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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   PP   Política   Casado  

Absurdo pensar que Casado pueda reflotar al PP para mayo

“Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa.” Mahatma Gandhi
Miguel Massanet
martes, 20 de noviembre de 2018, 08:50 h (CET)

El daño sufrido por el partido de Fraga en los últimos años produjo la desbandada de sus afiliados y simpatizantes hacia otras formaciones. No se puede pedir, al nuevo líder del partido, Pablo Casado, que haga milagros para las elecciones Andaluzas, sabiendo que la labor que le queda por hacer va a ser titánica.


La volatilidad de la política española en manos de personajes de la administración que, como habitualmente se dice, viven a salto de mata, improvisando a medida que les van surgiendo los tropiezos, vacilando cuando aparecen las crudas realidades que fueron incapaces de prever o naufragando en sus errores cuando llega el momento de tomar decisiones respecto a las necesidades urgentes del país; hacen que, cada día, la ciudadanía se vea en la necesidad de afrontar nuevos retos, de cambiar sus proyectos o decidir acerca de cómo se las van a ingeniar para poder superar los nuevos desafíos que se les presentan sin naufragar en el intento.


Es cierto que, durante los pasados ejercicios, el gobierno del PP hizo cosas muy buenas en cuanto a evitar la caída de España en manos de los hombres de negro, que hubieran pasado como un huracán sobre la economía española, arrasando con muchos de los logros sociales de los que venimos gozando, a pesar de que algunos partidos de la extrema izquierda se nieguen a reconocerlo. Consiguieron que Europa confiara en nosotros y contribuyera a que, el problema bancario (o de las Cajas) que tuvo lugar como consecuencia de la grave crisis provocada por las sub-prime americanas, no terminase por conducirnos a una situación de quiebra nacional a la, debemos reconocerlo, estuvimos muy cerca de llegar.


Pero no es menos cierto que, el equipo del señor Rajoy, estuvo poco acertado en afrontar temas de mucha importancia, retrasando la toma de decisiones drásticas cuando la situación de algunas autonomías, crecidas ante la falta de reacción de las instituciones, fue derivando hacia un enfrentamiento directo contra el Estado español y una falta de respeto absoluta al sistema legal y la Constitución por los que la nación española se viene rigiendo. Retrasó en demasía la toma de conciencia de que, cediendo o mirando hacia otro lado ante los desmanes y provocaciones de los separatistas catalanes, lo único que se conseguía era que los soberanistas se reforzaran, consiguieran más adeptos y perdieran el miedo a lanzarse a pecho descubierto tras la obtención de sus objetivos, consistentes en el autogobierno de la comunidad catalana, con total independencia de resto de la nación española.


Esta etapa de la política española ya pasó. La irrupción de un gobierno socialista, presidido por el ambicioso señor P.Sánchez, mediante una moción de censura que, insospechadamente, fue ganada por un conjunto de partidos de muy diversas ideologías, de intereses opuestos en algunos casos, pero aunados por un solo vínculo: el de su obsesión por sacarse de encima al señor Mariano Rajoy que, precisamente, era el que más había contribuido a que muchos de los partidos que apoyaron la moción de censura, se hubieran hecho fuertes durante el tiempo que gobernó. Sabían que la derecha había fallado estrepitosamente en la aplicación de una ciencia en la que, las izquierdas, siempre han sido unas grandes expertas: la demagogia, el manejo de las fake news en provecho propio, la denigración del adversario mintiendo hasta la saciedad cuando ha sido preciso y su reconocido poder en cuanto a su infiltración en los medios de comunicación tales como la prensa, las TV, la radio y todos aquellos medios como manifestaciones, mítines, escraches, huelgas, chantajes, descalificaciones etc que siempre han sabido manejar con oportunidad y maestría y que, los partidos de la derecha, nunca han conseguido dominar de modo que les hayan servido para hacer una propaganda efectiva; de modo que, los ciudadanos, se enteraran de todas aquellas decisiones que han sido las que han ayudado al país a salir del abismo en el que lo dejaron los socialistas y que ahora, con toda la caradura del mundo, pretenden que son los del PP los causantes de los errores garrafales del gobierno del señor Rodríguez Zapatero.


Ahora, afortunadamente, el PP ha conseguido librarse de todas aquellas rémoras (la señora vicepresidenta Sáenz de Santamaría, por ejemplo) que fueron las que contribuyeron a que se llevasen a cabo políticas nefastas para la nación. De ello vinieron todos aquellos casos de corrupción que fueron los que provocaron la huida de votantes hacia otras formaciones o hacia el absentismo en los momentos de votar; de aquellas disputas soterradas entre las distintas tendencias existentes dentro del partido, que luego han salido a la luz en forma de acusaciones mutuas o historiales académicos falsos, un tema que, pese a afectar también a otros partidos, las izquierdas lo han sabido explotar con tanta habilidad que parecían ser exclusivos del PP.


El nuevo líder del PP se llama Pablo Casado y apenas hace unos meses que fue designado para ocupar la dirección del partido, junto al nuevo equipo de jóvenes directivos limpios de cualquier pecado que les sirviera, a sus rivales, para utilizarlo contra la nueva cúpula de los populares. Es una persona preparada, trabajadora, impulsiva (un pecado de juventud), agresiva y decidida a impulsar la recuperación de una formación que, nunca como ahora, había necesitado tanto volver a resurgir de sus propias cenizas. Para que esto ocurra no se puede pretender que los que lo van a intentar lo consigan en unos pocos meses; que logren que todos aquellos antiguos votantes que se alejaron del PP molestos ante sus cambios respecto a la filosofía que siempre había mantenido la formación de Fraga referente a temas como la moral, la ética, la herencia romano-cristiana, la propiedad privada, la economía de mercado y tantas otras particularidades que, los anteriores dirigentes, no tuvieron en cuenta cuando se trató de hacerles la competencia a otros partidos de distintas posiciones ideológicas, pensando que si se mantenían en los postulados de siempre perderían votantes; ahora, en unos pocos meses, se arrepientan y vuelvan al redil de los populares. Sucedió todo lo contrario y de aquí surgió la gran desbandada que le ha hecho perder al PP varios millones de votantes solamente en un par de años.


Los miembros del PP y todos los que le siguen, han de tener el convencimiento de que no se le puede pedir a la dirección actual que saque un buen resultado en las elecciones andaluzas porque, ni en los mejores tiempos del PP, en aquel feudo socialista, en el que se tienen comprados los votos de todos los enchufados en la administraciones públicas gracias a tener el carné del partido o todos aquellos beneficiados por los PER, acostumbrados a sólo trabajar una parte, pequeña parte del año y luego vivir de subvenciones públicas que, naturalmente, pagamos entre todos los españoles, consiguieron superar al PSOE. Tampoco en las próximas autonómicas y municipales, el PP estará en condiciones de sacar unos buenos resultados y bueno sería que consiguiera evitar una fuerte caída respecto a elecciones anteriores. Eso sí, lo que se ha de trabajar, donde está el quid de la cuestión será, sin duda alguna, en los comicios del 2020 que será donde verdaderamente se podrá valorar la labor de Casado en cuanto a recuperar los votos perdidos durante los últimos años por el PP.


No se puede, por otra parte, imponerle al señor Casado una censura tal que se le exija, en todo momento, la perfección, el éxito o evitar los errores, ya que no existe persona que pueda dirigir una empresa que no cometa algún error durante el ejercicio de su profesión y, en consecuencia, es normal que no todo lo que diga o haga el nuevo líder del partido sea lo correcto ya que se le ha de conceder, sin agobiarlo, un margen que le permita entregarse, sin concesiones a la galería, sin el temor a que una Inquisición actúe constantemente sobre cualquier decisión que tome; eso sí, debe procurar no caer en la tentación del individualismo, del encerrarse en sí mismo para imponer su criterio sin consultar con sus consejeros y, lo primordial, de cada error que cometa debería sacar la conclusión de que nunca más debe de caer en algo similar.


El peligro, pese a que el señor Rivera no pare de insistir en ello, consistiría en que ( como se empieza a comentar en los mentideros políticos) se adelantasen las elecciones generales, que los socialistas del señor Sánchez tomaran la decisión de acumular las elecciones andaluzas a las legislativas y, ya no hablemos, de si se llegaran a adelantar las autonómicas o se tomara la decisión de que, todas ellas, coincidieran con las europeas, en lo que se pudiera considerar como un gran maremágnum electoral, en el que, los pobres ciudadanos se vieran obligados a votar, al mismo tiempo, las autonómicas, las legislativas y las europeas. Puede que sean sólo imaginaciones mías, pero no hay que descartar nada en unos momentos en los que Cataluña trata de tú a tú el gobierno de España o, en la Barcelona de la señora Colau, se haya implantado la ley de la selva mediante la cual, quienes gobiernan en aquella ciudad, sean los antisistema, los okupas, los delincuentes, los manteros, los DRC de los lazos amarillos y su líder, el señor Torra, convertido en el gran vudú de todos estos filibusteros urbanos.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadanos de a pie, sentimos que los acontecimientos se precipitan, que la inseguridad se acrecienta, la política se ha convertido en trending tropic para la ciudadanía española que ya está viendo como sus políticos se dedican a enfrentarse los unos con los otros, en descalificarse mutuamente y en dedicarse, por encima de todo, a asegurarse el futuro de los que viven de ella sin que, el interés de España y de sus ciudadanos, parezca que sea algo importante que les preocupe especialmente. Así las cosas, hay pocas posibilidades de que unas próximas elecciones y más si se celebraran en un corto espacio de tiempo, consiguieran dar oportunidades al PP de conseguir sacar adelante sus proyectos de gobernar la nación. Esperemos que nuestras sospechas no se confirmen porque si no…

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