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El fútbol no entiende de razas
Daniel Lázaro
Tras una semana de la actuación de Samuel Eto’o en La Romareda yo sigo pensando y sigo sin entender por qué se trata esto como algo tan grave. Vale, es grave, pero dentro del marco de una competición deportiva, hay muchos actos que podríamos entonces declarar como graves y que nunca nos ha pasado por la cabeza que lo fueran.
Molestar al rival entra dentro del juego. Los jugadores, con excepciones contadas, nunca se han quejado por insultos de la hinchada contraria. Los árbitros son increpados allá donde van y nunca han abierto la boca. ¿Qué pasa entonces con el supuesto racismo? ¿Es acaso distinto que el resto de actuaciones? Yo no lo creo. Si se quiere erradicar el ‘racismo’ se debería pensar también en lo demás.
¿En serio se puede creer que alguien que llama ‘negro’ a un jugador que lo es y que precisamente juega en el equipo contrario es racismo? Alguien verdaderamente xenófobo no distinguiría de colores. Si ahora mismo Eto’o fichase por otro equipo ¿no recibiría gritos en el Camp Nou? Pues claro que sí. El fútbol no entiende de razas sino de colores, los colores del equipo que cada uno lleva dentro.
Dicho sea de paso… ¿Qué sería de un partido de fútbol sin la gente sobre el rival? Algo positivo tenía que tener jugar en tu campo y eso es que la afición es el jugador número doce. Un jugador que no corre por las bandas, que no remata a puerta y que no evita los goles, pero que empuja a su equipo con sus ánimos y retrae a los rivales tratando de molestarlos. Si esto no fuera así, el fútbol perdería a más de la mitad de su público. Y si han jugado alguna vez algún partido oficial sin público se habrán dado cuenta de lo difícil que es jugar así.
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