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Etiquetas:   Punto crítico   -   Sección:   Opinión

Delitos al volante: ¿Somos todos criminales?

Raúl Tristán

jueves, 2 de marzo de 2006, 23:24 h (CET)
La carretera sigue cobrándose cada día más vidas, y el director general de la DGT, Pere Navarro, ha propuesto una reforma del Código Penal para que se considere delito el conducir con un exceso de alcohol de 1 gramo por litro de sangre y el superar en 60 kilómetros el límite de velocidad permitido en una vía dada.

Estas propuestas, lo que nos vienen a decir es que, lo que eran hasta ahora acciones irresponsables que implicaban una sanción administrativa, con consecuencias económicas y/o de retirada del permiso de conducir, tengan como castigo, en un hipotético futuro, una pena de privación de libertad.

Cuando los ciudadanos, que nos hallamos atemorizados por el terrible drama de los accidentes de circulación, realizamos una lectura superficial de las propuestas, lo hacemos sin lograr impedir que una sonrisa se dibuje en nuestro rostro, una sonrisa que nace de la desesperación que nos causa la impotencia con la que cada día nos enfrentamos a los miles de asesinos que ruedan sin control por nuestras carreteras o vías urbanas.

Confieso que esa ha sido mi primera impresión, favorable pues a las reformas solicitadas, mas luego me han asaltado ciertas dudas que me han hecho caer en la indecisión.

Esto ha sido así porque debemos reflexionar respecto a una serie de factores que confluyen en este asunto, aportando cada uno de ellos un diferente matiz, y que provocan que la balanza se incline hacia uno u otro lado.

Bien, comencemos siendo sinceros: con el actual sistema sancionador, acaban pagando sus crímenes los de siempre, es decir, aquellos que no disponen de medios económicos suficientes como para poder afrontar una defensa judicial adecuada (ya sabemos los otros donde están. Sí, ciertos asesinos al volante famosos. En la calle, tocando palmas y bailando, y riéndose en la cara de las víctimas, los muy canallas, por no llamarlos de forma más injuriosa, no por respeto a ellos, sino por no ensuciar con exabruptos esta hoja en blanco). Ellos, y los chulescos de los coches de lujo, como los macarras de medio pelo y especies e similar calaña, son los que nunca pagan por los desmanes que provocan.

Como he dicho, los unos porque pueden pagarse buenos letrados, o porque conducen sus choferes y no ellos, o porque tienen la billetera repleta de sucios billetes de a quinientos, fruto de sus especulaciones, trapicheos, oscuros negocios y tejemanejes varios; los otros, porque las leyes no son para ellos, porque se las saltan todas, porque tienen barra libre en el mundo, y más en la comisaría de su barrio, no digamos en el juzgado, si es que llegan a pisarlo.

Lo que quiero decir es que, al potentado, se la trae al pairo acabar pagando unos cientos o miles de euros que para él no son sino calderilla, moneda suelta y, al macarra, ídem, porque nunca pagará, y seguirá haciendo lo que le venga en gana.

En otros países de nuestro europeo entorno, más civilizados que el nuestro, no se fija una cuantía concreta o de rango para las multas, sino que ésta se determina en base a los ingresos y a las propiedades poseídas por el infractor: tanto tienes, tanto pagas. Esta sería una reforma que considero primordial en nuestro sistema sancionador, y bastante efectiva además, pero que parece no ser del agrado de nuestros legisladores.

Otra de las reflexiones que debemos hacernos es al respecto de la presunción de inocencia.

El hecho de ir con exceso de velocidad por una determinada vía, no debe conllevar aparejada la consideración de conducta delictiva de forma inmediata, instantánea, sino que deben considerarse una infinidad de circunstancias presentes en el contexto, que pueden modificar de forma considerable la percepción que se deba tener de la infracción. No es lo mismo superar en 60 km/h la velocidad máxima permitida en una autovía vacía (lo que nos daría una velocidad de 180 km/h) o por un cinturón de ronda urbano por el que no circula nadie (sería hacerlo a 110 km/h), que avanzar como un cruce entre Panzer y Harrier por el centro de una ciudad, repleto éste de comercios y gentes y circulación, a esos mismos 110 km/h.

¡Ojo!, mucho cuidado con la vulneración del derecho a la presunción e inocencia.

También debemos tener presente algo que muchos olvidan. ¿Es igual de valorable circular a 120 km/h con un Mercedes Clase S con motor V6 que con un Seat Ibiza?. O también: ¿si en autovía/autopista la velocidad máxima permitida es de 120 km/h, por qué se permite la comercialización de vehículos que superan los 200 km/h?, ¿por qué no se penaliza a los fabricantes o se les impide crear automóviles-bala?.

Otra reflexión: ¿debemos encarcelar al director de la DGT, cada vez que los dispositivos de la misma fallen y nos dejen tirados en medio de una nevada?, ¿encarcelaremos al ministro del ramo correspondiente cuando suframos un accidente a consecuencia del mal estado del firme en una carretera, o por una señalización viaria inadecuada, insuficiente?.

En un cinturón de ronda, con todos sus carriles vacíos, circular a 50 km/h es un crimen, hacerlo a 120 km/h también. A mayor velocidad de los 50 km/h permitidos cuando hay densidad de tráfico también... Hay que ceñirse al contexto, las generalizaciones constituyen siempre un error perceptivo muy grave, discriminatorio, prevaricatorio.

Señores del Congreso, antes de aprobar o rechazar la propuesta de la DGT, por favor, estudien bien todas las posibilidades, no quisiera verme en la cárcel por circular a 80 o 90 km/h por una ronda vacía a las tres de la madrugada cuando, gente más farruca ha asesinado a inocentes y corretea libre por las calles...

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