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Etiquetas:   A pie de calle   -   Sección:   Opinión

Fuegos artificiales

Paco Milla
Paco Milla
miércoles, 15 de marzo de 2006, 21:33 h (CET)
Me temo que este título sólo lo entenderán si son ustedes capaces de llegar al final de este escrito, que admito, les puede aburrir.

Verán, llevo 40 años detrás de un sillón dando forma a las cabezas humanas. A esto solo nos dedicamos dos tipos de profesionales: una, los políticos (pretenden dar forma INTERNAMENTE al cerebro, sobre todo en cuanto a forma de pensar); otra, los peluqueros, que nos limitamos a favorecer dentro de lo posible la imagen de nuestros clientes, dando forma por tanto a sus cabezas, pero EXTERNAMENTE. Esta diferencia es sin duda importante.

Dicen que con el transcurrir de los años nos trasformamos en psicólogos, dada la cantidad de conversaciones y opiniones que llegamos a escuchar, a través de nuestra dilatada carrera al pie del sillón y de nuestra predisposición a hablar al cliente, de lo que le agrada, sin profundizar en nada.

Soy de natural gran “escuchador” y poco “opinador”, aunque eso no quiere decir que carezca de opinión, sino que la guardo para mi.

Y ahora, precisamente a mis 65 y ya jubilado, es cuando necesito vomitar lo que siento: estoy harto, cansado, aburrido, saturado, hastiado, aunque creo que la palabra que busco es asqueado.

Creo ser de mente abierta y jamás me conceptué como radical, todo lo contrario.

Pero cuando veo el país donde nací, viví y padezco ahora, es cuando creo que ha llegado el momento de expresar mi humilde parecer, tantos años silenciado.

Mis vísceras sufren cuando veo determinados programas de televisión en los que se promociona el odio, la tirantez, la provocación, la falsedad, el protagonismo absurdo, cuando veo la oleada de inmigrantes que llegan sin rumbo, ni trabajo, cuando asisto a los actos incomprensibles de los políticos actuales.

He de decir que debido a mi humilde origen, mi mente siempre estuvo abierta a todas las ideas posibles y acorde con ello, voté casi a todas las siglas que se presentaron, siempre depositando confianza, siempre probando, intentando, pero la conclusión a la que me hicieron llegar es que SIEMPRE ME EQUIVOQUÉ.

Tristemente digo que esto es lo que siento. Hoy he decidido que todos ellos me engañaron. Son vendedores de sueños inalcanzables, pero no porque sean imposibles, sino porque ellos NO se esfuerzan en conseguirlos, aunque tengan detrás el voto de 30 millones de españoles. Creo que su meta no es precisamente endulzarnos la vida a los votantes... ¡Forzosamente su tiempo está dedicado a otros menesteres!

Para no alargarme más, explicaré el motivo del titulo de este texto: Lo califico así porque, al igual que a los fuegos de artificio, vi a este país SUBIR, ascender, y en esa ascensión iba la fe de muchos de nosotros, que le mirábamos con una esperanza y alegría ciega, recién salidos de una dictadura. Poco después le vimos EXPLOTAR y mostrarnos las inmensas posibilidades que conseguiríamos con un poco de esfuerzo, la enorme belleza que estaba al alcance de nuestras manos. Pero poco a poco y tristemente, vimos como aquellos bellos destellos se APAGABAN y lentamente caían a tierra sin esperanza.

Este último hecho es el sentimiento amargo que me inunda a fecha de hoy. Lo veo todo oscuro y sobre el fondo negro del cielo solo vislumbro humeantes restos de lo que fue mi país.

Cuando pienso en mis hijos y nietos no puedo evitar sentir una profunda tristeza, y en ella me encuentro cuando escribo estas líneas. Estoy desesperanzado, pero no nací así, me hicisteis así aquellas personas a las que elegí y que tantas veces me defraudaron. Los hechos no ocurren porque sí, las personas hacen que ocurran o que no. Tuvimos un sueño, creímos que era posible, pero se esta convirtiendo en una pesadilla. Una amarga pesadilla. Gracias por llegar hasta aquí en la lectura.

Firmado: Un desesperanzado.

Con respeto al amigo D. José, aunque ya jubilado, aún cabeza pensante y todavía no poseído por la astenia primaveral que daña las ganas de luchar. No se si estará dispuesto a firmar esto, pero es lo que he creído entender de sus palabras. Oiga, ya de paso... ¡apúnteme a la lista de los asqueados... yo, sí firmo!

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