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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La República, nunca jamás

Pepe López
Redacción
domingo, 5 de marzo de 2006, 05:32 h (CET)
A mis años estoy convencido de que nunca me voy a sorprender de nada. No hace cuarenta años ¿quién iba a pensar que en España íbamos a admitir el divorcio libre, o que iban a abortar 85.000 mujeres en un año por vía criminal, o el “matrimonio” entre homosexuales, o el exterminio de los embriones humanos con el señuelo de que sirve para curar enfermedades?

Y ¿quién, a estas alturas del siglo XXI, se iba a imaginar que la Nación española se iba a fragmentar en no sé cuantas naciones más y que la lengua española iba a ser arrinconada, perseguida y erradicada por quienes más se han beneficiado de la unidad nacional?

Y ¿quién, al cabo de setenta años de aquella guerra fratricida iba a pensar en que la íbamos a recordar –y cada día con más odio- y que iba a volver aquella lucha crispada entre partidos, absolutamente estéril y en que no hay otra meta y finalidad que asegurarse el poder, olvidándose de los problemas reales y cotidianos del pueblo, que está realmente consternado y asombrado y pendiente de las disparatadas ocurrencias de sus gobernantes?

Por eso no me sorprendo de que un insensato haya incurrido en la disparatada idea de que conmemoremos la implantación de aquella esperpéntica y nefasta República, que empezó con un verdadero golpe de estado que, sin hacer caso alguno de las urnas, y por la sola voluntad de un loco iluminado, Azaña, por aquella absurda y malévola interpretación del voto de “los burgos podridos”, se encaramó al poder y que terminó en una sangrienta guerra civil, provocada precisamente por quienes ni eran demócratas ni republicanos.

Sorprende que se quiera recordar aquella República “de sangre, fuego y lágrimas” y, sobre todo, que se pretenda recordar con una finalidad de reconciliación.

Y que se quiera celebrar con la exhibición en todos los Ayuntamientos de España de la bandera tricolor bajo cuyos colores tantas tropelías se cometieron.

La República fue un triste paréntesis en la vida de España. Ni aportó nada, ni hizo nada positivo, ni creó una sola obra que quede como recuerdo, ni siquiera una Obra social en beneficio de aquel pueblo asqueado y desencantado.

Ni siquiera aportó un espíritu democrático, sino absolutamente totalitario, una imposición a la trágala, una lucha sin cuartel contra los enemigos tradicionales para la izquierda: La Monarquía, el Ejército y la Iglesia.

Bien es cierto que los republicanos no tuvieron que hacer nada para derribar la Monarquía porque los propios monárquicos, los “maricomplejines” de entonces, aconsejaron al Rey que saliera de España “antes de la puesta del sol”.

Del Ejército y de la Iglesia ya se encargó Azaña, que nunca fue demócrata sino un hombre lleno de frustración y rencor, como lo demuestra su actuación en el Gobierno.

Al Ejército lo trituró materialmente con aquellas jubilaciones o retiros anticipados, lo que el Ejército no sólo no se lo agradeció sino que lo tuvo en cuenta el 18 de Julio. Al Ejército lo dejó en cuadro, procurando eliminar, con traslados o retrocesos en el escalafón, a quienes consideraba no adictos a la República.

Con la Iglesia la conducta fué más alevosa: Expulsó a los jesuitas, prohibió la enseñanza a las Ordenes Religiosas.
(Aún recuerdo a mis buenos Hermanos Maristas, disfrazados de seglares, allá en el internado de la “Cultural Lucentina” en que se transformó el Colegio de Nuestra Señora de Araceli..

Claro que la aleve conducta del Gobierno contra la Iglesia rápidamente caló en el populacho y, al mes de implantarse la República, ya empezaron a arder centenares de templos en toda España, con amenazas, al llegar el Frente Popular, de quemar también los Colegios religiosos, de los que tuvimos que salir con toda celeridad para no arder vivos.
Esa fue justamente mi situación el día 19 de Febrero de 1936, cuando Azaña pedía por la radio sosiego y tranquilidad a las masas, absolutamente alocadas y descontroladas.

La República tuvo un origen ilegítimo y un sangriento epílogo.¿Se nos quiere recordar todo esto? La República, nunca jamás.

Y es lamentable que ni los socialistas y comunistas de ahora, ni el pueblo llano y sencillo, que tan fácilmente se deja embaucar por la garrulería charlatana de los políticos, haya aprendido nada de la más reciente historia que muchos españoles hemos vivido.

Y tenemos un Presidente (por cierto no muy ilustrado) que se proclama republicano y que se atreve a decir la sandez de que el Rey es bastante republicano y que resucita a cada momento la memoria de su abuelo fusilado en la guerra, ¡con la cantidad de padres y abuelos torturados y masacrados a mansalva por los “leales a la República”!

Lo más peregrino es que quieran resucitar a la República, precisamente, los que acabaron con ella, que fueron los propios partidos de izquierdas –padres y abuelos de quienes ahora nos gobiernan- que hicieron imposible toda labor de gobierno, que no acataron el resultado de las urnas en Octubre de 1934,y que organizaron huelgas, rebeliones y persecuciones, imponiendo la ley de la selva.

Así no es de extrañar el triste final de Azaña quien creó un monstruo que acabó con él y, lo que es más doloroso, el triste final de aquella República que nos trajo el trágico baño de sangre, que ahora algunos quieren recordar.

La República, nunca jamás.
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