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A la catalana

Pascual Falces
Pascual Falces
domingo, 12 de marzo de 2006, 01:38 h (CET)
La inesperada reflexión en voz alta de Cuevas de que esta es una OPA “a la catalana” -un hombre caracterizado por la prudente medida de sus tiempos a lo largo de casi treinta años de reelección como presidente de la Patronal-, ha provocado ampollas en parecida línea a la “urticaria” que a “Jordi” Pujol le producían determinadas cosas provenientes del país donde se asienta la región de Cataluña. Cuevas ha resucitado un sentimiento, que, por experiencia propia, tienen todos los que por un motivo u otro han tenido que convivir con catalanes, y no es por generalizar, que, dicho sea de paso, no siempre es injusto; tienen, como reconocen, algunas cosas en común que los distinguen. Una de ellas, y la más común, hablar entre ellos en su lengua materna, estando delante de personas que la desconocen.

Es cierto que la OPA, se podría hacer “a la aragonesa”, y se estaría ante una directa intención: “queremos quedarnos con Endesa por cuatro perras, porque los que mandan son amigos nuestros”, y todo el mundo lo entendería. “A la asturiana”, y sería comprarla lo mejor posible después de invitar a una copiosa fabada cuya digestión anularía el raciocinio del “opado”. “A la vasca”, poniendo dinamita en los postes de alta tensión, y diciendo que hay un “conflicto” en el país. O, “a la gallega”, tal vez la más difícil de entender, porque nunca estaría claro si quieren comprarla o no. Y finalmente, “a la alemana” poniendo el dinero encima de la mesa y diciendo que tienen más, pero que no quieren subir el precio. Solo un personaje de la historia de España –gallego por más señas- fue capaz de hacer decir a un todopoderoso Hitler: “prefiero ir al dentista que volver a reunirme con este tío”

Este columnista vivió la experiencia de tratar de encajar un altruista proyecto en una Fundación “a la catalana”, hecha para ganar dinero y no para repartirlo filantrópicamente, según el tiempo se encargó de demostrar. Lógicamente, la guillotina terminó cayendo sobre el firmante, aunque no pudieron despojarle de un ápice de altruismo. “A la catalana”, se ha extendido en el lenguaje coloquial de las comidas de Navidad si a la hora de pagar el cubierto se divide entre todos por igual, o cada uno paga lo que ha comido. “A la catalana” salió la hez del Paralelo barcelonés hacia Aragón, el verano del año 1936, para “tomar café en Zaragoza”, (consultar libros de la Guerra Civil), y, detenidos en su fantástica intención, se lo tuvieron que tomar en los Monegros con polvo, en vez de con azúcar. “A la catalana” quisieron tomar Aragón nuevamente en Agosto de 1937, y menos de tres mil defensores de Belchite, mantuvieron a raya a más de treinta mil presuntos invasores. Cuando las tornas se revirtieron en contra de ellos, los que volvieron a ocupar ese pueblo, lo hicieron con el fusil colgado del hombro, y sin disparar un tiro contra los que huyeron llevándose, lo poco que quedaba y, al menos, el reloj de alguno de los inocentes asesinados en represalia. “A la catalana” llegaba un médico recién escudillado a ejercer en un pueblo de la sierra tarraconense, y al no comprender su rudimentario lenguaje, se decía de él, con menosprecio, que era “castellá” (ya saben, castellano, aunque fuera de Zaragoza). “A la catalana” la Diócesis de Lérida retiene bienes de las parroquias aragonesas limítrofes en contra de la decisión del Vaticano. “A la catalana” han surgido tantos chistes de catalanes, que, como los de los vascos, ya ni hacen gracia. “A la catalana” se ha suplicado a los asesinos etarras, que pongan las bombas en otras partes que no sea Cataluña.

Pero no ha surgido, “a la catalana”, que el Arcipreste de Hita, Cervantes, Lope de Vega, Quevedo, Marañón o Antonio Gala, escribieran en catalán; un lenguaje romance que no evolucionó, váyase a saber por qué. Tal vez se detuvo, ¡“a la catalana”!

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