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Etiquetas:   El arte de la guerra   -   Sección:   Opinión

Un cabrón es

Santi Benítez
Santi Benítez
lunes, 6 de marzo de 2006, 01:11 h (CET)
Creo que estaba jugando con esas piezas de construcción hechas en madera. Mi padre intentaba ver un partido de football en televisión. Jugaba el Madrid con algún otro equipo europeo. La recepción era bastante mala desde hacía días. Y ante las quejas de los inquilinos, el dueño del edificio había enviado un técnico que hurgaba en la antena encaramado en la azotea. Lo que sí recuerdo perfectamente es que mi hermano dormitaba en el sillón del salón –aún hoy día aprovecha la más mínima para dormirse en la flor de un berro– y que mi padre se removía impotente en la butaca. En medio de la bruma que era la pantalla el Madrid sacaba un corner que iba justo a la cabeza de Santillana... Y la imagen desapareció por completo. Mi padre levantó los puños al cielo y, voz en grito, soltó un “¡Será cabrón!”. Mi hermano dio un bote en el sillón que casi lo manda al suelo.

Si mi madre hubiese estado en casa le hubiera dado un sopapo por hablar de aquella manera delante de nosotros, y creo que fue consciente de ello porque mientras se mesaba el pelo en un gesto de desesperación contenida, me miró de reojo viéndoselas venir – Papá, ¿Qué es un cabrón? – He de aclarar que, aunque ya contaba con unos nueve o diez años, mi conocimiento del taco era prácticamente nulo. En mi descargo diré que crecí rodeado de mayores que trabajaban con niños, y siendo conscientes de ello hacían uso omiso de esa parte del vocabulario. Cosa meritoria teniendo en cuenta que, junto al inuí, el español es, con diferencia, el idioma más rico en tacos, improperios y giros lingüísticos encaminados a tal fin. Mi padre sentenció “Un cabrón es alguien que viene a joder a los demás subido en una escalera mientras su mujer jode con otro”. Una respuesta que, lógicamente, abrió más incógnitas de las que cerraba, pero no me dio tiempo a plantearlas porque mi padre salió disparado hacia la azotea a explicárselas al técnico.

Tiempo después, en un viaje a Barcelona, caminando por la calle mientras mi madre me agarraba la mano, divisé a un señor que encaramado en una escalera arreglaba un cajetín de cables. Y claro, no se me ocurrió otra cosa que señalar al pobre hombre y empezar a decir “Mira mamá, ¡Un cabrón!”. Los sopapos que tenía que haberse llevado mi padre me los llevé yo, aparte de una buena ristra de insultos que me dedicó el pobre hombre de la escalera mientras mi madre me arrastraba a lo largo de la calle. Si hubiera podido le habría explicado a mi madre que aquello era culpa de la ignorancia que provocan las explicaciones sesgadas.

Un ejemplo de ello es que se nos ha dicho hasta la saciedad que no hay problemas para consumir carne de ave o huevos aún existiendo la gripe aviaria. Sin embargo resulta que han encontrado muerto un gato en Alemania de la dichosa gripe. Que digo yo, ¿No comería el desgraciado felino carne de pollo agripada y se le atragantó? Y si es así, ¿Qué impide que se nos atragante a nosotros? No quiero ser desconfiado pero sino hacen más que repetirnos por activa y por pasiva que no hay ningún problema, ¿Por qué no nos explican a causa de que contrajo la enfermedad el minino?

Vemos en televisión que han encontrado en una cuneta a siete iraquíes muertos, y nos dicen que ha sido la insurgencia iraquí. Pero, ¿Cómo lo saben? ¿Alguien reivindica los asesinatos? ¿Tienen un cartel puesto en el pecho en el que dice “Asesinado por la insurgencia”? La cuestión es que no lo ponemos en duda, no preguntamos más, no exigimos el total de la información, y claro, terminamos pensando que un tipo subido en una escalera es un cabrón, cuando lo más seguro es que sea de telefónica... Y es que la inmensa mayoría de las personas no contrastamos la información que recibimos, ni para bien ni para mal. Para bien porque de esa forma no nos la meterían doblada cada dos por tres, y para mal porque a veces se pone uno a leer artículos en esto de la blogocosa y termina pensando sino será que el autor está encerrado en algún psiquiátrico y, de alguna forma, el muy enfermo ha conseguido agenciarse una conexión a la red.

Lo peor de todo es que esa desidia en contrastar, esa mullida ignorancia del común de los ciudadanos es aprovechada por los demagogos para sacar réditos políticos y pseudo académicos. Tenemos a Pío Moa por un lado que, aprovechando que la mayoría de los españoles han crecido en democracia, y que pocos son los que podrían llevarle la contraria –porque están muertos– suelta eso de que el golpe de Estado del 36 fue a causa del levantamiento popular del 34. A Dios gracias nos quedan los libros de historia para que, a poco que leamos, nos demos cuenta que detrás de Paco el del Ferrol había unos cuantos terratenientes cabreados por la reforma agraria. El pobre Pío no deja de intentar convertirse en historiador, pero la realidad es que nunca dejará de ser un bibliotecario, con todos mis respetos para el gremio, sin muchas luces. Por otro lado tenemos a Zaplana, Acebes y el pobre Mariano con la cantinela de que el PSOE está vendiendo España a trozos. Recuerdo perfectamente que la cosa empezó con Ceuta y Melilla que, al parecer, el Gobierno había vendido a Marruecos (¿...?). Todo ello aderezado en medio de oleadas de inmigrantes que intentaban saltar la verja, bajo mi punto de vista, para cambiar una pobreza por otra. El PP intentó convertir un drama humano en una invasión al más puro estilo de FE/La Falange y sus carteles 'Inmigración = Invasión'. De raza le viene al galgo.

Y ahora nos encontramos con el follón que tienen armado con esos descerebrados de ETA. Que si para que ETA abandone las armas se les ha prometido excarcelar a los asesinos, que si se les ha prometido autodeterminación, que se les ha prometido el oro y el moro. Y de lo que estos no se han dado cuenta es que la memoria es muy puñetera, sobre todo si está recogida en hemerotecas. Me explico. Érase una vez...

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Y lo mismo puedo poner sobre Losantos, que hoy día echa espuma por la boca pero en su momento era mucho más que cariñoso con eso de que el PP negociara con la banda asesina, cosa que todavía no está haciendo el PSOE, pero si hizo el PP en su momento.

Al fin y al cabo, niños y niñas, un cabrón sólo es el macho de la cabra y, desde luego, no se sube a escaleras a arreglar la antena de nadie.

Buenas noches, y buena suerte...

Suena de fondo “What a difference a day made”, de Jamie Cullum.

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