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Rusia y Ucrania sincroniza su ingreso en la OMC

Tatiana Stanovaya
Redacción
viernes, 10 de marzo de 2006, 22:27 h (CET)
La conclusión de las negociaciones entre Ucrania y EE.UU. respecto a la adhesión a la OMC fue para Rusia un hecho inesperado y desagradable.

Hoy precisamente la postura de Estados Unidos es el obstáculo principal para la Federación de Rusia en el camino hacia la OMC. Al mismo tiempo, Moscú ha avanzado mucho más en este proceso que Kíev. Sin embargo, no vale la pena amargarse: la decisión de EE.UU. tiene también sus aspectos positivos, y el mero hecho de la conclusión del diálogo de Ucrania con los socios norteamericanos no es lo peor que espera a Kíev en el avance hacia su militancia en la OMC.

Hoy una de las intrigas más actuales entre Rusia y Ucrania se refiere a quién será el primero en incorporarse a la OMC. La tensión sería menos grave si no fuera por el temor recíproco de Moscú y Kíev a que el segundo en la recta final tendría que negociar el ingreso con su rival que le había adelantado tan sólo en medio paso.

Además de los problemas económicos que pueden surgir al respecto, vale la pena mencionar los políticos. El que ingrese como primero, demostrará su eficiencia y éxito y, valga la expresión, dejará con un palmo de narices el país “retrasado”. Si Ucrania ingrese primera, será un buen motivo de hablar también de lo justo de la “revolución anaranjada”, de lo correcto del vector de la integración europea y de los méritos del nuevo poder en general. Hasta cierto punto esto se parece incluso a la rivalidad URSS – EE.UU. respecto a la primacía en la carrera armamentista o la exploración del espacio extraterrestre. Tales emociones caracterizan a ambas partes, sin embargo, no vale la pena exagerarlas y, en realidad, todo el proceso es mucho más complicado.

La actitud de Rusia hacia la conclusión de las negociaciones de Ucrania con EE.UU. acusa dos aspectos. El primero es la postura ante la decisión de EE.UU., y el segundo se refiere a los éxitos de Kíev.

El 31 de enero en una rueda de prensa con periodistas rusos y extranjeros el presidente de Rusia Vladímir Putin declaró que “hoy lo principal es solucionar los problemas con Estados Unidos. Creo que tan pronto como lleguemos al acuerdo con este país, también Colombia... Todos los demás países –quisiera recalcar, todos nuestros socios apoyaron de hecho la incorporación de Rusia a la OMC. Por el momento, el único país que frena nuestro ingreso es EE.UU.”.

La conclusión de las negociaciones con Ucrania permite a Washington ejercer presión a Rusia y, en particular, en lo que respecta al problema más doloroso relativo al acceso de las filiales de bancos extranjeros al mercado ruso, lo que impugna la dirección rusa. Surge la impresión que EE.UU. retiene con una mano el ingreso de Rusia y con la otra le abre la puerta de la OMC a Ucrania. Por esto la decisión de EE.UU. de dar la preferencia a Ucrania refleja en mayor medida el carácter de las relaciones ruso-norteamericanas y no de las ruso-ucranianas.

Es más, en realidad, la conclusión de las negociaciones entre Ucrania y EE.UU. no tiene grandes consecuencias negativas para las relaciones ruso-ucranianas e incluso puede surtir ventajas políticas a Moscú.

Se trata de que el 4 de enero de 2006 en las relaciones ruso-ucranianas se produjo un viraje crucial. Fueron firmados los contratos de gas muy provechosos para Rusia. Toda la élite política de Ucrania, incluido el antes prorruso Víctor Yanukovich, sin hablar ya de Julia Timoshenko (con la que Moscú también intentó flirtear después de su dimisión) aboga por anular los acuerdos de enero. Yuschenko resulta la única fuerza política capaz de garantizar la realización de los contratos de gas y de tal modo, deviene la fuerza política más prorrusa de Ucrania (si, naturalmente, no se toma en la consideración la “Oposición Popular” de Natalia Vitrenko electoralmente débil). Baste recordar lo dicho por el mandatario ruso Vladímir Putin quien al asistir a la inauguración de Nursultán Nazarbáev en Astaná (capital de Kazajstán), alabó la capacidad de Yuschenko de cumplir con sus promesas en comparación con la anterior administración de Ucrania (alusión clara a Leonid Kuchma considerado antes como político leal a Moscú). Después de firmados los acuerdos de gas Rusia, por primera vez después de la “revolución anaranjada”, está interesada en la estabilidad del poder “color naranja”.

La conclusión de las negociaciones de Ucrania con la OMC es necesaria no tanto a EE.UU. como a Ucrania que “regateó” esta postura, habiendo abierto sin resistencia alguna muchos sectores de sus mercados (el mercado de servicios casi por completo). La conclusión de las negociaciones es una noticia que eleva el atractivo electoral del bloque de Víctor Yuschenko “Nuestra Ucrania”, lo que hoy corresponde a los intereses de Rusia. Robert Portman, emisario del presidente de EE.UU. en las conversaciones comerciales, dijo que el resultado de este diálogo “reafirma el apego de Ucrania a las amplias reformas y a la liberalización económica”, así como su “decisión de incorporarse al sistema comercial internacional”. Tales palabras representan un activo político muy importante del “poder anaranjado”.

Existe un motivo más de no amargarse respecto a los resultados de las negociaciones Ucrania – EE.UU.. Si para Rusia Estados Unidos es el obstáculo principal, pues para Ucrania lo es su propio parlamento. Ucrania no concluyó aún la aprobación de todo el paquete de proyectos de ley respecto al ingreso a la OMC y de hecho será casi imposible hacerlo en fechas próximas. El nuevo parlamento comenzará a trabajar en la primavera tardía, y su composición podrá ser no menos oposicionista que la presente. A Yúschenko le espera una larga batalla con la Rada Suprema por el ingreso en la OMC.

De tal modo, la distancia que separa a Rusia y Ucrania de su ingreso en la OMC es más o menos igual: por el momento, ambos países no han superado aún sus principales obstáculos. Lo comprende también EE.UU. habiendo declarado por más de una vez que tanto Rusia como Ucrania han de sincronizar su ingreso en la OMC. Esto convendrá a todos y, según todas las evidencias, así será.

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Tatiana Stanovaya, experta del Centro de Ingeniería Política, RIA Novosti.

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