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El Rey y su reforma constitucional. La tiara de Leticia

“Nobleza de espíritu tiene más que ver con la simplicidad de la ostentación, la sabiduría en lugar de la riqueza, el compromiso en lugar de la ambición.” Riccardo Mutti
Miguel Massanet
viernes, 30 de noviembre de 2018, 00:10 h (CET)

Estos días hemos tenido la ocasión de ver como nuestro presidente, el señor Pedro Sánchez ha tenido ocasión de utilizar la llegada del presidente chino, señor Xi Jinping y su esposa, la señora Peng Liyuan, tal y como parece ser su costumbre innata, para darse un baño de autobombo a cuenta de los resultados propagandísticos, excepcionales para el Gobierno, referente a la visita del presidente de la que puede ser la mayor nación comunista- capitalista del Mundo, República Comunista China.


Seguramente no tendríamos nada que decir al respeto si no fuera porque este gesto, muy bien estudiado desde el punto de vista del chino, puede que no lo sea tanto desde lo que pudieran considerarse los intereses estratégicos de una España situada en la órbita de las potencias occidentales, integrada en un bloque de países europeos conocido como la UE y perteneciente a una organización militar, la Otan, que, a la vez, está directamente relacionada con la gran nación del otro lado del Atlántico, los EE.UU de América, dirigida en la actualidad por el señor Donald Trump, alguien que, con toda su fáma de histriónico, sus errores diplomáticos y su concepción aislacionista, todavía sigue mandando la nación más poderosa del planeta.


En realidad, nuestro Presidente (aunque nos duela admitirlo, legítimamente lo es) creemos que ha asumido un riesgo ( no sabemos si suficientemente calculado) al ponerse abiertamente del lado del gran rival asiático de la nación americana, en plena guerra fría comercial, en la que se están midiendo las fuerzas mutuas desde el aspecto económico y, con toda seguridad, también desde lo que podría considerarse la capacidad de resistencia respecto a lo que pudiera ser un hipotético enfrentamiento armado donde, como se ha comprobado a lo largo de la historia y, en especial, durante lo que fue la II Guerra Mundial; la potencia económica y la facilidad de un país para adaptarse a una economía bélica, acaban por proporcionar la ventaja necesaria para salir vencedor del enfrentamiento. Es posible que, el intento de sacarle provecho político a la visita del señor Xi Jinping, algo que evidentemente ha conseguido, le haya hecho a este personaje que nos gobierna perder de vista las posibles repercusiones en un futuro, no muy lejano, en el que pudiera afectar de una manera negativa para España y sus intereses económicos y comerciales, en aquellos aspectos relacionados con el “amigo” americano, si éste pudiera tomarse estas alegrías con Peking como una bofetada comercial que nuestro gobierno le hubiera propinado al señor Trump y, de paso, a la poderosa nación norteamericana.


Puede que hayamos vendido, incluso, más jamones de los que podríamos suministrar de acuerdo con nuestra cabaña porcina nacional, algo que seguramente habrá alegrado mucho a aquellos que se dedican a la producción de jamones pero que, con toda seguridad, vamos a lamentar los oriundos cuando veamos cómo, este producto tan estimando entre los españoles, triplica su precio en las tocinerías y en los demás establecimientos de charcutería en los que se expende. Pero el señor Xi Jinping es mucho señor y seguramente le da veinte vueltas a este aspirante a primer ministro español, tan conocido por dejarse llevar por sus impulsos lo que, frecuentemente, la ha llevado a tener que recurrir a las numerosas rectificaciones que se han producido en sus actuaciones respecto a intentos de hacer cambios que luego, ante las evidencia de la realidad, ha tenido que abortar antes de que fueran un fracaso manifiesto. ¿Está seguro, el señor Sánchez, de que tantas alharacas, tantos faustos y un recibimiento tan espectacular era necesario para lanzar a los cuatro vientos le elección de España de su viraje hacia los intereses chinos? Mucho nos tememos que, una vez más, los intentos de Sánchez de afianzarse en el poder, van a resultar muy caros para España y los españoles.


Hasta ahora, estábamos viendo a un Rey enérgico, valiente, defensor sin tacha de la unidad del pueblo español, impecable en sus discursos de Junio y de 1º de Enero del 2017 en los que hacía mención a la necesidad de conservar nuestra unidad como nación, afirmando su intención de que se mantuviera el orden constitucional y la convivencia entre todos los españoles. Sin embargo, hoy nos hemos enterado por la prensa de que, en una reunión del Rey con los exparlamentarios, ha dejado caer una opinión en la que deja entrever que aceptaría una reforma constitucional, en la convicción de que la Carta Magna no es la tabla de la Ley y puede ser modificada si hay consenso y dentro del marco legal. Podríamos decir que SM no ha dicho nada que todos no supiéramos si no fuera por el mismo monarca se mostró partidario de “buscar fórmulas para restablecer un sistema en el que todos estén a gusto, dentro de las normas constitucionales”. ¿Supone, esta verdad de Perogrullo, que la monarquía ha acusado la reprobación que se hizo de esta institución desde el Parlamento catalán, es que ahora están intentando, desde la Zarzuela, enmendar los efectos de los discursos del Rey en aquella fracción separatista del pueblo catalán, que ha sido quien ha pedido la reprobación del Rey y de la monarquía? El gobierno ya ha presentado ante el TC un recurso de inconstitucionalidad contra la resolución del Parlamento catalán.


Naturalmente los periódicos separatistas, al servicio de la revolución catalana, han lanzado las campanas al vuelo ante esta iniciativa real, aunque es cierto que siempre, S.M, ha añadido la coletilla de “dentro del marco legal”. Todos sabemos cómo saben aprovechar los soberanistas cualquier manifestación que ellos entiendan que puede servirles para su causa independentista aunque, para ello, tengan que modificar algunas palabras o arrimar el ascua a su sardina suprimiendo aquellas partes de la oración que les fueran adversas. Necesitamos, en las actuales circunstancias, una monarquía fuerte ( y esto lo dice un republicano de derechas), una jefatura del Estado sin fisuras, exigente y dispuesta a mantener, contra viento y marea, una Constitución que no se debe olvidar que es la base de que la monarquía siga existiendo en España.


Cuidado, señores, con abrir la Caja de Pandora de la reforma constitucional, sin tener en cuenta los efectos que puede tener para España abrir una reforma sin que quede claro y muy bien especificado qué parte de ella ha de ser modificada y qué otra parte no debe tocarse en absoluto. La monarquía parlamentaria ya se sabe que muy difícilmente podrá durar muchos años pero, en la actualidad, la situación política del Estado español, con comunistas bolivarianos pidiendo al sovietización del país y con separatistas catalanes y vascos intentando romperlo, no permite que intentemos hacer inventos que, con toda probabilidad, iban a acabar con lo poco que se mantiene dentro de la razón en esta España en la que parece que, una parte importante de nuestra población, ha perdido el sentido de la realidad para embarcarse en peregrinas aventuras cuyo resultado está cantado para cualquiera que tenga una mínima idea de lo que conviene o no a un país integrado en una comunidad de naciones, como es la UE.


Y una referencia a algo que debiera de haber sido objeto de crítica dentro mismo de la casa real. ¿ A qué capricho de la reina se debe que, en la gala ofrecida por los reyes en el Palacio Real., saliera en plan de epatar a la primera dama china, luciendo en su cabeza una ostentosa tiara, seguramente de enorme valor y, a nuestro criterio, demasiado ostentosa para la ocasión ( alguien ha dicho que es nueva), con la que parecía que pretendía ser, no solamente la reina de España, algo que debería haberle bastado, sino que la reina de la moda y de la riqueza? ¡Qué contraste con la sobriedad y la elegancia de la primera dama china, siempre en su sitio, sin aditamentos ni joyas que llamaran la atención y, eso sí, con la exquisita educación que, esta pareja de comunistas que están situados en la cumbre de la pirámide del poder del lejano país asiático, siempre han sabido mantener; con esa discreción que caracteriza a esta cultura de miles de años que han sabido trasmitir, a pesar de las grandes purgas de tiempos de Mao-Ze-Tung, a sus descendientes actuales.


La reina plebeya debiera de entender que, incluso para los españoles, cuando la nación está pasando por situaciones difíciles, cuando una parte empieza a poner en cuestión la vigencia de la monarquía y cuando los hay que ya están pensando llevar a don Juan Carlos I ante los tribunales por sus pecadillos de “juventud”; la discreción de la casa real sería lo más recomendable, o sea, todo lo contrario de lo que nuestra reina, en su afán por destacar por su belleza, está pretendiendo trasmitir, en su afán de lucir, exhibirse y llamar la atención, tanto por su pose personal ( en todo momento da la sensación de que está pendiente de qué parte de su perfil resulta más apropiado para la cámara) ,por su vestuario o por su capacidad ( nunca ha aceptado el papel de segundona, que está a la sombra de su marido el Rey, al contrario de la ejemplar conducta de su suegra, la reina emérita, doña Sofía, un ejemplo a seguir para cualquier miembro de una casa real, de los pocos que todavía quedan, de Europa) para resaltar e intentar ser siempre el centro de la atención, en cualquier lugar en el que le toque estar. No creemos que, por muchos esfuerzos que haga su marido, el Rey, esta señora feminista se preste a aceptar que, don Felipe, es el único de sangre real que ostenta el cargo de Jefe del Estado español y que ella, por muchas ínfulas que tenga, no deja de ser la esposa morganática del Rey y, por lo tanto, sin ningún papel importante en lo que son los destinos de la nación española.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadanos de a pie, vemos con inquietud como hemos entrado, como país, en una órbita que puede que, a corto plazo, pueda resultar provechosa económicamente para nuestra nación, pero lo que sucede es que, sin duda alguna, estos convenios significan otra invasión controlada de chinos que se van a añadir al millón largo que viven ya en nuestro país. No olvidemos que la colonización empieza por una ocupación pacífica pero constante y, España, está empezando a tener una población inmigrante lo suficientemente importante para ir influyendo en política, para ir ocupando cargos de suma responsabilidad y, dentro de poco, no será raro que tengamos algún ministro musulmán o una ministra japonesa. Por de pronto, es muy posible que los chinos coman más jamón que los ciudadanos españoles, si es que este exquisito manjar derivado de los cerdos, como se predice, pueda pasar de 300 euros el kilogramo a más de mil y pico. Relata refero.

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