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Kazajstán en el umbral de la crisis

Andrei Grozin
Redacción
lunes, 13 de marzo de 2006, 02:13 h (CET)
El asesinato de Altynbek Sarsenbáev, eminente oposicionista kazajo, ex secretario del Consejo de Seguridad y ex embajador de Kazajstán en Rusia, es un acontecimiento que marcó una etapa en el desarrollo de la contienda por la futura herencia política del presidente en funciones Nursultán Nazarbáev.

Ya con anterioridad a las elecciones presidenciales de diciembre de 2005 no se discutía mucho lo relativo a la victoria, porque el desenlace de los comicios era evidente. A la cúpula gobernante la preocupaba mucho más el guión, según el cual sería realizada luego la operación “sucesor”. Su formato era objeto de acalorados debates antes de las elecciones. Es lógico, que este problema se examina también ahora. Cada mes en el seno de los medios dirigentes arraiga la convicción de que el presidente Nursultán Nazarbáev no se mantendrá hasta el final del plazo.

Es un problema de si esta convicción es acertada o no. No obstante, ya a estas alturas, en Kazajstán se considera que lo referente al “sucesor” concierne directamente a todos los miembros de los principales grupos elitarios, ya que de su solución dependen no sólo la conservación de sus bienes, sino también, según demuestra la historia de Sarsenbáev, la garantía de la seguridad personal. En la actualidad, predomina la idea de que las apuestas en la contienda por el poder han subido notablemente, lo que impulsa a los grupos influyentes a emprender enérgicas acciones.

El escándalo en Kazajstán se parece mucho a la “segunda edición” de la guerra entre las élites de 2001-2002, cuando la mayoría de los grupos influyentes del país se unieron contra Rajat Alíev, marido de Dariga, la hija mayor de Nazarbáev. Para nadie es un secreto que el principal contenido de la lucha de entonces fue precisamente la oposición de la mayor parte de los medios dirigentes a Alíev, ambicioso en extremo y fuerte en demasía. A la sazón, el “yerno mayor” fracasó y se vio obligado a partir para Austria en “deportación diplomática”, sin embargo, en el otoño de 2005 regresó a la república y comenzó a desempeñar el puesto de subjefe del Ministerio de Exteriores de Kazajstán. Los acontecimientos actuales pueden ser calificados de intento de la “restauración completa” de Alíev que le allanan el camino hacia la recuperación de sus posiciones en el poder, la burocracia y el negocio.

Se considera que Rajat es inseparable de su esposa Dariga. En la actualidad, principal activo de este “duunvirato” lo siguen siendo los recursos mediáticos, fundamentalmente, los electrónicos, así como el partido “Asar”, estructura política bastante importante y fuerte controlada por Dariga Nazarbáeva.

La victoria de la alianza Nazarbáeva-Alíev asusta a muchos habitantes de Kazajstán porque si este dúo o su testaferro lleguen al poder, en el país se emprenderán los intentos de reprivatizar por fuerza los activos comerciales.

Es poco probable que los acontecimientos actuales hayan sido producto de una combinación bien pensada, multiescalonada y basada en un guión elaborado a priori. Más bien los clanes han aprovechado las nuevas circunstancias y reorganizan sus actividades sobre la marcha. A ciencia cierta, los grupos dirigentes sostienen que si no aprovechen ahora la situación creada en torno al asesinato de Sarsenbáev, en perspectiva inmediata no tendrán oportunidad análoga. Quien sea capaz de fortalecer al máximo sus posiciones ahora, obtendrá las posiciones más ventajosas en caso de realizarse el proyecto “sucesión”.

Por el momento, el escándalo es atizado por los medios de comunicación que, según la opinión enraizada en Kazajstán, pertenecen a Dariga Nazarbáeva. Es sintomático que todo lo referente al asesinato del oposicionista aparezca antes en la prensa sin haber sido comentado previamente por voceros del Ministerio del Interior.

Con una presura sin precedentes en el espacio post-soviético fueron identificados los participantes del rapto, el coordinador del grupo criminal y hasta el “cliente”. En el caso Sarsenbáev resultaron mezclados miembros de la unidad elitaria de tarea que depende del Comité del Servicio de Seguridad Nacional “Arystán” (“León”) y altos cargos del entorno de Nurtai Abykáev, presidente del Senado. Es decir, corren peligro precisamente las figuras capaces de enfrentarse al clan de la hija mayor del presidente y su marido, entre ellas el ex jefe del Comité del Servicio de Seguridad Nacional Nartai Dutbáev; el jefe del aparato del Senado Erzhán Utembáev, uno de los autores de la doctrina ideológica de Nazarbáev “Estrategia 2030”, acusado de “haber encargado” los asesinatos; el presidente del Senado Nurtai Abykáev, y otras personas influyentes.

La figura del presidente del parlamento ofrece interés porque él, conjuntamente con Sarsenbáev, protagonizó la formación del clan “antirajat” en 2000-2001. A este último se le asigna el papel clave en la formación del frente único que entonces paró la ofensiva de Rajat Alíev. Si ahora Abykáev sea destituido con honores, del juego saldrá la figura capaz de cohesionar los más diversos grupos y clanes formando un frente único para contraponer algo a la ofensiva del “dúo”. Para el establishment kazajo la salida de Abykáev del entorno presidencial equivaldría a un fuerte terremoto. Junto con él deberían abandonar sus respectivos cargos centenares de funcionarios públicos: desde ministros hasta especialistas sencillos.

En los medios políticos de Kazajstán se observan hoy los fenómenos siguientes: la unidad de la coalición gobernante que aseguró la victoria en las elecciones presidenciales, se ve sustituida por una brusca polarización. La crisis política interna comenzada en 2001-2002 y agravada a raíz de la muerte de Sarsenbáev, acusa la tendencia a exacerbarse, ya que por sí solo este asesinato –no importa quien fuera su autor- significa que la amenaza se cernió sobre todos, ya que como complemento a la presión administrativa y la toma de los bienes, en el arsenal de las partes de signo contrario apareció un nuevo método: eliminación física.

No obstante, los bandos que atizan el actual escándalo, pasan por alto una circunstancia importante: el asesinato por motivos políticos y el estallido de la guerra de información ponen en peligro todo lo positivo creado en el país por el presidente Nursultán Nazarbáev. Después de su reelección, el peligro para Nursultán Nazarbáev no proviene de la oposición débil, sino de los clanes y grupos que forman su entorno, a los que él está obligado a demostrar constantemente que controla la situación. En este sentido, el asesinato de Sarsenbáev perturba el armisticio que se estaba formando durante años entre diversas fuerzas intraelitarias, y cuestiona la capacidad del presidente de garantizar la observancia de las normas de conducta de la cúpula. Pues, la piedra angular de su política lo es precisamente la estabilidad a todos los niveles.

Dicho en otros términos, al presidente le fue lanzado el desafío. Quienes conocen la biografía política de Nazarbáev, jamás podrán dar crédito a que éste sea capaz de aceptar de buen grado el papel de “reina inglesa”, máxime a la luz del 91% de votos recibidos en los comicios presidenciales. Se puede afirmar que ahora Nazarbáev no está listo a traspasar el poder y, por esta razón, la actividad de diversos grupos influyentes, entre ellos el presidido por Dariga Nazarbáeva y Rajat Alíev, podrá resultar “salida en falso”. El presidente en funciones es maestro muy experimentado en crear sistemas orientados a los clanes y basados en “disuasiones y contrapesos”.

También ahora, en su reciente mensaje a la nación, el jefe del Estado prometió seguir realizando las transformaciones democráticas, pero rogó no confundir la libertad con la permisibilidad absoluta capaz de desestabilizar el país. “El liberalismo del poder se interpreta de forma simple como su debilidad e incapacidad de vetar cualesquiera “travesuras” y ”caprichos” de los ambiciosos autoritarios”, dijo Nazarbáev. Propuso, “desoyendo las críticas dentro y fuera del país... elaborar un sistema bastante rígido de defensa de esta democracia”, habiendo agregado lo necesario de determinar “medidas de responsabilidad por la calumnia, el soborno, la violencia y, en caso necesario, reconsiderar las leyes vigentes”.

Al concluir su mensaje con lo referente a la política exterior, Nazarbáev confirmó las ideas hace mucho adelantadas por algunos analistas: efectuar el cambio de vectores en política exterior. Ahora la política exterior polivalente de Kazajstán está orientada, en primer lugar, a Rusia, luego a China y solamente después a EE UU y la UE. Es evidente que la imagen del líder kazajo ante los ojos de Occidente no cambiará para mejor.

Kazajstán es el aliado más allegado de Rusia. Es un hecho irrefutable que a nuestros dos países los une no sólo la frontera de 7000 km, sino también la comunidad de sus sistemas políticos y económicos. Por esta razón precisamente, lo que sucede en Kazajstán, reviste singular importancia para Rusia. Es completamente inadmisible para Moscú el guión de convertir el “caso Sarsenbáev” en versión kazaja del “caso Gongadze”, la autoría de cuyo asesinato fue atribuida por la oposición ucraniana al entorno de Kuchma. Su desenlace es harto conocido.

La situación creada hoy representa una prueba muy seria para el líder kazajo. Ha demostrado que el sistema político kazajo está en el umbral de una gravísima crisis, en primer lugar debido a las divergencias políticas pendientes de solución. Posiblemente, esta crisis se agrave, ya que en el orden del día figura el problema del traspaso del poder. Mientras éste no sea solucionado, no valdrá la pena, seguramente, hablar de la estabilidad y la prosperidad garantizadas del Estado.

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Andrei Grozin, de Instituto de los Países de la CEI, para RIA Novosti.

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