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Crash

Vanesa Dávila
Redacción
lunes, 13 de marzo de 2006, 02:13 h (CET)
Una parte de la Sociología de nuestro tiempo se ha visto influenciada por la idea posmoderna de tener en cuenta tanto el contenido como la forma. Este punto de vista rechaza la supuesta objetividad de los contenidos que tienen lugar en el ámbito de las relaciones humanas, (a diferencia de las ciencias naturales), y uno de sus epicentros vendría a ser el concepto de "discurso" explorado por Foucault en tanto que reflejo de las relaciones de poder y dominación que alcanzan todos los órdenes de la vida social humana.

Desde este punto de vista, la reflexión sobre los principios de igualdad y diversidad, tan de actualidad no sólo en el contexto español sino Europeo y, mas ampliamente, de todos los países que se sitúan actualmente como receptores de inmigración, (aunque podríamos argumentar que no es la única ni principal fuente de diversidad en nuestras sociedades); adquiere una dimensión diferente de la que, en buena medida, ha venido adoptando. Me refiero a lo infructuoso de la tarea de "educar en la diversidad" cuando las imágenes generadas en los medios de comunicación y los procesos de estructuración social terminan por hacerla sinónimo de exclusión social.

Desde un análisis posmoderno, tal pretensión descontextualiza la diversidad, ignorando otras cuestiones de orden simbólico pero también material, que constituyen obstáculos reales para la educación de una sociedad diversa. Como Francesc Carbonell ha señalado, no se trata de una mera cuestión de revalorizar la diferencia, sino de hacer lo propio con la igualdad, no sólo generando discursos sobre su centralidad en la ciudadanía democrática de nuestras sociedades, sino también en forma de imágenes reales que refuercen lo que de común hay en la especie humana y que, como afirman algunos autores como el Antropólogo Británico Michael Carrithers, no se trata del etéreo concepto de cultura (que conduce a cierto multiculturalismo segregacionista) sino mas bien de la necesidad de interacción, que habría llevado a los seres humanos a generar distintos productos culturales y a poder compartir un espacio y un tiempo determinados, llámese ciudad.

Y, volviendo a la importancia de la forma, cabe destacar que existen indicios de que los discursos sobre diversidad e igualdad se encuentran en un momento clave del debate social. Hoynes y Croteau, sociólogos Norteamericanos de los medios de comunicación, reconocían hace poco menos de una década que "incluso los productos fantásticos pueden enseñarnos algo sobre nuestras sociedades". Hace unas cuantas semanas salía a la luz un guión cinematográfico que plasmaba en parte la idea del conflicto interpersonal como fuente potencial de encuentro intercultural y transformación social. Esta teoría, desarrollada por Folger y Baruch en "La Promesa de la Mediación", defiende una mediación aséptica, que permita a los interlocutores tomar plena responsabilidad del proceso y transformar su punto de vista, al margen del propio resultado. De modo que la obra de estos autores viene a convertirse en la piedra angular para la "educación en la diversidad" (una que parte de la capacidad interactiva de las personas, y no del valor de sus diferencias).

En este sentido, no cabe destacar las divergencias que surgen en el seno de este debate (que incluyen las posturas que parten del reconocimiento del origen y las identidades históricas), puesto que al final todas aspiran, pese a las escisiones epistemológicas, a la inclusión social; sino la importancia de que este debate adquiera la forma de un guión cinematográfico, que sea además el ganador del Oscar a la mejor película.

En "Crash" se metaboliza algo de la importancia del conflicto o choque como vehículo de diálogo intercultural, ya que en él se manifiestan por un lado la fuerza del prejuicio y, por otro, las posibilidades de transformar el punto de vista interpersonal.

Y la forma que adquiere este discurso, premiado en la cumbre mediática de Hollywood supone, en sí misma, una legitimación que, en definitiva, viene a alentar la reflexión de los que trabajamos en el campo de las relaciones interculturales y el conflicto humano.

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Vanesa Dávila es Socióloga y Doctora en Diversidad e Igualdad en Educación.

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