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Dejémoslo claro: los buenos defienden la unidad de España

Nadie que pretenda otros fines o intente conducirla al desastre final, está legitimado para mantenerse o pertenecer al Gobierno de la nación o de sus autonomías
Miguel Massanet
lunes, 5 de noviembre de 2018, 08:13 h (CET)

Es posible que, en España. se esté produciendo una confusión tal que llegue un momento en el que los roles de cada partido político, de cada comunidad de ciudadanos o de las diversas tendencias ideológicas que están representadas en el panorama del pensamiento político en nuestra nación, se enmarañen, se entremezclen o induzcan a confusión debido a que, cada uno de los distintos grupos que, en la actualidad, se están disputando hacerse con el poder, los que ya lo han conseguido pero sin haber sido tamizados por la fuerza de las urnas; los que desearían que el caos se extendiera por toda la nación, porque saben que donde haya miseria, pobreza o indigencia es terreno abonado para conseguir adictos para su partido y, también, aquellos otros que, sabedores de que están actuando en falso, sin el respaldo de la democracia, las leyes la Constitución o la mayoría del pueblo español, pretenden utilizar en su favor conceptos como el de democracia que, sin embargo, son su propio talón de Aquiles, ya que ellos pertenecen a un país democrático, donde existen las libertades individuales y colectivas y donde, precisamente, el mero intento de pretender desobedecer aquellas leyes que todos nos dimos, de asumir unas facultades que nadie les ha otorgado o de utilizar unos métodos que, dada su condición de funcionarios públicos o de gobernantes de autonomías que tienen poderes derivados de la misma Constitución de 1978, ya hace que todo aquellos que intentan desobedecerla, contraviniendo, inculcando u oponiéndose a la legalidad vigente para toda la nación española, en lugar de constituir un acto democrático, se convierte en un delito, un grave delito de traición, de desobediencia, de desafección y de deslealtad a la patria común que, sin duda alguna es España. Son los culpables de intentar desestabilizar al país y, como tales, deben ser juzgados y castigados como mandan las leyes.


Precisamente, es este desbarajuste de ideas, sentimientos, opiniones, fanatismos, engaños y una gran dosis de ignorancia que existe en muchos ciudadanos lo que, fácilmente, puede contribuir a inducirlos a adoptar actitudes hostiles a las leyes, cuando se les hace creer que han sido dictadas para perjudicar sus intereses o que, con ellas, se ha intentado engañarles con la intención de beneficiar al resto de comunidades aunque, evidentemente, lo que ha sucedido es que, una serie de gobiernos incapaces de tomar las medidas adecuadas, han estado permitiendo la gradual degradación de la autoridad y fomentando, con su pasividad, que ideas que nunca debieron de permitirse que cuajaran en la ciudadanía, hayan conseguido imponerse y, manipuladas arteramente por aquellos interesados en arrimar el ascua a la sardina soberanista en favor del secesionismo, en el caso que nos ocupa, catalán; hayan llegado a crear un ambiente tal de rechazo a la idea de España, que está poniendo en cuestión el hecho de que nuestra nación sea una e indivisible.


Conviene que evitemos lo que nos dice aquel conocido refrán que nos dice que hay ocasiones en las que “los árboles no te dejan ver el bosque”. Es obvio que todos aquellos que intentan, aprovechando las actuales circunstancias de debilidad de un gobierno que, como es el socialista de Pedro Sánchez, se encuentra en una situación de extrema debilidad, acosado por sus propios errores, castigado por las promesas que tuvo que hacer para conseguir apoyos para la moción de censura contra Rajoy y, capitisdisminuido por su posición minoritaria en el Congreso y en el Senado que le obliga a buscar socios que, en ocasiones, no parecen estar dispuestos a seguirles en sus aventuras y, en otras, ponen tan alto el precio para conceder su apoyo que, ni un gobierno tan atrabiliario como el actual ejecutivo socialista se atrevería a pagarlo, sabedor que todo el resto del país se lo reprocharía.


Es algo conocido que, en toda esta campaña contra la derecha española, a la que siempre se la ha acusado de mantener una actitud firme en cuanto a lo que ha sido la etapa en la que se ha tenido que afrontar la crisis que soportó medio mundo a partir del año 2007, una actitud que tuvo que adaptarse a las exigencias de la CE para evitar que nuestra nación tuviera que ser intervenida, como lo fue Grecia, para poder superar una situación económica, heredara de los gobiernos de Rodríguez Zapatero, que amenazaba con la declaración de quiebra soberana; principió cuando España, bajo el gobierno del PP, empezó a dar claras señales de entrar en recuperación, con una notable reacción de las industrias, las exportaciones, el consumo y, finalmente, el empleo, que empezó a recuperarse a pasos agigantados. Los comunistas de Podemos, siguiendo las viejas tácticas del comunismo internacional y con la puesta en marcha de una propaganda intensiva, en la que se ponía el dedo sobre aquellos puntos en los que más se podría perjudicar al gobierno como fue el caso del gran desempleo ( sin tener en cuenta que las medidas adoptadas para reducirlo ya estaban empezando a dar resultados); las viejas quejas de las mujeres respecto a la diferencias salariales con los hombres; la explotación de los casos de corrupción del PP; los temas de falta de viviendas para los menos favorecidos por la fortuna, la defensa a ultranza de los derechos de homosexuales y lesbianas etc. Todo ello redondeado con un apoyo, que al principio fue matizado, a las aspiraciones independentistas catalanas y que, con el paso del tiempo, se ha hecho incondicional siguiendo la vieja táctica comunista de apoyar a quienes atacan al gobierno, sabiendo que, en caso de que consiguieran sus objetivos, los primeros beneficiados de la situación que se produciría entonces, serían ellos.


Los separatistas, por su parte, han intentado en todo momento magnificar lo que fue una consulta ilegal ( 1.O), falsamente cuantificando en 2 millones los que dicen que votaron ( algo inexacto ya que no hubo control de los votantes ni interventores, ni mesas electorales legalmente constituidas; sin perder de vista que hubo urnas que ya estaban llenas antes de empezar la votación y otras que se derramaron durante su transporte, sin que nadie controlara, se entiende con autoridad para hacerlo, lo que ocurrió con ellas).


Han intentado convertir lo que fue una demostración de insumisión y rebelión contra el Estado en lo que hubiera sido en una dictadura una insurrección contra la tiranía cuando, en esta nación, la democracia está consolidada en toda su amplitud, abarcando a los tres poderes del Estado: ejecutivo, legislativo y judicial. Sólo la propaganda de sujetos como Puigdemont (un cobarde que huyó para no responder de sus delitos ante los tribunales españoles) que, incomprensiblemente ha encontrado asilo en Bélgica (un lugar donde es evidente que la Justicia se escribe con letras minúsculas y donde la insurrección representada por flamencos y francófonos, lleva años manteniendo al país al borde de la ruptura) que se da la gran vida con un grupo que le hacen la corte, viviendo a expensas de los catalanes y pretendiendo constituir una república catalana en el exilio, para garantizarse una buena vida, sin peligro de pisar los calabozos de las cárceles españolas. Desde allí no les importa lanzar cuantos improperios, maldades, embustes y diatribas contra España, su gobierno , las instituciones y los propios ciudadanos españoles, como si los que hubieran infringido las leyes fueran los que los persiguen y ellos los que han sido los ofendidos.


Es preciso, señores, que dejemos de andarnos con medias verdades, con excusas de mal pagador, de intentar buscarles disculpas a aquellos que no son más que presuntos delincuentes contra la nación y la patria española. Resulta repugnante escuchar por algunas partes a aquellos que pretenden que, con diálogos, se puede contentar a los que se han erigido en jueces del resto de España, atribuyéndose ser poseedores de la verdad cuando, en realidad, sólo han estado intentando poner a prueba la fortaleza del Estado, del Estado de derecho español y, si nos descuidamos, hemos estado a punto de que hayan logrado salirse con la suya sólo porque, en este gobierno socialista que nos dirige, hay quienes se mueven impulsados por la ambición, el rencor, la inconsciencia y los delirios de grandeza sin darse cuenta de que, otras fuerzas en las que ha confiado, se están moviendo con habilidad para aprovechar la más mínima ocasión para dar su particular golpe de Estado que les permita instalar su dictadura, a semejanza de la que su protector y mecenas tiene establecida en Venezuela.


Sí, señores, hay que poner las cosas en su sitio, porque ya no caben medias tintas ante lo que le está sucediendo a España. Se están produciendo muchos hechos, lo que ha sucedido en Alzazua el día de hoy, en el que una pacífica manifestación convocada por Ciudadanos, ha sido atacada, apedreada, entorpecida y amenazada por los abertzales de siempre que siguen tan peligrosos como siempre a pesar de que ETA fue derrotada; pero lo que es cierto es que, dentro del pueblo vasco, todavía no se han enterado de que aquella ya no existe y sus poblaciones siguen manteniendo los mismos criterios que ETA y luego BILDU han sostenido desde siempre. Y un detalle significativo: las campanas de la iglesia del pueblo sonaron, no para tocar a difuntos o llamar a misa, lo hicieron para intentar impedir que los discursos de los que participaban en la manifestación de Alzazua. Clérigos de la misma relea de los asesinos a los que amparaba (¿cristianamente?) el obispo Setién, que escondía a los verdugos etarras de la policía que los perseguían.


Durante la Guerra Civil también muchos clérigos vascos estuvieron al lado de aquellos que, en Barcelona, Madrid y Valencia asesinaron a miles de católicos, clérigos, obispos y cardenales del mismo clero al que pertenecían. No sé qué es lo que esperarán de los comunistas aberzales o de los que vinieron de Venezuela financiados por Maduro; pero, tanto los curas catalanes que apoyan la insurrección, olvidándose de que Jesucristo nunca apoyaría semejante rebelión contra el Estado como no la apoyó a los que querían convertirlo en un líder para ir en contra del Emperador romano, como los clérigos vascos, que se olvidan de la doctrina de la Iglesia para tomar partido con los revolucionarios, deberán recordar lo que sucedió cuando los comunistas tomaron el poder o los anarquistas convirtieron las calles de Barcelona en una caza de frailes y monjas.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, pensamos que ha llegado el momento en el que, todos los españoles, deben saber distinguir con claridad, a aquellos que son los que cumplen con sus obligaciones, que defienden el Estado de Derecho, que se rigen por las normas constitucionales, que protegen sus libertades y que no quieren ser esclavizados por quienes piensan que desobedeciendo las leyes, incumpliendo sus deberes como ciudadanos o pretendiendo crear distinciones entre aquellos que piensan como ellos y el resto que prefieren mantener su compromiso con una sociedad democrática, libre, sin miedos ni presiones y bajo la dirección de un gobierno capaz de conducir a la nación española hacia una época de prosperidad, seguridad, sosiego y libertad, integrada dentro de la CE, van a conseguir sus propósitos espurios. Todo lo demás sólo tiene un destino, que no quisiéramos que se llegara a materializar: el de la disgregación de la nación española y su sometimiento a la tiranía comunista, de manos de aquellos que vinieron a España con la misión de convertirla en clon de Venezuela. Aquí, señores, están los buenos, los españoles de verdad y los partidarios la paz y, el resto, no son más que una pandilla de traidores a los que es preciso apartar de sus puestos en la sociedad si queremos que, España, vuelva a ser el país próspero y seguro que, en sus tiempos, fue.

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