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Auténtico pánico

Antonio Valimaña
Redacción
miércoles, 15 de marzo de 2006, 22:59 h (CET)
Acaeció el pasado domingo en la Catedral del fútbol español. Inmersos de lleno en el tiempo de descuento, el conjunto local, el Athletic Club de Bilbao, se disponía a lanzar un saque de esquina. Su rival, el Cádiz, intentaba defender con uñas y dientes el punto que estaba obteniendo en el feudo bilbaíno. El lanzamiento se efectuó, el esférico rebasó al meta Limia y cuando ya se cantaba el gol en las gradas apareció la mano del defensor Varela para impedir lo que ya era un auténtico hecho. Fue entonces cuando llegó el momento cumbre. Había que lanzar un penalti. ¿Quién era el atrevido de llevarlo a efecto?

La indecisión
El lanzador emergió. El joven Iraola se armó de valor y decidió ejecutar un penalti que significaba mucho para los leones, quizás más por el aspecto psicológico que por el mero hecho de la suma de puntos. No falló el de Usurbil y su acierto sirvió para colocar el 1 a 0 en el electrónico. Pero ese no era el final. El colegiado del encuentro ordenó la repetición del mismo y fue ahí cuando llegó de lleno la psicosis. Iraola se negó en rotundo a repetir la pena máxima y nadie se hacía cargo del esférico. ¡Menuda papeleta! Tras muchas divagaciones fue Tiko el que decidió coger el toro por los cuernos. Afortunadamente para él y para los aficionados rojiblancos no le tembló el pulso y anotó el tanto de la victoria vizcaína. No cabe duda, un gol psicológico de valor incalculable. Tres puntos más en el casillero. Aumento de moral en un histórico.

Ni la primera, ni la última vez
La situación que tuvo lugar en San Mamés el pasado domingo no es la primera vez que ocurre, ni probablemente la última. Tirar un penalti en un determinado momento implica muchísimo. Fíjense en casos como los de Djukic, Joaquín o Raúl. Bien es cierto que lo falla el que lo tira, aunque la sensación de desilusión en ese instante es mayor y a buen seguro que ese fallo será recordado de por vida. Eso sí, algunos suelen ser valientes ante todo. Miren a Martín Palermo. El jugador argentino desaprovechó tres penas máximas en un mismo encuentro. Todo un récord. Sea como fuere, el mundo del fútbol tiene estas cosas. El penalti, un dulce ofrecimiento que puede convertirse en una eterna y reconocida amargura.

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