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Etiquetas:   A pie de calle   -   Sección:   Opinión

Pánico aviar

Paco Milla
Paco Milla
viernes, 10 de marzo de 2006, 00:41 h (CET)
Reconozco tembloroso y con las pupilas dilatadas que por algún motivo siento pánico cuando escucho, como ruido de fondo en el televisor, “no hay ningún problema con la gripe aviar, es remoto que venga, pero si lo hace estamos preparados”.

Que digo yo, que parece que estén hablando de la prima de la ciudad, que cada vez que viene, se lleva media “cosecha” de lo recolectado en la última matanza del gorrino.

Y miren que me gustaría creérmelo y afrontar con estoicismo el paulatino acercamiento, pero nada, no hay manera.

Posiblemente saberme habitante de un país improvisador por naturaleza, donde arreglamos (como podemos) las cosas a última hora y echando el “bufe”, tenga algo que ver.

Incluso tengo tendencia al pesimismo al pensar que “la aviar” lleva aquí instalada bastante tiempo. Más que nada porque doy por hecho que contamos con algunos “pájaros” finos, finos, finos... y bastante escasos de escrúpulos, que no dudarán en vender lo que quede de su granja el primer día que vean caer algún animal y argumentando que han decidido dejar los pollos y dedicarse a algo más... romántico... como montar una vivienda rural en Alaska o un bar de variadas y coloridas luces, a pie de carretera, o una fábrica de tazas para zurdos, por poner un ejemplo.

Quizás, con los casos del aceite de colza y las vacas locas, abrimos en su momento los ojos en cuanto a que, aún sabiendo que era dañino o que probablemente los animales estaban infectados, la prisa y eficacia con la que se movieron propietarios e intermediarios, seguidos del comprador final (porque estaba muy barato), completaron el círculo.

Y como digo, este otro tipo de “pájaro” es el que hace que me tiemblen las piernas, casi más que el pobre pato que volando, volando, se va acercando a Hispania, a pasar unas merecidas vacaciones, a buscar una “patita”, a conseguir los “papelitos” y a tener “patitos”. Y es que si nos paramos a pensarlo... si consiguen pasar el charco sin repostar -eso ya es en sí una durísima prueba física-, a no ser que vayan descansando aquí y allá sobre el mascaron de popa de las numerosísimas PATERAS que gracias a la buena salud de algunas mafias proliferan por nuestras costas, pero ¡ufff!, eso da para otro articulo o para una docena... ¡Ya lo creo!

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