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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La sombra de Pavía

Pepe López
Redacción
lunes, 13 de marzo de 2006, 02:13 h (CET)
Amigos: Fijaros en la fecha de este artículo. Lo escribí y se publicó en Fuerza Nueva ¡hace 28 años!. Me parece que estoy reviviendo aquellos días.

Tenemos una democracia de mírame y no me toques. Una Monarquía parlamentaria, tan de pacotilla, que al menor soplo se desestabiliza.

No tiene uno libertad para nada. El comentario más trivial es suficiente para que te tachen de fascista. Se me ocurrió hace unos días decir que los mozos de El Ferrol del Caudillo tienen más garbo y más agallas que los de Cebreros y por poco no me dan una paliza.

El domingo último tuvo mi Párroco –que es un Cura de los de antes- la ocurrencia de decir que esta Constitución atea que se está gestando es la causa de todos los males para la Patria y, en son de aplauso, se me vino a la mente ondear el pañuelo, fingiendo un estornudo, ¡y acabó la Misa de milagro!

No tiene uno libertad ni para comprar El Alcázar, ni para detenerse ante la bandera de España que junto a la del Betis, ondea en el Ayuntamiento de mi pueblo,, ni para levantar el brazo a ver si llueve ni para pedir CAFE, en voz alta, en un bar.

Tan falto de libertad me siento que, al pretender uno de mis hijos que le explicara quién fue Pavía, me dio un vuelco el corazón y, mirando con recelo a mi alrededor, le hice bajar el tono de voz.

No sé si fui muy exacto en lo que le expliqué, ni si él me entendió, porque, la verdad, por unos personajes no oculto mi desprecio, pero por otros me siento apasionado. Lo cierto es que no parece que le convencí mucho cuando le dije que “de un escobazo barrió el Congreso”.

Pero se emocionó –y esto es lo que cuenta- cuando, con lágrimas en mis ojos, grite: ¡Viva la madre que lo parió!

Verdaderamente no hay más libertad que para injuriar a Franco.

Cualquier día me pongo un mono azul, una boina roja, un detente y una bandera de España en el pecho y me pongo a las órdenes del primero que coja una escoba. Porque esta chusma no merece otra cosa que los echemos a escobazos.

¡Ah! Y -aunque lo niegue el mozo de Cebreros- si no hubiera sido por la sombra de Pavía, Fernando Abril Martorell y Alfonso Guerra hubieran pactado hace unos días la partición de España.

Gracias, General Pavía.

18 de Agosto de 1978.
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