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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

El mundo árabe rechaza la democracia a lo norteamericano

Marianna Béleñkaya
Redacción
jueves, 2 de marzo de 2006, 23:26 h (CET)
La secretaria de Estado Condoleezza Rice regresó a Washington tras haber realizado una de sus giras más desafortunadas por Oriente Próximo: no logró cumplir ninguna de las tareas que tenía prervistas.

En total, según la propia Rice, en vísperas de su partida para Egipto, Arabia Saudí y los Emiratos Arabes Unidos, había de cumplir tres misiones. La primera: persuadir a los países árabes de lo necesario de renunciar a la cooperación, incluida la financiera, con el Movimiento Islámico (HAMAS) que ganó las elecciones parlamentarias palestinas. La segunda consistía en llamar a los árabes a recrudecer la presión a Teherán, y la tercera, propiciar las transformaciones democráticas en Oriente Próximo.

¿Por qué sufrieron fracaso estos designios?

El apoyo de la resistencia palestina personificada hoy por el HAMAS, siempre era instrumento de los gobernantes árabes de ejercer influencia sobre sus respectivos pueblos. El problema palestino ayudaba a distraer la población de los problemas domésticos: desempleo, inflación, falta de las libertades, etc., habiendo movilizado al pueblo frente al enemigo común y paralizado su posibilidad de intervenir contra los regímenes propios. Pues ¿podrán, acaso, hoy las cúpulas árabes hacer traición a la idea de la lucha palestina: su único enlace con “la calle” propia, y ponerse al lado de EE UU e Israel?

Por motivos análogos las élites gobernantes árabes se cuidan de presionar a Teherán con que hoy simpatiza la población de Oriente Proximo, considerándolo como luchador contra Norteamérica.

En cuanto a la ampliación de la democracia en el área, no cabe duda que en Oriente Próximo existen las fuerzas liberales partidarias de las reformas. Podía parecer que estas fuerzas, precisamente, fueran aliadas evidentes de Washington. Pero nada de eso. Surge la pregunta: ¿habrá hecho Washington, estos últimos tiempos, algo capaz de atraer a su lado las simpatías de la sociedad árabe? Por esta razón, verbigracia, la agencia Reuter menciona lo dicho por los liberales sauditas de que “sus contactos públicos con la administración proisraelí de George Bush podrían devenir “beso de la muerte” para las fuerzas reformadoras”.

¿De qué democracia habla usted: de la implantada en Iraq donde no se calman explosiones, de la democracia acompañada de las torturas?- preguntaban a Rice los periodistas árabes que no recibieron respuesta a sus interrogantes. La secretaria de Estado las pasaba en silencio o respondía con frases estereotipadas. La transmisión de sus ruedas de prensa por los TV canales árabes se alteraba con los comunicados sobre las nuevas explosiones en Iraq.

Quizá, el Líbano –que surgió inesperadamente en la agenda de la gira de Rice- resultó el único país en que las palabras de la secretaria de Estado sobre la democracia y la libertad fueron percibidas por una parte de la élite política y la sociedad. Pero allí existe una situación especial; este país se halla escindido en lo político, y una de las fuerzas no hace más que utilizar las consignas democráticas en su lucha por el poder. A propósito, esto significa que Occidente, apoyando una parte de la sociedad libanesa contra la otra, empuja el país a la confrontación interna.

Es posible que los políticos norteamericanos tengan que comprender que hasta ahora todos sus intentos de democratizar Oriente Proximo conducían a los resultados inesperados, ante todo, para EE UU. Como resultado de las elecciones democráticas, en el territorio palestino, Egipto e Iraq se fortalecieron las posiciones de los islamistas. Según todas las evidencias, ellos precisamente constituyen la única fuerza que en Oriente Próximo podrá obtener hoy el apoyo de la población. Procede señalar que los islamistas figuran entre los partidarios más acérrimos de las reformas políticas en el área, pero esas reformas no serían de agrado para Washington.

De ahí surge la pregunta: ¿si se da cuenta el presidente Bush, hablando del apoyo de las revoluciones de color, cuál podría ser su resultado para Oriente Próximo y para EE UU? Las nuevas revoluciones podrán tener el color rojo de la sangre que será vertida como resultado de las guerras civiles y atentados terroristas, o el color verde, él del Islam. O bien, ambos colores simultáneamente. ¿Corresponderá ello a los intereses nacionales de EE UU mencionados por George Bush al intervenir ante los miembros de la influyente organización de veteranos “Legión Americana”? “La libertad está avanzado en todo el mundo, y no nos tranquilizaremos hasta que la promesa de la libertad no se haya extendido a los pueblos de todo el orbe. Esto responde a nuestros intereses nacionales”, dijo.

Indudablemente, la libertad es uno de los valores fundamentales del hombre. Pero no el único. ¿Hará falta la libertad que tome cariz de caos sangriento? Posiblemente, muchos habitantes de Oriente Proximo interpreten su libertad como libertad frente a EE UU. ¿Será de agrado tal enfoque para Washington?

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Marianna Béleñkaya es analista de RIA Nóvosti.

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