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Bloqueo de Transnistria

Tatiana Stanovaia
Redacción
miércoles, 15 de marzo de 2006, 21:33 h (CET)
El proceso de arreglo pacífico del conflicto en Transnistria queda malogrado. El presidente de la separatista República de Transnistria, Igor Smirnov, anunció que Tiraspol abandona el proceso de negociaciones. Esto ocurrió teniendo como telón de fondo el bloqueo económico declarado por Ucrania a petición de Moldavia. Como ha confirmado el primer ministro de Ucrania, Yuri Ejanurov, los cargamentos procedentes de la República de Transnistria podrán pasar a través del territorio ucraniano únicamente si llevan estampilla moldava. Esta decisión significa la impotencia del plan ucraniano de arreglo del conflicto de Transnistria adoptado por Moldavia como alternativa al llamado “plan de Kozak” que Rusia propuso en 2003.

El plan ucraniano de arreglo del problema de Transnistria fue propuesto a mediados del año pasado e inmediatamente fue acogido como base por Moldavia. El “Plan de Yuschenko” fue aprobado también por la OSCE. Preveía la retirada del ejército ruso desde el territorio de esta república no reconocida hasta fines de 2005, una "democratización" prácticamente forzosa de Transnistria a través de las elecciones al parlamento que se celebrarían en diciembre del año pasado, la concesión de autonomía a Transnistria, la toma de posesión por Moldavia de los recursos naturales y de los bienes muebles e inmuebles que se encuentran en el territorio de la república. Acto seguido el plan fue rechazado por Transnistria y criticado por Rusia. Sin embargo, a pesar de esto, hasta hace poco se sostenían negociaciones con el presidente de Transnistria, Igor Smirnov, negociaciones que sólo hace pocos días han mostrado su total infructuosidad.

Hoy día se puede hacer constar que el plan ha sufrido un fracaso rotundo. En primer lugar, ni la OSCE ni Moldavia consiguen encontrar una alternativa a los militares rusos, aceptable para todos las partes implicadas en el conflicto. Rusia comprende perfectamente que la retirada del ejército ruso, faltando tal alternativa (todas las propuestas que hacen Moldavia y Ucrania no le convienen a Transnistria), resulta por lo menos irresponsable porque puede ocasionar una brusca desestabilización de la situación en esta área. Por algo Europa Occidental y Moldavia aflojaron sus presiones sobre Rusia: Europa no necesita que surja un nuevo foco de tensión en el área.

Segundo, quedan completamente malogrados los intentos de democratizar forzosamente a Transnistria. Las elecciones al parlamento de la república que se celebraron en diciembre de 2005 han mostrado que la oposición vencedora mantiene una actitud no menos negativa respecto a Moldavia que los dirigentes de la república. Toda la élite de Transnistria, independientemente de su actitud hacia el régimen de Igor Smirnov, se opone a la unión con Moldavia. Las elecciones han frustrado las esperanzas de Europa Occidental acerca de que la pluralización del poder significara una mayor transigencia de la república.

Tercero, Moldavia ni siquiera ha logrado retener a Igor Smirnov a la mesa de negociaciones. El 28 de febrero, en Tiraspol se celebró otra ronda de negociaciones en el formato “5+2” que resultó totalmente infructuosa. Las delegaciones no han firmado el protocolo final, limitándose sólo a una declaración general que expresa la pena de que no se había podido lograr un consenso sobre ningún punto del orden del día. Tampoco se ha logrado un acuerdo sobre la fecha de las negociaciones siguientes.

Era justamente en el 28 de febrero en que se cifraban esperanzas ilusorias de que la situación pudiera moverse del punto muerto. No es casual que Ucrania no haya impuesto el bloqueo desde el 25 de enero, tal como estaba previsto, debido a lo cual chocó con la incomprensión por parte de Chisinau. Víctor Yuschenko, que después de arreglada la crisis del gas no quería estar en malas amistades con Moscú, daba largas al cumplimiento de su promesa. La existencia de algún proceso de negociaciones, por malo que fuese, era un buen motivo para ello.

La imposición del bloqueo económico no ha sido para Ucrania una decisión unívoca. Si la adopción del plan ucraniano sobre el arreglo del problema de Transnistria otorga dividendos geopolíticos y permite ambicionar las posiciones de jugador importante en el espacio postsoviético, el bloqueo es un fenómeno más bien negativo desde el punto de vista de la imagen, porque esta decisión fue adoptada única y exclusivamente en interés de Moldavia y evidencia el fracaso total del plan pacífico ucraniano. Al mismo tiempo, después de decir “A”, Ucrania no podía dejar de decir “B”. Al proponer una determinada solución, Yuschenko se hizo voluntariamente responsable por su destino. Por paradójico que parezca, primeramente Ucrania quería aprovecharse de la situación que surgió a raíz del rechazo del “plan de Kozak”, pero a la larga otros se han aprovechado de la propia Ucrania.

Todo ello muestra una vez más las ventajas que tiene el “plan de Kozak” rechazado únicamente debido a que Rusia no lo acordó con la OSCE. El plan ruso convenía tanto a Moldavia como a Transnistria porque preveía la federalización y desmilitarización de toda Moldavia, el estacionamiento del ejército ruso hasta 2020 y la concesión de resortes de influencia sobre la política moldava a la república separatista. Ahora Moldavia y la OSCE prefieren ignorar las propuestas hechas por Rusia, al adoptar la táctica de “ahogo” económico de Transnistria. El bloqueo será una dura prueba para Transnistria en la que la élite y la población tendrán que escoger entre el bien económico y la independencia.

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Tatiana Stanovaia es experto del Centro de Tecnologías Políticas, para RIA Novosti.

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