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Etiquetas:   Punto crítico   -   Sección:   Opinión

Reciclar sin incordiar (III y último)

Raúl Tristán

miércoles, 15 de marzo de 2006, 21:35 h (CET)
Después de haber expuesto en los dos artículos precedentes los problemas existentes para el ciudadano en materia de reciclaje, es hora de reflexionar acerca de las posibles soluciones.

En primer lugar, concluir que, en las zonas de nuevo desarrollo urbanístico, se debe primar el empleo de medios de recogida selectiva soterrados como mínimo, siendo preferibles las instalaciones neumáticas domiciliarias o que al menos engloben a una comunidad de vecinos. Ya sabemos que para el ciudadano responsable, el reciclaje es una cuestión de convencimiento, pero no todos los ciudadanos son responsables con el Medio Ambiente y, en determinados casos, aun queriendo serlo no lo son por motivos múltiples: enfermedad, invalideces, tiempo... Debemos tratar entonces de evitar al ciudadano tareas extras que le signifiquen un coste en tiempo o sacrificio personal. Haber planteado desde un inicio un sistema basado en la recompensa (económica, cultural, etc..) no hubiera sido ninguna locura: las empresas nos cobran varias veces el material que nosotros les facilitamos... y ellas no nos dan nada a cambio. Antes, las calles se encontraban limpias de chatarra, electrodomésticos y cartones, y no porque una empresa se encargara de recoger todo ese material abandonado, sino porque había personas que obtenían un beneficio directo con su recogida y posterior venta. Así pues, debemos recompensar al ciudadano responsable, y si no lo hacemos económicamente, debemos hacerlo ahorrándole costes suplementarios. Y no es que no sea de la opinión de que lo que debe hacerse no debe de ser recompensado, sino que creo que es un medio más para fomentar el comportamiento adecuado. ¿Recuerdan cuando las botellas de cristal eran retornables, se nos cobraba ”el casco” y debíamos devolverlo a la tienda para que se nos reintegrara cierta cantidad?. ¿Porqué ahora no se hace lo mismo pero con más tipos de envases?. Esta es otra solución a anotar.

En segundo lugar, las calles deben de estar limpias. Limpias higiénicamente, limpias visualmente. El exceso de contenedores existente es dañino para la salud, la vista, el olfato, el aparcamiento, el paso de peatones, ... En todo esto también salimos beneficiados con los sistemas comentados.

En el caso de zonas urbanas donde la densidad de la edificación o la poblacional, o la estructura urbanística misma impida el empleo de sistemas como los expuestos, entonces deberíamos plantearnos si no nos compensaría un sistema separativo en origen o combinarlo o sustituirlo por la selección en un centro previo al tratamiento o eliminación, partiendo de la base de que esta segunda opción comporta una disminución del valor de los productos reciclables. Por otra parte, estos centros deberían multiplicarse y aumentar su capacidad: toneladas de materias primas útiles se pierden en los vertederos por falta de una concienzuda revisión de todo aquello que arrojamos a los contenedores “verdes”. Sería además, una forma de lograr más puestos de trabajo.

Concluyendo. Desde ni humilde punto de vista, la administración debe:

1.- primar la reducción, por parte de las empresas, del empleo de envases y embalajes; y penalizar el uso excesivo de los mismos.

2.- primar la devolución “a la tienda” de ciertos tipos de embalajes/envases.

3.-promocionar la instalación soterrada de los contenedores, o de sistemas neumáticos.

4.- incrementar la selección en centros de separación, previos a la eliminación o tratamiento.

5.- primar, en envases y embalajes, el empleo de materiales, no ya reciclables, sino completamente biodegradables y que no causen perjuicio alguno medioambiental.

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