe en la actual Cuba, pese a haber conseguido ciertas concesiones por los EE.UU.


No obstante, cuando una situación, como la actual en España, se prolonga en el tiempo, repercute en la economía (los signos de desaceleración empiezan a ser evidentes) y se producen hechos como los que se están dando en Cataluña, donde la aplicación de un 155 blando no sirvió más que para demostrar la falta de fuerza del Estado para poner fin a una situación revolucionaria organizada desde la Generalitat y que, para mayor INRI, en lugar de haberse reducido, de haberse tomado las medidas necesarias para que, el enfrentamiento de dicha autonomía al Estado, dejara de producirse y el orden, la paz y el sometimiento a las leyes del Estado se hubieran producido; lo que ha sucedido es que comunismo y separatismo se han compinchado, han decidido que puede favorecerlos apoyarse mutuamente y han discurrido que, los unos acudiendo a intentar difundir por todo el mundo sus aspiraciones separatistas, mintiendo respecto a una supuesta opresión del resto de España sobre ellos y con argumentos históricos que nunca han existido, pretenden conseguir un apoyo de los países europeos y, los otros, apelando a las viejas consignas de aquel comunismo internacional, de cuando los trabajadores trabajaban 12 horas y en condiciones inhumanas, en lugares insalubres y peligrosos, a las actuales condiciones en las que, las legislaciones laborales, han impedido que se trabaje sin que los trabajadores dispongan de todas las medidas de seguridad pertinentes, que no trabajen más horas de las estipuladas y que dispongan de unas condiciones de vida que les permitan una existencia digna. Si en algunos lugares del mundo sigue habiendo miseria extrema no será en España, sino en aquellos países de los que nos han llegado estos comunistas bolivarianos que, en estos casos sí, los dictadores, la falta de democracia, los especuladores y quienes se han hecho con el poder consienten que el pueblo viva en condiciones humillantes, sin medicamentos, sin alimentos ni prendas de vestir y con una inflación superior al 300 o al 600 por ciento, de modo que su poder adquisitivo ronda la miseria; lo que los obliga a abandonar la nación en peregrinación para intentar ser acogidos en alguna nación que se pueda permitir aceptarlos. ¿Está España en una situación semejante? Evidentemente que no, ni muchísimo menos. Precisamente, cuando España empezaba a resurgir de la crisis, cuando las empresas estaban empezando a resucitar de los años en los que su economía fallaba y tuvieron que recurrir al despido de trabajadores, ha sido cuando los oportunistas de Podemos, los apoyados desde Venezuela por el dictador Maduro y los que mamaron de la universidad Complutense de Madrid, un centro de activistas comunistas, tantos años dirigida por José Carrillo, el hijo de aquel líder de las JJ.SS del año 1934 que colaboraron con la revolución de Asturias en contra de la República. Dios los cría y ellos se juntan.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, sentimos que vamos llegando a un punto en el que, como ya hemos ido anunciando tantas veces, en vano por supuesto, la situación del país se está asemejando mucho a la que históricamente se produjo en otros momentos en los que, una serie de sucesos violentos, desafortunados, junto a quemas de iglesias; matanzas y torturas de ciudadanos, inoperancia de las instituciones públicas; inactividad y falta de efectividad de las fuerzas de orden público, retenidas por sus mandos; muchedumbres exaltadas agrediendo edificios públicos, etc. van despertando de su letargo a aquellas personas que se sienten directamente amenazadas con este estado de cosas; a aquellos que ya empiezan a pensar que, si el Estado no actúa, es probable que fuera necesario actuar de la misma manera que lo hacen los alborotadores. Es evidente que ni nacionalistas ni comunistas van a dejar de intentar conseguir sus objetivos si no se les paran los pies y, no parece que ni el señor Pedro Sánchez ni el señor P.Iglesias o el señor Garzón de IU o los actuales dirigentes de la Generalitat catalana, enzarzados en sus luchas intestinas pero, a la vez, todos en contra de España y esperando la primera ocasión que se les presente para intentar culminar sus objetivos, van a intentar impedirlo. Y es que, señores, parece que ya estamos llegando a la saturación total.

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