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Etiquetas:   Crítica de televisión   -   Sección:   Televisión y Medios

La audiencia tiene la última palabra

Almudena Zazo
Redacción
sábado, 15 de julio de 2006, 02:58 h (CET)
La repentina desaparición de Cantas ¿o que?, apenas dos semanas en antena, de la parrilla de Antena 3 no ha hecho mas que poner en evidencia la falta de capacidad de la cadena privada para crear reality shows que conecten con el público y que hagan olvidar los continuos fracasos de la cadena en ese ámbito.

La telerrealidad siempre ha sido uno de los puntos flacos en la parrilla de Antena 3, seguidora de los pasos de la reina del formato, Telecinco, sus intentos han terminado en grandes fracasos o imitaciones sin sustancia ni excesivo éxito.

Si el recorrido de El Bus, respuesta a la primeras ediciones de Gran Hermano llegó a su destino final, la cantidad de personas que siguió el espacio fue considerablemente inferior del esperado y del share obtenido por su predecesor.

Pero este fue solo el comienzo, intentando volver al ruedo la privada obtiene los derechos de un programa que comenzó a emitirse en Telecinco, Supervivientes, adaptándolo e incluyendo un extra en elemento morbo: famosos.

Aparece en este momento una nueva ramificación de los realitys: los realitys de famosos, cuya idea original si procede de Antena 3 y es finalmente adoptada con éxito por Telecinco como demuestran Hotel Glam, Gran Hermano Vip o el recién estrenado Esta cocina es un infierno.

Lo curioso de este tipo de programas es la elección de los concursantes: famosos de segunda y con dos perfiles básicos, por un lado famosillos de nueva hornada y por el otro olvidados seres populares que necesitan un nuevo empujón sino a sus carreras a sus carteras.

Si fusionamos dos formatos de éxito la ecuación debería resultar redonda. Por un lado el archifamoso Operación triunfo y por otro el inacabable Mira quien baila (cuya tercera edición en solo dos semanas ya ronda el 30 % de share los lunes noche) abalan un formato de este tipo. Sin embargo la apuesta de Antena 3, una vez mas a lo largo de su historia ha resultado un fracaso.

Las razones por las que no triunfa un programa casi calcado a otro que en ese mismo instante arrasa en audiencia no son tan incomprensibles (al fin y al cabo Paula Vazquez es una Anne Igartiburu de andar por casa). La audiencia pocas veces perdona aquello que considera plagio, incluso si el supuesto plagio es de mayor calidad que el original (no es el caso) por lo que lógicamente rechaza de forma automática a este y simpatiza con el otro.

Por otro lado ninguna cadena nacional sabe rentabilizar tan bien y sacar tanto partido a sus programas de este tipo como Telecinco. Su estrategia, sencilla y eficaz es prácticamente infalible, pero poco usada por el resto de cadenas. El bombardeo de publicidad e imágenes de los programas de telerrealidad que controlan en cada momento es contra todo pronostico beneficioso para la cadena.

Lo que no resulta tan lógico a simple vista es porque una privada como Antena 3 sigue arriesgando con apuestas como esta. No obstante es importante y revelador saber que un concurso de este tipo conducido por los cauces correctos es una perita en dulce para cualquier poseedor de los derechos. No solo es un formato barato en comparación con otros sino que los gastos se ven rápidamente reparados con el envío masivo de mensajes con el fin de salvar a nuestro favorito o de expulsar, casi castigar a su contrario y en algunos y rentables casos con la venta de merchandising oficial del programa.

A su vez la propia cadena se encuentra con un filón de explotación casi inagotable para el resto de su programación, llenando huecos de parrilla o inflando programas ya existentes con contenidos del reality. Esto obliga a los seguidores del concurso a buscar toda la información posible fuera de él y a los espectadores de otro tipo de programas a familiarizarse con el contenido del primero hasta convertirles en algo más que publico potencial, abasteciéndose los unos de los otros y creando un enorme entramado de vasos comunicantes entre espacios de la misma cadena.

Quizá la audiencia no siempre tenga tanta razón como Mercedes Milá pretende pero en este pero en este y otros casos anteriores, dos semanas han servidor para decidir la suerte de un programa.

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