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Etiquetas:   Cesta de Dulcinea   -   Sección:   Opinión

Marzo femenino

Nieves Fernández
Nieves Fernández
domingo, 12 de marzo de 2006, 01:38 h (CET)
No daré nombres. No lo necesito. Digamos que algunas mujeres, incluidas las de mayor o menor trascendencia pública por su trabajo creativo, tienen derecho a su más femenina intimidad en los días festivos. La mayoría de las que celebran estos días de marzo comienzan, como yo, atendiendo a los niños para el colegio en el día de su fiesta porque, lástima, el 8 de marzo no lo es. Hacen camas, recogen el salón, preparan comidas y coladas, y tienden lavadoras al sol, antes de irse al trabajo, ése que es apreciado porque tiene nombre, especialidad y salario, aparte de nómina calculada.

Como cada día, atiendo el correo electrónico, me encuentro un grato mensaje de la poeta A, me felicita y me envía un pps titulado “Una bella mujer” sobre la belleza interior y exterior de la actriz Audrey Hepburn, quien da consejos de mujer bella y comprometida. “Para tener una figura esbelta, comparte tu comida con los que padecen hambre.” La escritora B desde Argentina me envía su nueva web. Un prometedor escritor C me envía desde Asturias un precioso cuento basado en un hecho real sobre la tristeza de un abuelo, roto por el dolor al sufrir como su hija y nieta han dejado este mundo. La editora D me aceptaría un nuevo trabajo, pero hay que prepararlo a conciencia y no sé si tendré tiempo. Un familiar muy allegado lleva escayola en uno de sus brazos y necesita mi máxima atención, además debo salir de compras, falló la plancha y ya acumulo dos lavadoras. Hoy a planchar me toca. ¿Escribir a la vuelta? No será posible. El teléfono me viene con problemas burocráticos y legales. Vuelven los niños, la comida, la mesa, los compromisos, gestiones de hospital, aprovecho una de sus largas esperas para el periódico. En los días de marzo, las noticias toman un tinte femenino. Este mundo de hombres nos mira muy distinto, se agradece nuestra dedicación y se hace notar un poco más el desamparo. La locutora habla de una niña que está en coma por sufrir malos tratos, y de una abogada que debe ir hasta el juzgado a trabajar con su bebé. Los políticos se acuerdan hoy de que hay mujeres votantes a miles, y por miles las reclaman en teatros y plazas. Rajoy en Ciudad Real mete en su discurso un verbo harto vulgar y machista, pero pide perdón. Los diputados y concejales nos defienden a ultranza y siempre nos sabe a poco, aunque nos den tulipanes y claveles rojos. Tengo el miedo en el cuerpo por la apretada molestia de una mamografía, allí me tranquilizo, pues estoy rodeada de una mujer muy joven, que no por ello ya anda operada, a mi izquierda otra señora de más edad cuenta su misma experiencia, y estaba yo nerviosa por un apretón de nada. Por la tarde, acudo a uno de esos actos institucionales donde la poesía es muy recurrida y femenina. El recitador E introduce en su repertorio a Miguel Hernández y al “Seminarista de los ojos negros”, el romántico poema de Miguel Ramos, donde nos habla de cómo una joven salmantina se enamora a través de la ventana. ¡Cómo relaja un poema bien interpretado! Hay varias escritoras que reciben premios. La escritora F recibe uno por “El carrito de la compra”, una mujer tiene un accidente y se alegra de tener tiempo para escribir. Se lo dedica a su marido, ellos casi siempre son cómplices de nuestro destino y colaboran, porque andamos cargadas de trabajo. La escritora G recibe el accésit, habla de un amor olvidado. A la escritora H tenía ganas de conocerla, viene de Madrid, nos habla del burka que no deja ver ni ser vista.

La mujer es un popurrí inmenso de emociones, para nada igualitario, hay tanto por hacer y todo va a mezclarse en los días femeninos de marzo. A altas horas de la noche, derrotada tras los quehaceres, veo a Buenafuente, hace un monólogo feminista que me hace sonreír, sobre la mesa tengo otra felicitación, la de la escritora dominicana I, me envía una entrevista jugosa hecha a la neuróloga nonagenaria Rita Levi-Montalcini, habla del cerebro de la mujer y del hombre, de cómo las neuronas se revitalizan con los años. Debe llevar razón, es Premio Nóbel. Además, trabaja por las niñas africanas, no se jubilará nunca. No nos jubilaremos ¡Ay, la mujer, ese mito de marzo!

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